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CONTRASEÑA | Francesc Santacana

Contra las tonterías

"Los catalanes estamos mal acostumbrados: la lentitud entre la génesis de la idea y el proyecto materializado paraliza nuestras posibilidades de desarrollo económico. Aquí todo tarda demasiado", diagnostica. Pone el ejemplo de la B-40, ese supercinturón polémico: "Si no se hace ya hay que apostar por olvidarse del coche". Es contundente, simplifica para provocar y conjurar la lentitud: "En 20 años el coche tendrá poco futuro, pero aquí y ahora hay que reconocer que todavía nos hace ilusión que nos vean con un buen coche. La típica tontería paralizadora". La tontería es, en su personal jerga, un calificativo benévolo y universal.

Economista, 63 años, lleva 18 años dirigiendo el Plan Estratégico del Metropolitano de Barcelona, una eternidad para quien ya trabaja para 2010. Le preocupa más el futuro que el pasado: lógico cuando los diagnósticos efectuados ayer han sido certeros. Desde fuera impresiona repasar cómo problemas de ahora mismo -infraestructuras, vivienda, movilidad... necesidad de conciliar de vida familiar y laboral- estuvieron diagnosticados (por escrito) hace más de una década y muchas de las soluciones que hoy existen fueron avanzadas en las propuestas del plan. Para él todos estos logros son agua pasada.

"Lo que importa de lo que somos ahora nosotros son dos cosas: el talento y la calidad de vida. Y en esto tenemos buen nivel, porque hoy siete u ocho ciudades europeas ofrecen cosas parecidas... ja, ja". Se ríe porque en Finlandia le enseñaron un parque científico que aún no existía, "¡Aquí los hemos hecho!" como en Múnich, Manchester y otros sitios. Pero no vivimos de eso: "Vivimos del turismo". Es tajante, igual que cuando dice: "No se explica bien lo que tenemos. Aún estamos obsesionados con el 92, con tonterías -cada uno juega su parte- que traban las decisiones imprescindibles para avanzar. Falta coordinación. Nos llenamos la boca con la palabra innovación y no sabemos organizarnos". Pone el ejemplo de la enseñanza: "Se desperdicia el talento innato de los niños. ¡Los chicos dejan de ser creativos cuando salen de la escuela!". El 30% del fracaso escolar de Cataluña le indigna.

Barcelonés, de la Rambla de Canaletes, su padre, ingeniero industrial, le dejó en herencia una voracidad lectora y una sólida cultura musical y le mandó a la escuela Virtelia, un oasis en el franquismo. Escogió economía porque "era una carrera de la que nadie tenía idea de lo que era, un caos muy divertido". Su promoción fue la séptima: "Allí aprendí a vivir". Y a estudiar (en el franquismo estaba todo por estudiar). Un sistema excelente: desde entonces ha ejercido y promovido la formación permanente, algo vocacional. "Mi primer trabajo fue un estudio sobre urbanismo, el Plan del 57, que llevaban, entre otros Ernest Lluch y Ros Hombravella, gente muy creativa". Cobraba 3.000 pesetas al mes por aprender. Siguió estudiando, durante 14 años, en el Centro de Estudios y Asesoramiento Metalúrgico: recorrió toda Europa viendo empresas para preparar la entrada española en lo que era el Mercado Común. El actual parque tecnológico del Vallès nace de uno de aquellos estudios.

Independiente declarado -"soy incompatible con cualquier partido o militancia"- se reconoce de alma socialista: "El libre mercado no existe. Siempre dirige alguien. Pero el Estado no tiene por qué dirigir y remar a la vez, hay que dar libertad". ¿Nacionalista? "No lo sé. No me he parado a pensarlo. Soy catalán". Con ese bagaje, en 1988 le llama el entonces teniente de alcalde socialista Francesc Raventós: "Me dio unos folletos de San Francisco para ver si aquí podíamos hacer algo parecido". Así nació el Plan Estratégico que ha nutrido de ideas, diagnósticos y proyectos a todos los partidos políticos sin excepción. Es un hombre-bisagra, un puente permanente que ha llegado a juntar en un brainstorming al creador de la Fura dels Baus con el director de La Caixa. Volvió a viajar -esta vez por América- para estudiar las posibilidades de la estrategia integral y ahora viaja también -ha llegado hasta China- para explicar lo que se ha hecho aquí, pero, siempre, con ese espíritu del curioso, eterno estudiante. "Soy chafardero", ríe.

Conoce a todos los que hay que tener en cuenta para arrancarle al futuro sus promesas. En su paso por la Fundació Bosch i Gimpera dirigió la primera Formación Permanente de una Universidad (la de Barcelona) española y su Parque Científico. Ahora monta Creápolis, el nuevo campus de ESADE en Sant Cugat. "Estamos todos desorientados, es la época. Hay que cargarse de razones y organizarse. El trabajo callado es la única salida". Lo demás son tonterías.

m.riviere17@yahoo.es

PERFIL

Barcelonés de Canaletes, economista. La carrera, "que era un caos muy divertido", le enseñó a vivir. Curioso por naturaleza, viajero, ávido lector, apostó por estudiar las posibilidades del futuro desde la realidad más cercana. Dirige el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona desde 1988: un 'milagro' en el que se encuentran todos los sectores políticos y ciudadanos. Vive ya en 2010: "Lo nuestro es el talento y la calidad de vida. Pero no sabemos explicarlo ni nos organizamos bien. Todo va muy lento".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de octubre de 2006

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