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sábado, 20 de septiembre de 2008
Crítica:LIBROS | Escaparate

Violencia estructural

La providencia del juez Baltasar Garzón ha conectado con un hondo movimiento social y de opinión, y dado lugar a una intensa controversia. Este periódico se ha hecho eco de numerosas manifestaciones de apoyo, más o menos crítico, a su iniciativa. En otros han dominado las de índole negativa. Se detecta una gran incomunicación o incomprensión entre los participantes. Quizá pudieran recortarse, al menos en términos de lógica y de conocimiento, tal vez menos en el ámbito ideológico, de tener en cuenta una obra muy reciente que pone el punto sobre las íes en relación con el fenómeno subyacente de la violencia, republicana o franquista.

Se trata de una síntesis -magnífica- de un joven historiador, doctor por el Instituto Universitario Europeo de Florencia, conocido entre los especialistas por sus estudios sobre los campos de concentración franquistas. De su lectura, y no requiere más de tres horas, las clases política, judicial, eclesial y periodística podrían extraer numerosas informaciones.

Hasta la raíz. Violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista

Javier Rodrigo

Alianza. Madrid, 2008

256 páginas. 18 euros

Sobre la violencia en la guerra y larga posguerra se ha investigado y escrito mucho. Para una y otra siguen siendo válidos los títulos coordinados por Santos Juliá o Julián Casanova, respectivamente, con aportaciones propias o de autores consagrados como Francisco Espinosa, Conxita Mir, Francisco Moreno, Josep Maria Solé y Joan Villarroya. Pero los progresos hechos desde su aparición, la investigación no se ha detenido nunca, hacían imprescindible una puesta a punto.

La presente se distingue en particular por la muy lograda combinación de evidencia empírica y planteamientos teóricos. Rodrigo es de quienes creen que escribir historia sin basamento teórico conduce a ejercicios meramente descriptivos, pero también que teorizar sin él equivale poco menos que a escribir en el vacío. Lo mismo ha dicho Barnett al referirse a los horrores del estalinismo. De aquí que la bibliografía abarque casi 400 títulos: 120 sobre la República, guerra y dictadura; más de 140 sobre violencia; 32 sobre cárceles y los campos de concentración y de trabajos forzosos; 23 sobre memoria(s) de la guerra, y el resto, sobre violencias, fascismos y memorias colectivas. Un acopio realmente impresionante.

El resultado queda a mil leguas de esos remedos de juegos de pimpón en que los participantes se arrojan cifras en lugar de pelotas: unos mataron 30.000 y otros 80.000; ¡no!, los primeros liquidaron a 45.000, los segundos, a 53.000. No es que Rodrigo ignore las cifras y los denodados esfuerzos por estimar y cuantificar el número de asesinados y desaparecidos. Tampoco ignora un cierto paralelismo en los usos funcionales de la violencia en ambas zonas para garantizar el ejercicio del poder o para controlar, intimidar y reducir a la sumisión a las poblaciones. Pero, con toda razón, destaca las profundísimas asimetrías que caracterizan lo que ocurrió en una y otra. Asimetrías que se revelan en el origen de la violencia, en las formas de su puesta en práctica, en sus aspectos sociológicos y cualitativos, y en su extensión territorial, temporal y cuantitativa. No hay la menor equivalencia posible entre la zona republicana y la franquista. En esta última se mató premeditadamente, más y más deprisa, y, a medida que pasaba el tiempo, "mejor". En ella se estableció el más denso sistema concentracionario de la Europa meridional, se explotó económicamente a los presos sin el menor pudor y se garantizaron manos libres a la venganza con el mantenimiento del estado de guerra hasta 1948, sustituido por formas menos rotundas pero no menos eficaces. La violencia contra los vencidos, la "anti-España", se prolongó durante largos años. Tuvo carácter estructural y fue una excelente inversión para sostener la dictadura. Al fin y al cabo, se trataba, según un párroco ovetense, de hacer la guerra "contra ellos, hasta que no quede ni la última raíz".

