El fútbol se impone a la política
El talento innegociable de Agüero y Robinho pone en evidencia la flojera de Rijkaard con sus pesos pesados, lo que le llevó a condenar a Messi y Eto'o - Robben, lesionado en Huelva, puede perderse la temporada
La pasada temporada, curiosamente, la gran remontada del Madrid de Fabio Capello se inició tras el destierro de Ronaldo a Milán y una condena provisional a Beckham. Ellos eran los últimos eslabones galácticos; sin ellos se revalorizaron chicos como Robinho y se reforzó el compromiso del vestuario. El incipiente ciclo de los fantásticos del Barça ha resultado un fiasco. Henry nada ha sumado y, pese a lo proclamado en los altavoces azulgrana, no ha logrado activar a Ronaldinho, que sigue en proceso de recuperación de no se sabe qué eterna lesión o desengaño. Frente al declive de ambos, Messi se ha doctorado, Eto'o no baja las revoluciones y Bojan y Giovani ya se han matriculado. Lo mismo da. El Barça aún se siente en deuda con Ronaldinho, cuando, sin negarle su contribución, el vínculo debería ser a la inversa. Fue una institución como la barcelonista la que le apadrinó y entronizó. Desde luego nada le debe a Henry, salvo sus lunáticos honorarios. Pero ya se sabe que el Barça siempre ha gestionado mal su relación con los totems: o los denigra o les consiente un compadreo intolerable.
En el Atlético sólo hay uno, el Kun, un futbolista con el cuajo de los más grandes, pero en este Atlético le falta vuelo porque no tiene orquesta. Ni Michael Jordan hubiera encumbrado a los Grizzlies.