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Entrevista:

"Para mí, el estilo es fundamental"

José Manuel Caballero Bonald obtiene el Premio Nacional de las Letras Españolas

José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1926) obtuvo ayer el Premio Nacional de las Letras Españolas, que otorga el Ministerio de Cultura para distinguir el conjunto de la labor literaria de un autor español. El escritor lo recibió con una mezcla de orgullo y satisfacción. Poco después del fallo habló de la literatura y de la vida, reivindicó el poder del estilo y contó cómo escribió su último libro de poemas poseído por el apasionamiento. Rogelio Blanco, Mónica Fernández, Luis María Anson, Manuel González, Adolfo Arejita, Joaquín Molas, Andrés Sorel, Clara Janés, José María Merino, Pablo García Baena y Félix Grande formaron el jurado del Nacional de las Letras, que está dotado con 30.000 euros.

Caballero Bonald recibió ayer la noticia del premio en su casa de Madrid, donde ha vivido siempre, en la Dehesa de la Villa, y donde nacieron todos sus hijos.

Pregunta. ¿Se lo esperaba?

Respuesta. Es cuestión de escalafón. Le toca a un escritor que haya hecho ciertos méritos, y supongo que me tocaba.

P. ¿Qué siente?

R. Una mezcla de orgullo y satisfacción. Que un jurado de prestigio considere que has hecho algo meritorio siempre es bueno.

P. ¿Le alivia de desengaños?

R. No, eso no. Desengaños, ya, tengo pocos.

P. ¿Qué le premian?

R. Una preocupación estilística. Que escriba esmeradamente, que cuente las cosas con una base estilística solvente. Para mí, el estilo es fundamental, aunque otros opinen que no importa.

P. ¿Cuál sería su estilo?

R. Ha variado con el paso del tiempo. Yo era un escritor barroco, pero he llegado a suprimir adherencias innecesarias, lujos superfluos. He llegado a tener una dicción bastante austera, pero al mismo tiempo, y desde mi modesto entender, creo que esa dicción es brillante.

P. ¿Cuáles son sus asuntos?

R. Los asuntos en literatura son iguales desde Homero. Hace milenios que se cuenta lo mismo, lo único que varía es que se cuente con preocupación o no.

P. ¿El paso del tiempo podría ser su asunto primordial?

R. Ahora sí. Es que mi pasado es cada vez más amplio y me queda menos futuro.

P. Su generación está bastante diezmada...

R. Sí, ha habido muertes, suicidios. Una generación autodestruida en parte.

P. Y usted ¿cómo ha sobrevivido?

R. He sobrevivido, más o menos, con cierta gana de vivir que ha superado otros trastornos.

P. Le escuché decir, hace dos años, que ya no escribiría más poesía, y acaba de publicar un nuevo libro de poemas...

R. Sí, Manual de infractores, en Seix Barral. Lo iba a llamar La desobediencia. A veces digo que no voy a escribir más novela, porque me aburre. Cuestión de ánimo.

P. Se le ve más rabioso últimamente.

R. Más que rabioso, es una cuestión de energía recuperada. La poesía sólo se puede escribir desde el apasionamiento. Con los años me he hecho escéptico, descreído, pero escribí este último libro de poemas poseído por el apasionamiento.

P. ¿Contra qué?

R. Contra los gregarios. Esos que van a las manifestaciones contra el divorcio, contra los homosexuales, contra la LOE, contra los españoles sumisos. Ese millón de españoles, o cien mil, que ya eran así con el franquismo.

P. ¿Sigue el franquismo?

R. Siempre hay un franquismo latente, y ahora lo alienta la FAES del señor Aznar.

P. Si hubiera sido jurado, ¿por qué se hubiera dado el premio?

R. Por dos novelas, Ágata ojo de gato y Campo de Agramante. En poesía, por Descrédito del héroe. Y por mis dos libros de memorias. Con eso tengo méritos suficientes. Como no voy a ser inmortal, me basta.

P. ¿Inmortal?

R. Tengo un código secreto, que es de los marineros. Si naufragas tres veces, ya eres inmortal. He naufragado dos, una vez en el Guadalquivir y otra vez en el río Magdalena, en Colombia. Un tercer naufragio me llevaría a la inmortalidad, y eso es muy engorroso.

P. En sus memorias habla de los acostados que, en su familia, han decidido que ya no se levantarían más. ¿Es su deseo?

R. Estoy en eso. De momento me estoy salvando de unas tendencias muy acusadas de acostarme. Elegir la cama como sitio más estable para vivir tampoco está mal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de noviembre de 2005