El cardenal primado ha afirmado que "la verdad no puede asustarnos ni la podemos, ni debemos, ocultar; (...) pertenece a nuestra memoria y a nuestra identidad; (...) ha de ser asumida y también superada..." (www.architoledo.org). Estoy de acuerdo. La estupenda síntesis de Rodrigo muestra lo mucho que se sabe sobre lo ocurrido. También sobre las responsabilidades insertas en unas oleadas de violencia que nunca fueron similares y sobre el papel de la traumatizada Iglesia como actor político, testigo y exculpador de desaguisados. Se comprende que, con 7.000 miembros del clero regular y secular asesinados, no tuviera simpatía hacia los republicanos. Pero ¿qué ha dicho de la mayor violencia contra los vencidos que condonó durante tantos años? No le faltaba razón a Manuel de Irujo cuando afirmó que la Iglesia figuraría como mártir en una zona y como parte, a manera de segundona, de los piquetes en la otra. Para sucesivas aclaraciones, quedamos a la espera de la exploración de José Luis Ledesma sobre la violencia republicana.

El príncipe del Renacimiento.

Vida y leyenda de César Borgia

José Catalán Deus

Barcelona. Debate, 2008

624 páginas. 26,90 euros

Biografía. ¡Otra biografía de César Borgia! Tenemos, sin contar con las que figuran insertas dentro de otros estudios más generales sobre la familia o con aquellas dedicadas a su tríada más famosa (Rodrigo, o sea, el papa Alejandro VI, César y Lucrecia), un buen ramillete de solventes biografías del personaje, debidas a historiadores italianos, franceses, ingleses o alemanes, todos prestigiosos especialistas en la materia y profundos conocedores de la Europa del Renacimiento. Y, entre nosotros, Miquel Batllori nos dejó muy sabias páginas sobre su figura y las de sus allegados. Sin embargo, hay que pensar enseguida en la constante fascinación que el duque Valentino ha ejercido a través de los tiempos. Así se desveló ante el espíritu de Maquiavelo, que lo consideró como modelo de los príncipes del momento, o así lo hizo también ante Jacob Burckhardt, para quien pudo ser el verdadero prototipo del hombre renacentista. En cualquier caso, ¿quién se resiste a esta personalidad que pasa por la historia como una centella, como una estrella fugaz que ilumina el cielo durante una década y se apaga entrecruzando las chispas de su espada con las armas de veinte enemigos en el campo de batalla en torno a la Viana de Navarra? José Catalán ha reconstruido la vida de César Borgia (como ya lo había hecho con la de Alejandro VI) en casi seiscientas páginas de una amena narración, avalada por el rigor histórico, por una acertada elección de los autores que le sirven de fuente y por una bella escritura, de estilo pulido y vigoroso a un tiempo. En ese espacio se desparraman los misterios, las aventuras y las leyendas en torno a la andadura vital de este hombre atractivo y valiente, culto e inteligente, mecenas de Leonardo y ejemplo para Maquiavelo, cardenal reconvertido en condottiero, maestro de la intriga pero traicionado a su vez por el papa Julio II, Fernando el Católico y Luis XII de Francia. En suma, el lector puede sumergirse en un mundo apasionante que fue real, porque el autor no nos ofrece ninguna novela, ninguna ficción al uso, sino un libro de historia, que trata con sutileza crítica temas tan proclives a la fabulación fraudulenta como el de su nacimiento como posible fruto de los amores del futuro papa Alejandro VI o el del destino de sus restos mortales. Y que además se propone la reivindicación de un hombre de su época, quizás mejor que la actual. Como acertadamente señala el autor, la comparación entre los condottieri italianos del Renacimiento y los mercenarios empleados por el Gobierno estadounidense en guerras como la de Irak no se salda precisamente a favor de las prácticas de hoy, mucho más cínicas, desvergonzadas y brutales que las de aquellos tiempos. Carlos Martínez Shaw

