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Kanka, el mejor cantautor de España, vive en un minipiso

El ganador de un reciente certamen nacional enseña en un colegio religioso

A un paso de la glorieta de Embajadores, en un edificio casi centenario, un joven recién llegado de Málaga coge la guitarrita y se lía a componer. El suyo es un semisótano de 30 metros por el que él y su novia pagan casi 600 euros.

Pero Juan Gómez Canca, no hay más que verlo, es feliz. Lo lleva en la sangre, pero también porque algún vecino de corrala ya se ha enterado de la noticia bomba: Kanka, como a él le gusta firmar, acaba de llevarse el primer premio en el certamen nacional de cantautores Cantigas de Mayo, que lleva casi una década concentrando lo más granado de la chavalería trovadoresca en Ceutí (Murcia). Y cuando la fortuna se pone de tu lado, hasta los minipisos de Madrid parecen palacios.

Kanka llegó a las Cantigas con 30 euros en la cartilla del banco. Literal. En la fase de selección superó a más de 80 contrincantes. Y en la gran final, a la que ya sólo llegaron seis músicos, se impuso. El jurado, en el que figuraban la cantante gallega Uxía Senlle o el director del programa de Radio 3 Discópolis, José Miguel López, acabó rindiéndose al desparpajo y la ironía con que Kanka mira la vida cotidiana en sus canciones. Los títulos: Aliento de ratón, Bulerías del onanista, El cine de tu colchón o su predilecta Mis posesiones, o cómo apañárselas sin un céntimo en el bolsillo.

"Lo gracioso del caso es que a Ceutí no me había llevado ni una guitarra decente", recuerda. "Se la terminé pidiendo prestada a un contrincante (El Niño de la Hipoteca) y... le gané. Espero que haya sabido perdonármelo", dice a sabiendas de que se fue con él a celebrarlo. A sus 26 años, dicharachero y guasón, respira tranquilo por primera vez: los 4.000 euros del premio le sirven como colchón durante el verano y para soñar con hacerse "un poquito de hueco" en la escena madrileña. "Si hasta me ha salido un medio mánager que le está poniendo muchas ganas", explica. "Yo intenté abrirme una página en MySpace y no fui capaz. Soy un zote con las tecnologías, quillo".

Kanka es de letras: "Yo soy de Nietzsche. Escribía como un revolucionario". Llegó a la capital con una beca Séneca de 500 euros mensuales para continuar la carrera de Filosofía. Como su pareja es madrileña, vio el cielo abierto. "Mi novia es la encargada de las videoguías en el Museo del Prado, pero también gana una birria. Menos mal que me salió lo de los curas y nos pudimos meter de alquiler en este hoyo". Lo de los curas son sus clases de guitarra para niños de ocho años. "Siempre podremos decir que te das un aire a Nuestro Señor Jesucristo", cuenta que dijo la madre superiora. Y mientras, a seguir escribiendo. A granjearse nuevos adeptos en la corrala. Y a esperar que algún cazatalentos avispado le eche el ojo como Kanka o como T de Trapo, su grupo. Inteligencia y salero le sobran en sus canciones. "Hay que escribir buenas letras, quillo, como los que admiro: La Cabra Mecánica, Carmen París, Manolo García...". Y concluye: "Soy mundano y en español. En inglés están los Beatles. Y para de contar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de junio de 2008