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miércoles, 7 de abril de 2004
Reportaje:

La sorprendente historia de 'My way'

Se cumplen 35 años del tema que se identifica con Sinatra, una canción francesa que surgió con un contenido muy diferente

Hace ahora 35 años, Frank Sinatra colocaba My way en las listas de ventas de Estados Unidos. No estaba destinada a convertirse en un éxito más de La Voz: su letra, la arrogante revisión crepuscular de una vida exprimida al máximo, se convirtió en el resumen más complaciente de la biografía de Sinatra. Un himno triunfal que fue adaptado para sus necesidades particulares por todo tipo de artistas, de Tom Jones a Dionne Warwick, pasando por Shirley Bassey o los Platters.

Lo extraordinario es que My way era una criatura muy diferente en su forma primigenia. El compositor Jacques Revaux hizo en 1967 For me para la vocalista Dalida. Ella no se entusiasmó y Revaux se la llevó a su amigo el cantante Claude François, que sugirió retoques. Terminó como Comme d'habitude y ofrecía un retrato dramático del tedio de la vida conyugal, del paulatino alejamiento de una pareja que hace el amor "como de costumbre". Para los registros de la SACEM, la sociedad francesa de autores, los versos eran obra del letrista Gilles Thibaut y la música venía firmada por Jacques Revaux y Claude François. Este último, artista ye-yé de inmenso éxito en Francia, lanzó Comme d'habitude en 1967 y, tal vez por su amargo mensaje, fue considerada como un cierto pinchazo: vendió 225.000 ejemplares, bastante menos de lo habitual para Clo-Clo, como le llamaban cariñosamente los franceses. Que, por cierto, siempre entendieron que Comme d'habitude se refería a la cantante France Gall, una de las (muchas) mujeres que compartieron cama con François.

Según la historia oficial, el cantante canadiense Paul Anka, de vacaciones en Francia, vio a François interpretarla en un programa de televisión, Téle Dimanche, y se quedó prendado de la melodía. Pocos días después, el astuto creador de Diana se aseguró la exclusiva editorial de Comme d'habitude en inglés, que compró en un lote de canciones. Él mismo adaptó la letra, cambiando totalmente su sentido: "Sí, hubo veces, / seguro que lo sabeís, / que mordí / más de lo que podía masticar, / pero durante ese tiempo, / cuando había dudas, / todo me lo comí / y lo escupí, / me encaré con todo / y no me hundí, / lo hice a mi manera".

La versión de Bowie

Una curiosidad es que en el Reino Unido hubo varios intentos de traducir Comme d'habitude. Entre los que recibieron el encargo estaba David Bowie, un aspirante entonces todavía en busca de dirección. La versión de Bowie se tituló Even a fool learns to love y presenta a un personaje extrovertido, un gran bromista que oculta su amor por la bella de la pandilla. Existe una grabación casera donde se le oye cantarla sobre el disco de Claude François. Incluso, Bowie quiso que Even a fool learns to love fuera su siguiente single, pero los franceses se negaron: querían un intérprete mucho más reconocido.

Paul Anka sabía lo que se hacía. Sus versos son pliego de descargos y orgullosa exhibición de alguien que sabe que está a punto de caer "el telón final". Efectivamente, estaban hechos a la medida de un Sinatra. En 1968, en una fiesta celebrada en Las Vegas, mostró a Frank sus esfuerzos. El crooner, que llevaba una temporada dándose caprichos como grabar con Antonio Carlos Jobim mientras tonteaba con las tendencias pop, advirtió enseguida que My way era justo lo que necesitaba: potenciaba su imagen de gran vividor, capaz de ponerse el mundo por montera, aparte de darle una gravedad que había perdido con banalidades. Con arreglos de Don Costa, registró My way el 30 de diciembre de 1968. El entusiasmo de los músicos y de su hija Nancy, presente en la sesión, le impulsó a bautizar su primer LP de 1969 como My way.