Oráculos griegos

David Hernández de la Fuente

Alianza. Madrid, 2008

272 páginas. 7,50 euros

Ensayo. David H. de la Fuente, además de profesor universitario y estudioso de la Antigüedad, es uno de los más vigorosos representantes de la nueva narrativa española, algo de lo cual da fe en su intrincado libro Continental (Kalias, 2007). Por eso no sorprende que esta incursión académica, con su ágil estilo fundamentado en concatenar información de múltiples fuentes y convertir los elementos clásicos del mito en literatura, se lea como un deleitable relato y recuerde a las magníficas clases del historiador de las religiones Mircea Eliade. Oráculos griegos desbroza el significado y esencia del arte del augurio en la Grecia antigua, el cual no sólo vertebró a la cultura griega sino que concentraba la posibilidad de ver el futuro, como principio ético y religioso, y cardinalmente provenía de la presciencia del dios Apolo. La adivinación era el canal de comunicación entre las deidades y los humanos para pactar un hado mejor para el ser humano y sus comunidades políticas. Y no en vano David H. de la Fuente recalca que "la profecía es el motor sobrenatural de los mitos". De ahí que su libro motive al lector a desaparecer de nuestras atosigadas ciudades para buscar algún indicio de revelación en los santuarios oraculares de la Grecia mágica, por más que de su antiguo resplandor quede menguados vestigios y de los augurios vaporosas respuestas, confundidas entre maldiciones, invocaciones y un silencio furtivo. Este estudio no comparativo ayuda a arrojar luz sobre los orígenes de tales prácticas, desvelando un accesible compendio al no iniciado y a la vez fecundo en datos historiográficos, que lo convierten no sólo en una excelente introducción a las disciplinas órficas, sino que permite viajar en el tiempo para reencontrarnos con una fascinante y articulada atemporalidad. Lury Lech

Una carta. (De Lord Philipp

Chandos a Sir Francis Bacon)

Hugo von Hofmannsthal

Prólogo de Claudio Magris

Traducción e introducción de José Muñoz Millanes. Con textos de varios autores

Pre-Textos. Valencia, 2008

288 páginas. 17 euros

Ensayo. Tiene 26 años, ha escrito algunos libros, se proponía empezar a contar el reinado de Enrique VIII y, de pronto, Lord Chandos sólo atina a mandarle una carta a Sir Francis Bacon, el filósofo, para contarle que renuncia a la escritura, que las palabras se le escapan, que ya no encuentra la manera de nombrar el mundo. Una carta, de Von Hofmannsthal, apareció en 1902 y el autor le comentó a un amigo que podía leerla como si fuera suya; si la había situado en un remoto periodo, el isabelino, lo hizo por percibir lo lejano como "estrechamente emparentado". Son sólo unas cuartillas, pero entran con tal hondura en ese punto en que todo se fracciona y uno empieza a habitar el vacío, que siguen tan vivas que en este volumen a Lord Chandos le contestan, entre otros, José Luis Pardo. Y le dice: "Todo lo que hemos aprendido, lo que nos fue transferido con el mayor empeño y la más extremada disciplina, se ha convertido hoy en un pesado fardo de ilusiones y espejismos...". Otros autores son José Luis Pardo, Stefan Hertsmans, Clément Rosset, Esperanza López Parada, Hugo Mújica, Abraham Gragera y Juan Navarro Baldeweg. José Andrés Rojo

