Los menores acceden sin trabas a los juegos sexistas y violentos
Amnistía Internacional comprueba el descontrol del sector en 14 autonomías
Según el informe, la mayoría de fabricantes explicitan con iconos en las carátulas qué videojuegos contienen altas dosis de violencia, drogas y lenguaje soez, razones que justifican su venta a partir de 18 años, pero en seis localidades elegidas al azar los niños-cebo de Amnistía Internacional los compraron sin el menor problema. Fue en Cartagena, Madrid, Oviedo, Vitoria, San Sebastián y Mallorca.
En una de estas ciudades, una niña de nueve años entró sola en un comercio especializado, eligió el videojuego Scarface, pagó y abandonó la tienda. La menor se llevó un producto con todos los iconos de riesgo: violencia, discriminación, terror, drogas, contenido sexual y lenguaje soez. Si el adulto cómplice de Amnistía Internacional, que la acompañaba discretamente a unos metros de distancia, no hubiera devuelto el juego, esta menor habría contemplado cómo el protagonista es cosido a balazos, si bien resucita para "calmar su sed de venganza".
La niña puede ayudarle a desplegar "furia ciega", y obtiene mayor puntuación si "insulta, intimida e impresiona" para "disfrutar del lujoso estilo de vida de un mafioso". Sólo tiene que contratar matones y usar otras dos armas: "Tus pelotas... y tu palabra".
En cinco de las seis ciudades -Cartagena es la excepción- rigen leyes autonómicas explícitas de protección del menor en este sentido. En 14 autonomías, los voluntarios de AI comprobaron que en ningún comercio -ni local especializado ni gran superficie- existe separación en las estanterías entre los juegos de menores y adultos. En algunos casos están obligados por ley. En otros queda a discreción del vendedor. Porque la diversidad legislativa entre autonomías es otra de las llamadas de atención de la ONG: sólo 10 de las 17 comunidades prohíben vender a los menores videojuegos de carácter violento, exhibición pornográfica o atentados contra los derechos humanos. En el resto, según la ONG, existe una normativa difusa que la convierte en papel mojado. AI critica especialmente a Asturias y Extremadura, así como a Ceuta y Melilla, y elogia a La Rioja y, en menor medida, a Castilla y Leon.
Sin embargo, no fue en ninguna de estas dos comunidades donde encontraron al único dependiente que se negó a vender a un niño de 10 años. Ocurrió en Vitoria. Pero este niño pudo, poco después, adquirir el mismo juego en dos centros comerciales de la capital vasca.