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Reportaje:

La nueva 'guerra' de Vietnam

El afán de progreso es la obsesión del país, que crece a un ritmo del 7,5% anual

Vietnam se ha convertido en uno de los países más dinámicos del mundo. El coraje con que sus habitantes se dedicaron durante más de 30 años a defenderse de japoneses, franceses, estadounidenses y chinos lo han transformado ahora en afán de progreso. "No basta con liberar a un país de sus opresores. Hay que vivir. Si la guerra por la defensa de la soberanía fue importante, la lucha por el desarrollo no lo es menos".

Quien así habla con EL PAÍS, en un delicado francés, es una de las heroínas de Vietnam: Nguyen Thi Binh, quien a sus 81 años aplaude la apertura económica y la presencia de empresarios occidentales. Binh fue, bajo la ocupación estadounidense de Vietnam del Sur, ministra de Exteriores del clandestino Gobierno revolucionario, y como tal firmó los acuerdos de París de 1973, que pusieron fin a esa sangrienta contienda.

Un 60% han nacido después de 1975 y su mayor preocupación es encontrar un trabajo que les guste

La mujer que ha ocupado el cargo más alto en la República Democrática de Vietnam -fue vicepresidenta entre 1992 y 2002- empeña actualmente parte de su tiempo en la globalización: "Debemos de estar al tanto de lo que supone este fenómeno para que no perdamos el tren del futuro".

El futuro es la gran pasión de los vietnamitas, engendrada tal vez en los años del horror, cuando sólo ellos se creían capaces de vencer a Goliat. La frase que más se oye es "hay que mirar hacia delante", y, sin duda, lo han conseguido. Según el Banco Asiático de Desarrollo, Vietnam será "el país que más crezca del mundo de aquí a 2050".

La renta por habitante se ha doblado en los primeros 20 años transcurridos desde que en 1986 el Partido Comunista Vietnamita puso en marcha la llamada doi moi, por la que comenzaron a introducirse las reglas del mercado en la economía. En la actualidad asciende a unos 800 dólares anuales (550 euros).

La retirada en 1989 de los 50.000 soldados que sostenían el régimen de Camboya y en 1990 de los 50.000 acantonados en Laos tuvo un importante impacto psicológico entre la población, harta de pasar hambre y penurias.

"Mi abuelo luchó contra Francia; mi padre, contra Estados Unidos; yo me pasé dos años en Camboya y cuando volví en 1989 cambié el fusil por el taxi y no quiero volver a oír hablar de guerra", afirma Dinh Dung, de 48 años, en su medio inglés. Lo ha aprendido porque asegura que "con el inglés hay más trabajo". "A los estadounidenses les gusta que les hablen en su idioma y contratan para todo el día", dice.

El 60% de los 85 millones de vietnamitas ha nacido después de la reunificación del país (1975) y su mayor preocupación es encontrar un trabajo que les guste, como Tran Hang Viet, de 19 años y estudiante del primer curso común de las ingenierías en la Universidad Tecnológica de Hanoi. "Sé que un tío mío murió, pero en mi casa no se habla de la guerra y a mí tampoco me interesa mucho. He visto alguna película, pero no he leído ningún libro. Sé lo que se estudia en el colegio".

En el Templo de la Literatura de Hanoi, que en el siglo XI albergó la primera universidad vietnamita, Houng, una funcionaria jubilada, hace ofrendas a las estatuas de los antiguos monarcas. "Rezo para que mis hijos tengan paz y trabajo", afirma. "No miro hacia atrás porque fue un tiempo muy amargo. Pasamos demasiado miedo y demasiada hambre. Pero ya está pasado. Ahora estoy contenta porque el país y nosotros hemos mejorado", señala.

Vietnam ha crecido en los últimos cinco años a una media anual del 7,5%, pero en 2008 el Gobierno está introduciendo medidas restrictivas que reducirán el ritmo del crecimiento, ya que la mayor preocupación es la inflación, que el mes pasado se situó en el 20% anual.

El Partido Comunista es muy cauto en las medidas de apertura. No quiere que se le vaya de las manos el control del país. En la primera década de doi moi (1986-1996), el crecimiento fue más espectacular, pero la crisis asiática desatada tras el desplome de la moneda tailandesa en 1997 tuvo como consecuencia mayores controles y una desconfianza que no se calmó hasta entrado el nuevo siglo.

Los avances económicos no se han plasmado, sin embargo, en avances políticos. El partido sigue sin permitir una renovación de su estructura y, por supuesto, no quiere ni oír hablar de pluripartidismo, elecciones libres o derechos humanos. La prensa sigue vigilada estrechamente y sólo se permite de vez en cuando investigar y publicar sobre algún caso concreto de corrupción, primer paso en la lucha contra esta lacra que puede frenar el desarrollo del país.

Fuentes diplomáticas europeas alaban, sin embargo, el esfuerzo que está haciendo Vietnam por adecuar sus leyes al derecho internacional, como la ley de igualdad de género e incluso la de violencia doméstica. "Otra cosa es cuándo las va a aplicar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de abril de 2008