El mar de todos los muertos

Javier Argüello

Lumen. Barcelona, 2008

256 páginas. 19,90 euros

Narrativa. En 2002 Javier Argüello (Buenos Aires, 1972) publicó Siete cuentos imposibles (Lumen), en donde el lector encontrará claves para entender su primera novela, El mar de todos los muertos. Una clave es la línea que divide la realidad de la ficción, asunto muy trabajado en la novelística española de los últimos años. O el de la vigilia y el sueño, como se pudo observar en la última novela de Clara Sánchez, Presentimientos. Pero por serlo, la audaz labor narrativa de Argüello en su novela no deja de tener enorme mérito. El mérito de una depuradísima técnica de composición y el no menor de la densidad espiritual que impregna sus páginas. No resulta fácil resumir el argumento. Un exceso de información quebraría no tanto el misterio de su historia como el misterio de su funcionamiento como maquinaria narrativa. En este misterio se sostiene gran parte de El mar de todos los muertos. En el libro de cuentos que se citó al principio hay uno que se titula 'Volver a verla'. De él se desprenden algunos de los dispositivos de la novela que se comenta. Uno de ellos es el desdoblamiento de personajes. Quien narra en la novela se llama Joaquín, como el escritor que sale de la mente de Ramiro, el protagonista del cuento. La incertidumbre que el lector irá acumulando mientras lee la novela es la misma por la que se mueven sus personajes. Los que viven o lo parecen, los que están muertos o a lo mejor no, los que son personajes de ficción en la ficción que no sabemos hasta el final si es tal. O si todo y todos no son más que las criaturas que el mar en torno al cual pasa lo que se nos cuenta los ha visto y los verá transcurrir infinitamente. En otra pieza de Siete cuentos imposibles, titulada 'Andan' se nos narra las andanzas de unos seres que existen detrás de los agujeros que aguantan un enchufe en la pared. Las realidades subterráneas, imperceptibles; las vidas paralelas que desconocemos en la vida, son territorios recónditos y paralelos, como los que describe el narrador de El Aleph en el célebre cuento de Borges, que también funcionan en la novela de Argüello. El mar de todos los muertos reúne varios géneros. La novela de misterio, la novela de aventuras (en la línea metafísica de Melville), incluso la realista, que es a la postre, a esa realidad prosaica, a la que aspira Joaquín. La ironía que supone ir a una isla no para escribir sino para no hacerlo, ya da idea del atractivo narrativo de nuestro protagonista. Con personajes que se quedarán en la retina de los lectores. Resultado estético encomiable tratándose de seres que se mueven como sombras. Como almas a la deriva en busca de un lugar exacto en la memoria de alguien o en la capacidad de fabulación de un escritor perdido en una isla del Mediterráneo. Argüello ha escrito una novela de gran calado literario. Y en cierta manera ha escrito también una hermosa novela de amor. No en el sentido tradicional de las buenas historias de amor. Sino en el de sensaciones familiares con la gran tradición latina de nuestra literatura. Hablo de Virgilio. Hablo de Eneas bajando a la región de los muertos a rogar el perdón de su amada Dido. Una sensación parecida de espiritualidad verdadera. J.E. Ayala-Dip

Geografía del tiempo

A. G. Porta

Acantilado. Barcelona, 2008

138 páginas. 14 euros

Narrativa. Los personajes y las situaciones de la novela anterior de A. G. Porta (Barcelona, 1954), su obra más extraña y ambiciosa, Concierto del no mundo, se prolongan en este más breve escrito, Geografía del tiempo, de paradójico título (pues, si es posible cartografiar el espacio, ¿cómo hacer lo propio con el tiempo?), que contiene un discurso zigzagueante y metafísico, controlado por una imaginería de ciencia-ficción cuyo protagonista es el cazador de extraterrestres, el poseedor de un arma capaz de reconocerlos tras sus disfraces. El hombre recuerda, sueña o habla interminablemente desde su asiento del Hong Kong Café de manera que recuerda al protagonista de la novela de Bernhard Tala despotricando desde su sillón de orejas. Dos presencias vivas ejercen de contrapunto, una desde la televisión, la presentadora Rosita que puede ser también la niña pianista de la novela anterior, otro es Mac Gregor que ejerce su vigilancia desde la lejanía, que es dudoso que reciba mensajes y que recuerda al interlocutor del protagonista de Braudel por Braudel. Por lo demás, el protagonista está rodeado de un sinfín de cadáveres, únicos habitantes de una ciudad que es todas las ciudades, prolijamente descritos. Al lector se le transmite un tiempo disuelto, un mundo apocalíptico situado en un punto indefinible entre la realidad, el sueño o, simplemente, el cerebro trastornado del narrador. Repeticiones, elipsis e incongruencias narrativas sugieren la anulación de todo transcurrir. La fecha indicada en el inicio ("Jueves, uno de septiembre de 1994") sería el día en que transcurre toda la historia (por cierto, y quizás no por casualidad, como en el Ulises de Joyce). Aunque el mundo descrito sea zigzagueante e indeciso y la narración, no siempre fácil de seguir, sea inferior a otras obras de su autor ello no impide admirar su estilo claro y riguroso y su brillante despliegue formal. Lluís Satorras

