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Un libro rescata del olvido al obispo reformista e ilustrado Antonio Tavira

Ginés Donaire

Antonio Tavira Almazán fue uno de los personajes más representativos de la Ilustración española, un obispo reformista que jugó un papel clave en las relaciones Iglesia-Estado en el siglo XVIII y artífice del impulso de las universidades de La Laguna y de Salamanca. Sin embargo, la figura de este pensador andaluz, nacido en Iznatoraf (Jaén) en 1737, ha permanecido en el olvido durante mucho tiempo, una deuda que ahora intenta saldar Pedro Martínez Magaña, un profesor de EGB que ha investigado en la vida y la obra del que fuera amigo personal de Jovellanos y predicador de Carlos III.

...De Iznatoraf es el título del libro del profesor Martínez Magaña, que empezó la investigación al sentir la curiosidad de que sus ascendientes pudieran tener algún vínculo familiar con el obispo Tavira, todos ellos originarios de la pequeña localidad jiennense perteneciente al parque natural de Cazorla, Segura y Las Villas. El resultado ha sido una publicación, editada en colaboración del Ayuntamiento de Iznatoraf y la Diputación de Jaén, a través del Instituto de Estudios Giennenses (IEG), que sitúa en su lugar adecuado la figura de uno de los pensadores andaluces menos conocidos.

Antonio Tavira Almazán (Iznatoraf, 1737-Salamanca, 1807) fue, ante todo, un hombre culto gracias a su "insaciable afán de saber", explica Pedro Martínez. Fue prior del convento de Uclés, obispo de Canarias, Osma y Salamanca, profesor de las Universidades de La Laguna y de Salamanca (recibió el encargo de Campomanes para acometer su reforma), además de académico de la Real Academia de la Lengua, de la de Bellas Artes de San Fernando y de la de Historia. Tal fue su bagaje cultural que en 1777 fue nombrado predicador de número del rey Carlos III y mantuvo una gran amistad con Melchor Gaspar de Jovellanos.

"Tavira no fue ajeno a los problemas de su época y era consciente de que el clero no podía permanecer impasible ante los cambios", asegura el autor del libro, que destaca la preocupación de Tavira siendo prior de Uclés por los pobres, por los niños expósitos o por la transformación de terrenos improductivos en zonas prósperas. Martínez Magaña resalta "su pensamiento, su manera directa de ir a las situaciones delicadas, su no sometimiento a convencionalismos, su visión de futuro, su prudencia, su estricto sentido del deber o su inquietud ante los daños sociales".

Tavira, al que muchos consideran el mejor predicador del siglo XVIII, lo que le valió la confianza del rey Carlos III, fue nombrado obispo de Canarias en un momento que coincide con el enfrentamiento de dos posiciones en la Iglesia, una que aboga por el inmovilismo y otra que propugna el reformismo y de la que forma parte activa el religioso andaluz.

Su fama de hombre innovador le ha servido para que muchos estudiosos de su obra aseguren que su reflexión pastoral y teológica está a la altura del Siglo de las Luces, y de que llegó a intuir algunas de las reformas que, dos siglos más tarde, se contenían en el Concilio Vaticano II.

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Todo el patrimonio de Antonio Tavira era su impresionante biblioteca, con más de 3.000 volúmenes de los más variados campos del saber.

"Fue una persona enciclopédica cuyos conocimientos se extienden a una gran variedad de materias que interioriza, selecciona, depura y lo hacen de mente abierta, dialogante, con una magnífica perspectiva de futuro y situado en una línea de vanguardia", explica Pedro Martínez Magaña.

Sin embargo, el progresismo de Tavira le originó problemas en muchas ocasiones. Así ocurrió cuando se enfrentó a la Inquisición por entender que invadía competencias episcopales y no compartir la rigidez de su estructura.

También fue acusado de afrancesado por su atención espiritual a los soldados franceses que llegaron a Tenerife en 1794. El obispo Tavira falleció el 7 de enero de 1807 y fue enterrado en la capilla mayor de la catedral de Salamanca.

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