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sábado, 2 de diciembre de 2006

Un libro revela que Cuvier conocía al Negro de Banyoles

Enterrado en un remoto parque bajo la Cruz del Sur y olvidado de casi todos, el Negro de Banyoles resucita de tiempo en tiempo con noticias que ayudan a cubrir las grandes lagunas de su extraordinaria historia. La publicación de un interesante libro sobre el hombre disecado que fue en su día la principal atracción del Museo Darder y centro de agria polémica, El negre i jo, del escritor y periodista holandés Frank Westerman (Viena Edicions), aporta nuevos detalles históricos para un caso, el del Bechuana, en el que el más pequeño dato documental tiene, aún, un formidable interés. Westerman, que ha rastreado con una obsesión que le honra toda la documentación existente sobre el Negro de Banyoles, ha localizado una carta dirigida al gran naturalista francés George Cuvier (1769-1832) que prueba que el padre de la anatomía comparada estaba al corriente del caso del Bechuana.

La carta, hallada en el archivo de la correspondencia de Cuvier, en París, se la envió al científico otro naturalista, nada menos que Jules Verreaux, el hombre que, con su hermano Édouard, disecó al pobre africano. En la misiva, enviada desde Suráfrica, el 12 de mayo de 1831, Verreaux informa a Cuvier de la llegada a París de una "gran colección de objetos procedentes de esta zona de África". Y señala: "En la colección ocupa un lugar prominente un bechuana disecado muy bien conservado y que casi me costó la vida, ya que para obtenerlo tuve que exhumarlo de noche en un lugar vigilado por sus parientes" (Lettre de Jules Verreaux à Cuvier/pièce 54, manuscrit 3252, Fonds Cuvier). No consta que hubiera respuesta de Cuvier a lo que parece un claro ofrecimiento para que adquiriera la pieza.

Primera noticia

La carta es corta, pero presenta el enorme interés de que se convierte en el primer texto histórico conocido que menciona al Negro de Banyoles, pues antecede en siete meses a la primera noticia de que se disponía sobre el hombre disecado, un artículo en Le Constitutionnel del 15 de noviembre de 1831 que daba fe de su exposición en París.

Westerman, que presentó su libro en Barcelona el jueves, recalcó que El negre i jo "no es una obra sobre el hombre disecado", sino que lo toma como excusa para hablar de la visión del otro, en el sentido antropológico del término. Westerman alterna en el libro su investigación a lo largo de los años -desde que vio al Bechuna por primera vez en 1983, a los 19 años ("sentí un shock, vergüenza") hasta el asombroso entierro en Botswana- con sus viajes y sus experiencias en lugares como Jamaica, Perú, Sierra Leona y Suráfrica. El resultado es una obra muy personal, en la que se trasciende la historia del Bechuana para proponer una amplia y apasionada reflexión sobre las ideas de raza y cultura.

Un asistente a la presentación que se identificó como ciudadano de Banyoles y afirmó con nostalgia no exenta de ira que el Bechuana "era nuestra momia", demostró, por si quedara alguna duda, que el recuerdo del viejo africano sigue muy vivo.

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