Desde fuera

Álvaro Valverde

Tusquets. Barcelona, 2008

180 páginas. 13 euros

Poesía. Se podría ensayar, con los títulos de sus obras, una definición de la poesía de Álvaro Valverde (Plasencia, 1959), hasta llegar a este último libro, Desde fuera, que con claridad confirma el alcance de su mundo: "Mis temas, yo lo veis, / son los residuos, cuanto queda / del paso fugitivo de la vida". Una mirada que observa, a un tiempo, lo de fuera y lo de dentro como ejes de una misma realidad. La cita de César Simón que abre el libro acaba por afirmar que lo esencial "es percatarse del hecho extraordinario de la existencia, como si la viéramos desde fuera", dejando patente el desafío de su escritura. Ajustado a un modo preciso de decir, los poemas ganan distancia para ver de otro modo, abriéndose al perfil del otro y de lo otro, dibujado con más nitidez que nunca, gracias a una mirada doble, experiencias y acontecimientos menos apegados a lo que eran sus lugares comunes. Acaso una lectura concéntrica, pero también enfrentada, nos llevará en este libro de libros, con el tono y la emoción de siempre, hasta un lugar más amplio que desvela la vida de quien observa, desde fuera y con asombro, perplejo y maravillado, aquello que sucede delante de sus ojos: "Vivir es deslizarse, repetiste, / captar nuestra experiencia de soslayo / o verla desde lejos, en lo alto, con la perplejidad del que contempla". La escritura abre otros espacios, y transformada la memoria, la mirada se amplía hacia lo porvenir, interior y exterior juntos: "Cambia el paisaje y todo dentro cambia". Frente a la vida, la sequedad y la muerte: "En realidad, no sé / si vamos al encuentro de la muerte / o si venimos ya de su certeza". Aquí está el trayecto maduro de una vida, y quizás éste sea si no el mejor, el más alto de sus libros. Antonio Ortega

Will Eisner. El espíritu de una vida

Bob Andelman

Traducción de Raúl Sastre

Norma Editorial. Barcelona, 2008

376 páginas. 18 euros

Biografía. Will Eisner (1917-2005) fue el creador de la novela gráfica, un nuevo género literario que, con apariencia de cómic, utiliza con audacia las técnicas narrativas del teatro, el cine y las Bellas Artes. Contrato con Dios (1978), la primera novela gráfica, tuvo una repercusión comercial modesta pero un profundo impacto artístico. El libro terminó en el almacén de las librerías ante la confusión de los libreros que no sabían en qué sección colocarlo. Eisner, que había empezado a trabajar como creador de tiras para los diarios, no se desanimó. Por entonces ya gozaba de prestigio como autor de The Spirit, un justiciero enmascarado cuyas aventuras aparecieron durante los años cuarenta y cuya adaptación cinematográfica, dirigida por Frank Miller (Sin City y 300), está a punto de estrenarse. The Spirit mostraba novedades muy atractivas: ángulos de cámara extraños, un concepto desconocido de la viñeta, un impactante uso de las sombras... Eisner resistió el mal comienzo de Contrato con Dios con la terquedad de un visionario. Acertó. La novela gráfica abrió posibilidades jamás entrevistas al tebeo: revolucionó un medio artístico, expandió sus límites y se convirtió en un soberbio instrumento para expresar una visión del mundo. Los creadores de cómic surgidos tras Eisner son, de una forma u otra, sus herederos. No sólo ellos; cineastas como Spielberg y Tarantino reconocen su influencia. El espíritu de una vida es el libro idóneo para seguir el proceso creativo del artista. Su autor, Bob Andelman, dedicó casi tres años a entrevistar a Eisner y a las personas que se cruzaron en su camino: Bob Kane (Batman), Neil Gaiman (Sandman), Alan Moore y Dave Gibbons (Watchmen), Michael Chabon (Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay), Stan Lee (creador y editor de Marvel Comics)... El espíritu de una vida, reconocida por Eisner como su biografía oficial, incluye una exhaustiva documentación, aunque pasa de puntillas sobre aspectos cruciales de su vida, como la muerte de su hija, sus dudas religiosas o su relación con el dinero. A los 85 años, Eisner seguía trabajando, aunque sólo hasta las cinco, porque su mujer no le permitía continuar hasta más tarde. Murió a los 87. Niria Barrios

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