Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

Treinta años sin oír 'guau'

El 15 de agosto de 1977 una antena para buscar vida extraterrestre captó una intrigante señal

El cosmos, por norma general, emite una señal monótona y aburrida, el eco del Big Bang. Hace 30 años, una señal rompió bruscamente esa monotonía. El 15 de agosto de 1977, a las 11:15 de la noche, la radioantena Big Ear (Gran Oído) de la Universidad de Ohio captó una señal de 72 segundos y una intensidad que superó en algún momento 30 veces al aburrido ruido de fondo. Algo así como un chillido retumbando sobre el leve murmullo del cosmos.

El astrónomo Jerry Ehman había sido despedido de Big Ear cinco años antes. El Congreso de EE UU retiraba su ayuda económica al programa SETI de investigación de vida extraterrestre. Pero Ehman estaba convencido de que la antena podía dar mucho de sí y seguía trabajando como voluntario. Unos días después de aquel 15 de agosto, se dispuso a revisar el montón de papel continuo que había ido escupiendo la impresora con los resultados del rastreo.

Todos los registros entraban en la norma, hasta que topó con un código, 6EQUJ5, que venía a decir que la señal a la que se refería, en comparación a la de los objetos celestes, era extraordinariamente intensa y concreta y procedía de un único punto en el espacio. Es decir, muy parecida a las emisiones que se emplean en las comunicaciones humanas. Alguien o algo parecía haberla emitido intencionadamente desde el espacio. Ehman agarró un lápiz rojo y anotó al lado del código la exclamación "wow!" ("¡guau!"). La señal quedaba bautizada.

Desde entonces, el astrónomo, que firma sus mensajes electrónicos como Jerry Wow Ehman, se ha dedicado a descartar desde las explicaciones más obvias a las más estrafalarias. Entre las primeras, que aquella señal viniera de una galaxia, planeta o asteroide. Negativo. Otros fenómenos cósmicos más complejos, como las lentes gravitatorias o el centelleo interestelar, quedaron descartados.

Aquel grito cósmico ponía a prueba el escepticismo de cualquier científico, pero admitir directamente que viniera de una inteligencia extraterrestre resultaba osado. Había que ampliar el círculo de sospechosos, y Ehman incluyó las emisiones humanas. Como la de los satélites. Pero la señal se había emitido en la banda de los 1.420 megahercios, prohibida para todo tipo de transmisiones en la Tierra. Un avión o vehículo espacial tampoco podían ser su origen. En 72 segundos, la duración de la señal, una aeronave habría descrito una amplia línea en el cielo. Y Wow procedía de un único punto.

Cabría la posibilidad de que la señal hubiera salido desde Tierra y se reflejara en un trozo de chatarra espacial. Ehman piensa que esa posibilidad existe, aunque es demasiado remota. El trozo tendría que haberse quedado quieto. Pero además de orbitar en torno al planeta, suelen rotar sobre sí.

¿Qué explicación queda? Ehman refiere en el análisis que ha publicado con motivo del aniversario: "Ya que todas las posibilidades de un origen terrestre han sido descartadas o parecen improbables, y ya que no se ha podido descartar la posibilidad de un origen extraterrestre, debo concluir que una inteligencia extraterrestre podría haber enviado la señal que nosotros recibimos como la fuente de Wow. Estoy a la espera de recibir otras señales como la de Wow que puedan captar y analizar muchos observatorios", afirma. Pero con Big Ear será ya imposible. Se desmontó en 1998 para construir en su lugar un campo de golf de 18 hoyos y 400 viviendas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de agosto de 2007