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lunes, 22 de marzo de 2004
Reportaje:

La cerveza del siglo

La marca sevillana Cruzcampo, que nació como una aventura empresarial de dos hermanos, cumple 100 años

El inspector de Sanidad que en 1904 dio el visto bueno a la apertura en Sevilla de la fábrica de cervezas Cruzcampo auguró ya el buen ojo de los empresarios. Su informe avala que la factoría no sólo cuenta con las mejores condiciones, sino que además vaticina que sería una industria "de gran futuro y prosperidad". A pesar de los cambios de mano y las fusiones con multinacionales, Cruzcampo sigue siendo una institución en la capital andaluza, que acoge a partir de esta semana los actos del centenario.

Los hermanos Tomás y Roberto Osborne se empeñaron hace más de un siglo en que esa bebida llamada cerveza y que habían conocido en sus viajes por Europa lo tenía todo para gustar en Andalucía. En 1904 su idea tomó forma y fundaron la marca cervecera de los sevillanos.

En sus primeros pasos, los hermanos Osborne tuvieron que luchar contra la cultura del vino, mucho más asentada en la España de principios del siglo XX. "Mi madre, en los años cuarenta", cuenta Julio Cuesta, director de Relaciones Institucionales de la empresa en Sevilla, "odiaba ir con mi padre a tomar ese líquido tan amargo a la cervecería de los Jardines de Murillo".

Las dificultades se incrementaron tras la Guerra Civil cuando, empezaron a faltar las materias primas. En esta época, la fábrica permaneció cerrada durante más de dos años debido al déficit de cebada, aunque la plantilla, asegura Cuesta, nunca dejó de cobrar.

El tirón definitivo del consumo se produjo ya en la década de los setenta, en medio del despegue económico, el auge del turismo y el boom del seiscientos, que pone la playa a tiro de piedra.

La fábrica de Sevilla empieza a no dar abasto y las crónicas de la época cuentan que algunos concesionarios llegaban a pasar tres días en la puerta a la espera de tener producto para cargar. La empresa aprovecha el viento favorable para lanzarse a comprar acciones en otras cerveceras y, en los años noventa, se convierte en accionista mayoritaria de marcas como Alcázar (Jaén), Industria Cervecera de Sevilla, Juan Teodoro Kutz (San Sebastián) y Henninger (Madrid). En 1991, la multinacional Guinness absorbe la marca familiar y en 2000, Heineken compra la empresa. "Pero Cruzcampo en Sevilla ha seguido comportándose como una fábrica familiar", sostiene Cuesta.

La factoría ha mantenido una de las plantillas más importantes de la industria sevillana. En sus primeras décadas eran apenas 100 los empleados que tenían que cargar con todo el trabajo, pero se incrementó a medida que la cerveza iba calando entre los españoles. Hoy, la plantilla fija es de 700. "Hay que tener en cuenta que el cocimiento es hoy un operario controlando un ordenador, mientras que antes hacían falta muchos para mover las calderas. Lo mismo ha pasado con todas las fases de la producción", advierte Cuesta, quien, insiste en que la tecnología no ha alterado el proceso. "La cerveza depende de procesos tan naturales que no se pueden reproducir de forma artificial", asegura.

Pedir una cerveza en un bar de Sevilla es casi sinónimo de pedir una Cruzcampo. "Yo tuve durante un tiempo un grifo de otra marca que no era andaluza y me di cuenta de que se me habían ido clientes", asegura Alfredo Peña, que regenta una taberna en el barrio de Nervión. Vende algunos botellines de otras marcas, pero insiste en que, sobre todo, los clientes sevillanos buscan Cruzcampo. "Si hay dos bares juntos y cada uno vende del tanque una marca distinta, mira cuál está más lleno", apunta Peña.

Según el director de Relaciones Institucionales de la fábrica sevillana, el éxito de su marca parte de que tiene un punto más suave y refrescante que las demás. La climatología del sur hace el resto. "Es lo que yo llamo la sociología del consumo de la cerveza", señala Cuesta, quien advierte, además, de que la marca apostó desde el principio por participar en todos los acontecimientos de la ciudad. Tiene en su haber ser la única empresa sevillana que contó con pabellón propio en la Exposición Iberoamericana de 1929 y en la Universal de 1992.

Pero la marca hace tiempo que traspasó las fronteras de la ciudad y ya es una de las diez cervezas más vendidas de Europa. Se vende en toda España y se exporta a más de 30 países. Cada día se beben en España 2.613.139 cañas de Cruzcampo, de las que 1.727.426 las saborean los andaluces. Alrededor de 800 camiones recorren cada día las carreteras españolas para distribuir la cerveza entre alrededor de 65.000 bares. A lo largo de 100 años, la marca ha sabido ganarse a miles de fieles consumidores. En la fábrica todos recuerdan a una mujer que hace no mucho se presentó con la urna que contenía las cenizas de su marido para esparcirlas por los jardines de las instalaciones.

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