La canción tampoco fue el mayor éxito del Sinatra maduro -título que corresponde a otra melodía de origen europeo, Strangers in the

night-, pero pronto adquirió dimensiones míticas. Artistas de vida tormentosa como Nina Simone o Elvis Presley se apropiaron de la canción, apreciando tanto su poder de autojustificación como su dimensión de pavoneo retrospectivo: "Pensar que he hecho todo eso / y no de una forma tímida". La lista de famosos intérpretes no ha parado de crecer: Paul Anka la cantó en solitario y en compañía de Julio Iglesias. Los Tres Tenores entendieron que era una baza infalible en sus conciertos multitudinarios.

La propuesta flamenca

Aunque intercambiaron cumplidos, Claude François nunca llegó a conocer a Sinatra. El cantante francés le precedió en morir: tras superar misteriosos intentos de asesinato, falleció tontamente en 1978, electrocutado mientras cambiaba una bombilla en el baño. François no pudo disfrutar de las asombrosas metamorfosis de su canción: Joan Baez y los Gipsy Kings se juntaron para pasarla por rumba flamenca, con una letra en castellano que retomaba el conflicto amoroso. Patty Pravo triunfó con ella en Italia, también con historia de desamor. Hasta Khaled, Rachid Taha y Faudel, el "trio calaveras" del raï argelino, se atrevieron. En España, volvió a pegar en inglés gracias a Los Piratas.

My way se hizo pieza inevitable para cantantes de club nocturno y aficionados al karaoke. Aparte, existen todas las lecturas inimaginables: corales e instrumentales, en jazz y en country, en serio y en broma. Hasta Pedro Almodóvar lo incluye en ¡Viva la tristeza!, el disco donde recopila las músicas que le acompañaron mientras escribía Hable con ella.

Según Warner Chappell, la editorial que controla sus apabullantes ingresos, es la canción más radiada de la historia y la que más versiones tiene. No hay manera de comprobar la veracidad de tan tajantes afirmaciones, pero es cierto que muchos millones de seres humanos han interiorizado My way. Basta con escuchar la interpretación en directo de Robbie Williams, donde consigue que decenas de miles de personas le acompañen, como si el triunfo del ex Take That sobre los obstáculos sea una hazaña colectiva. La última utilización de My way reafirma su universalidad: se trata de una campaña publicitaria de Viagra donde diversos caballeros entonan la canción a todo pulmón.

Del 'punk rock' al 'rap'

A pesar de su conocimiento del show business, Paul Anka nunca imaginó que My way se acomodaría al mundo rebelde del punk rock. En la primavera de 1978, los Sex Pistols ya se habían desintegrado, pero había que cumplir obligaciones discográficas y rellenar la película que finalmente se titularia El gran timo del rock & roll. Así que se llevaron a Sid Vicious, el menos dotado musicalmente del cuarteto, para que grabara My way en París. Era una broma: Vicious se mostraba grotesco al comenzar cantándola como un baladista pero aceleraba con los decibelios de un grupo de rock y se apoderaba del tema. Intercalaba algunas de sus celebradas "hazañas" ("sí, yo maté al gato") y aparecía en el clip correspondiente disparando contra los emperifollados adultos asistentes a un concierto de lujo.

La canción fue profética para Vicious: pocos meses después fallecía victima de una sobredosis, asimilada por los fieles como un suicidio de amor, un intento de "reunirse" con su novia, Nancy Spungen, a la que supuestamente había matado poco antes. Su My way -utilizada incluso por Martin Scorsese- es el principal legado musical de un bajista que apenas sabía tocar su instrumento: a partir de My way, no hay canción popular que se libre de ser violada por rockeros feroces, que se sienten posmodernamente irónicos y, de rebote, hasta consiguen vender fuera de su público natural.

Kamikazes

ilustres como Shane MacGowan, fundador de The Pogues, han seguido el truculento arreglo de Vicious. Con similar código sonoro, My way fue feminizada y parodiada por la exuberante Nina Hagen. En tiempos más recientes, My way ha servido igualmente a figuras del rap: un Jay Z tiene suficiente ego y voluntad de mitificarse como para ponerse un traje musical usado por Frankie.

Frank Sinatra llega a París en abril de 1968 / EPA

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