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EE UU aprueba construir un muro de 1.200 kilómetros en la frontera mexicana

El Senado respalda por una abrumadora mayoría la valla contra la inmigración ilegal

Por una abrumadora mayoría -80 votos contra 19- el Senado de EE UU aprobó la noche del viernes la construcción de una valla de 1.200 kilómetros en la frontera con México para frenar la inmigración ilegal. El presidente George W. Bush debe firmar ahora la ley. Cuando se temía que la discusión parlamentaria entrase en horas de la madrugada del sábado, se consiguió la aprobación definitiva por parte de un Congreso deseoso de acabar la legislatura, ya que desde hoy entra en receso para prepararse para las legislativas del próximo 7 de noviembre.

La construcción del muro (o verja o valla, según el tramo de la frontera en que se sitúe), ha sido el único elemento de la reforma migratoria en ser aprobado por el Congreso tras casi un año de duro debate sobre la forma de controlar la llegada de nuevos inmigrantes sin papeles y sobre qué hacer con los casi 12 millones de indocumentados que ya están en el país.

La Cámara alta bloqueó, en cambio, otras cuatro medidas contra la inmigración ilegal aprobadas por la Cámara de Representantes en los últimos días, como la exigencia de una tarjeta electoral para los votantes estadounidenses, a fin de impedir que los extranjeros acudieran a las urnas.

Además de la construcción del muro, la ley establece controles a lo largo de las fronteras terrestres y marítimas de EE UU mediante agentes de la patrulla fronteriza y tecnología que incluye el uso de satélites, cámaras y aviones no pilotados. También ayer, la Cámara Baja aprobó asignar una partida de 1.200 millones de dólares (945 millones de euros) para construir el muro.

Bajo el liderazgo de los congresistas más radicales del Partido Republicano, como James Sensenbrenner, la Cámara de Representantes aprobó en diciembre pasado una polémica ley que criminalizaba la inmigración y sólo incluía medidas represivas. Su proyecto emblemático era la construcción del muro fronterizo. Seis meses después, el Senado votó a favor de un texto muy diferente que dejó en 600 kilómetros la valla. Al mismo tiempo, abrió el camino a la regularización a millones de indocumentados mediante un programa de trabajo temporal, como exigía Bush.

Miles de inmigrantes sin papeles ocuparon las calles de las ciudades más importantes de EE UU para reclamar sus derechos. El pasado 1 de mayo fue convocado un día sin inmigrantes, cuyo éxito fue relativo pero que probó su fuerza.

Los representantes republicanos se opusieron al proyecto del Senado argumentando que la regularización significaría una "amnistía general", e impidieron un acuerdo. Tras certificar, a principios de septiembre, la muerte de la reforma amplia de la ley de inmigración, los representantes republicanos volvieron a la carga con el proyecto del muro, dejando el resto de la reforma en el limbo.

Para ganar votos

La lucha contra la inmigración ilegal constituye uno de los temas principales de la campaña electoral. Los republicanos contaban con la aprobación del muro para mantener su mayoría en ambas cámaras del Congreso. Muchos congresistas han pensado ahora que debían votar a favor de propuestas para frenar la inmigración para ganar votos en las elecciones en noviembre.

La construcción del muro ha sido aplaudida por el secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, por considerar que contribuye a fortalecer "la seguridad del país", pero ha sido rechazada por los grupos de defensa de los Derechos Humanos.

La polémica sobre inmigración puede comenzar a pasar ahora algunas facturas políticas. Es el caso de California, donde el republicano Arnold Schwarzenegger se juega la reelección como gobernador en noviembre. La mayoría de los hispanos que votaron a favor de Schwarzenegger están dándole la espalda. Sólo le queda un 20% de esos votantes, en gran parte a causa de la campaña contra la inmigración del ala dura del Partido Republicano.

Los representantes y senadores estaban ansiosos el viernes por llegar a sus lugares de origen para convencer a sus votantes de que son los mejores candidatos para ser reelegidos y la atmósfera del Capitolio era más bien tensa. El jefe de la oposición demócrata en el Senado, Harry Reid, atribuyó la aprobación del muro a la voluntad de la mayoría republicana de "defender su escaño y no la frontera", acusando a sus rivales de querer sacar provecho del proyecto en las próximas elecciones de noviembre.

Entre los senadores que aprobaron el plan, figura la demócrata con aspiraciones presidenciales Hillary Rodham Clinton. Durante toda la semana, los congresistas habían sido inundados por llamadas de los enemigos de la ley y han recibido ladrillos que simbolizaban el muro que no deseaban.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 1 de octubre de 2006