Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

El Constitucional no revisa el caso de un preso condenado por error

La víctima del atraco afirmó en el juicio que el culpable era otro, identificado

El Tribunal Supremo no quiso revisar el caso. Y ahora, el Constitucional ni siquiera admite a trámite su recurso de amparo. Ninguna de las instancias a las que se ha dirigido Jorge Ortiz han entrado a valorar si su condena, a siete años de prisión, fue un error. Lleva casi tres, de los 36 que tiene, en la cárcel. Fue sentenciado por dos atracos a punta de navaja en Gijón con el testimonio de dos víctimas. Una, no estaba segura de que hubiera sido él. La otra, que lo identificó ante la policía en un primer momento, se retractó cuando el agente le enseñó la foto de una segunda persona, Miguel Robles, que fue después condenado por 24 atracos a punta de navaja en la zona durante ese periodo. Identificó al segundo con absoluta y total seguridad.

El alto tribunal no ha admitido a trámite el recurso de amparo

El procedimiento está plagado de errores policiales y judiciales

Pero una serie de errores policiales y judiciales llevaron a Ortiz a la cárcel. Y el Constitucional rechaza ahora revisar su caso por cuestiones formales. En un escueto escrito de inadmisión a trámite del recurso de amparo -que se interpone por vulneración de derechos fundamentales- dice que no aprecia ninguna infracción.

¿Cómo llegó Ortiz a la cárcel? En febrero de 2004 hubo varias víctimas de atracos a punta de navaja en La Arena, una zona comercial de Gijón. En sus pesquisas, la policía enseñó la foto de Jorge Ortiz a varios testigos. Estaba en los álbumes policiales, pero nunca había cometido delitos violentos. Sólo dos víctimas dijeron que "podría ser" él. Una nunca estuvo segura. La otra, aunque explica que dudó ante la policía y que ellos influyeron para que creyera que Ortiz era el culpable, firmó en la diligencia que lo reconocía con certeza. Pero, días más tarde, le enseñaron otra foto, de un hombre llamado Miguel Robles. Dijo que se acordaba perfectamente de él, que era el culpable, y que estaba convencida de que Ortiz no había sido. A la otra víctima nunca le enseñaron la foto de Robles.

A la policía se le olvidó enviar esta nueva diligencia al procedimiento penal contra Jorge Ortiz, así que el caso llegó a juicio. Una de las víctimas volvió a dudar. La otra, aseguró que era inocente y contó la historia de la segunda fotografía. El juez, que no tenía los papeles policiales delante, en lugar de dudar de la culpabilidad o, al menos, suspender el juicio y llamar a declarar a los agentesd, lo condenó y procesó a la mujer por falso testimonio. Sin más. Quién sabe qué contubernios pensó que podía haber entre la dueña de una tienda de ropa y una persona ya encarcelada -Ortiz estaba en prisión preventiva- y sin dinero con el que comprar a nadie.

Miguel Robles fue condenado por 24 atracos a punta de navaja en las mismas fechas, en La Arena. Y la víctima que se había retractado fue juzgada y absuelta por falso testimonio. En el procedimiento quedó acreditado que decía la verdad. Apareció la diligencia policial y declararon los agentes. Pero la justicia permanece impasible. Ni la Audiencia Provincial ni el Tribunal Supremo ni el Constitucional han aceptado revisar el caso.

En la apelación, la Audiencia Provincial ni hizo referencia en su sentencia -que confirmaba la condena- al testimonio de la mujer, Ana Yolanda Esquina, que afirmaba, contra viento y marea, que Ortiz no era quien la había atracado. En ese momento todavía no había sido juzgada por el falso testimonio, pero el abogado, Guillermo Calvo, ya había encontrado la diligencia de reconocimiento fotográfico extraviada, y pidió a la Audiencia que la solicitara a la policía como prueba. Dio todos los datos. El tribunal no lo estimó necesario.

Cuando se dictó la resolución sobre Ana Yolanda Esquina, en la que se probaba el error cometido, el abogado de Ortiz pidió ante el Supremo que se revisara el caso. Sin éxito. El alto tribunal, con la aquiescencia de la fiscalía, argumentó que no había hechos nuevos. Que la víctima ya había contado todo ante el juez de lo penal. El hecho de que hubiera quedado acreditado, en sentencia firme posterior, que el primer juez había cometido un error resultó irrelevante para el Supremo. También lo fue que la víctima se haya convertido en la principal valedora de la inocencia de Ortiz, años después. El tribunal dice que no hay hechos nuevos. Y punto. El Constitucional ha seguido, ahora, el mismo razonamiento.

La víctima que se equivocó al identificarlo no da crédito. "No fue él, y ya está. Yo vi perfectamente al que me atracó y era el de la segunda fotografía, no Jorge Ortiz. ¿Cómo es posible que un error mío de un momento haya llegado tan lejos y no pueda arreglarse?", se pregunta. El abogado ha pedido el indulto ante el Ministerio de Justicia. Quizá el Gobierno se atreva a arreglar lo que el Poder Judicial parece incapaz de hacer.

"No hay palabras para explicar lo sucedido"

Jorge Ortiz y su familia han intentado, a la vez, varias vías para sacarlo de la cárcel. Todavía les queda el indulto, ya solicitado. El Ministerio de Justicia lo está tramitando. Aunque el indulto supone que, a los ojos de la justicia, seguirá siendo culpable de estos dos delitos. No se reconocerá su inocencia. "Pero, hoy por hoy, lo que queremos es que salga, y que salga cuanto antes", dice su hermana Montse. "Ya veremos después si se puede hacer algo para que la justicia reconozca que lo ha hecho mal".

La hermana de Jorge Ortiz explica que él está ahora un poco más animado, esperando su primer permiso -quizá en julio- y deseando que la movilización social sirva para el indulto. "En algunos momentos estuvo hundido", recuerda Montse. "Se animaba cuando aparecían pruebas nuevas, pero se volvía a hundir cuando los tribunales las ignoraban. Lo más increíble de esta historia no es tanto que se hayan equivocado una vez, sino que ningún tribunal se haya parado después a examinar el caso. Que a nadie le haya interesado que mi hermano probablemente era inocente. No hay palabras para explicar lo sucedido. Es tan delirante que parece imposible".

La víctima del delito por el que fue condenado Ortiz, que está convencida de su inocencia, está ayudando a su abogado. No tiene ningún problema en contar la historia ante cualquier instancia. Pero a los tribunales no les ha interesado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 27 de mayo de 2008

Más información