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Reportaje:Los amantes del Círculo Polar | UN PAÍS DE CINE / DVD

Fascinación del amor eterno

EL PAÍS ofrece en su colección de cine 'Los amantes del Círculo Polar', de Julio Medem

Julio Medem es uno de los realizadores españoles en los que su indiscutible vocación cinematográfica (es licenciado en Medicina y Cirugía, pero optó profesionalmente por el cine) se ha visto recompensada por el público y la crítica. Los amantes del Círculo Polar, su cuarto largometraje, realizado en 1998 y que el lector de EL PAÍS de mañana, sábado, podrá adquirir por 5,95 euros al comprar el diario, tuvo una excelente acogida por parte de los expertos y un gran éxito de taquilla. La apasionada historia de amor que viven sus protagonistas en diversas etapas de su vida y una producción y medios poco frecuentes convirtieron lo que previsiblemente podía haber sido "un filme de culto" en un éxito popular.

Julio Medem es un creador de imágenes que se mueve en el terreno de las sugerencias antes que en el del discurso. Desde Vacas (1992), su primer largo, ha trabajado con similar criterio, tan arriesgado como personal. Así se lo explicó al escritor Carlos F. Heredero en una larga entrevista: "No parto de una idea ni de un discurso, sino de una imagen que tengo muy interiorizada, una imagen que quizás haya soñado u otra que por cualquier razón reclama mi interés". A partir de ella, Julio Medem se deja transportar "para que lo que vaya saliendo de esa imagen esté teñido de su tono y de su atmósfera, y voy encontrando destellos, empiezo a darme cuenta poco a poco de que los elementos van encajando, sigo entonces por ese camino, y voy entendiendo el sentido que tiene la imagen, sin renunciar por ello a su poder de seducción. El discurso se construye después... Me parece más inteligente y profundo lo que puedo conseguir por esta vía que si procediera al revés, es decir, colocando primero las ideas unas detrás de otras y tratar después de ponerlas en imágenes".

"Intento que el espectador se sienta seducido de forma totalmente irracional"

Los amantes del Círculo Polar, su cuarto largometraje, le confirmó como director de culto... y de audiencia, ya que su éxito trascendió todas las expectativas. Pocas veces se había visto que una película tan fuera de canon arrebatara la atención de un público mayoritario, especialmente joven. "Intento que al espectador le suceda lo mismo que a mí: que se sienta seducido de forma totalmente irracional, que se sienta atraído emocionalmente por lo que está viendo y que, una vez situado dentro de la historia en términos irracionales, empiece a pensar y a ver las ideas". Y lo consiguió con creces.

Los amantes del Círculo Polar es un filme capicúa, que empieza y acaba con la misma imagen (un avión estrellado entre las nieves), y cuyos protagonistas, Otto y Ana, tienen nombres igualmente capicúas. Su historia de amor es apasionada y secreta, como suelen ser las de adolescentes enamorados o la de todos los enamorados del mundo. Ana y Otto narran la misma historia desde sus versiones particulares, aunque ambos coinciden en que el suyo es un amor fou y eterno, como eterno parece ese simbólico sol de medianoche con el que la película narra su último capítulo.

"La vida es implacable: alegre y triste. Todo caduca con el tiempo, el amor también", sentencia el padre del niño enamorado, pero éste sabe que no es cierto, ya que él se sabe predestinado a amar de por vida, aunque también víctima de lo que considera el destino... "¿Se puede correr hacia atrás, unas horas atrás, una vida?", se pregunta angustiado el enamorado de la película. Su febril pasión de amor se desarrolla en círculos que se van dando paso unos a otros, siendo el más importante, según cuenta Julio Medem en su presentación en esta edición en DVD, cuando Otto se refleja en los ojos de Ana, el círculo con el que se inicia y también se cierra su amor desdichadamente imposible.

Las imágenes de Los amantes del Círculo Polar sorprenden e inquietan. Obvio es, en este sentido, elogiar la labor de Fernando G. Berridi, el director de fotografía, con quien el director trabajó estrechamente: "Por muy afectados y formales que a cierta gente le puedan parecer mis planos, éstos no obedecen sino al intento, muy sincero por mi parte, de extraer el máximo de lo que estoy contando y ese territorio indefinido del subconsciente", explicó el director. Por el montaje de dichas imágenes, Iván Aledo obtuvo el Goya de su especialidad, al igual que el músico Alberto Iglesias, que con Los amantes... lograba su tercer Goya con películas de Medem, aunque no los únicos de su carrera: "El cine de Medem es potente y muy expresivo, es un cine que necesita una idea musical muy precisa", explicaba.

Al éxito de la película colaboraron sin duda sus jóvenes protagonistas. Najwa Nimri ("cuyo rostro, sin apenas diálogos, destila fuerza a raudales, pasión y emotividad, para dotar al personaje de los matices que Medem pretendía dar a su película", se escribió) y Fele Martínez, iniciado en las películas de Alejandro Amenábar Tesis y Abre los ojos y que aquí interpretaba su primer protagonista: "Creo que nos hace falta este tipo de cine, nos hemos pasado la vida viendo otro tipo de películas. Las genialidades son escasas, de otra forma no serían genialidades", declaró.

Julio Medem tiene ya una trayectoria claramente definida: "Si hay verdad en las imágenes, es bueno que puedas sacar lo que llevas dentro y que las películas sean una prolongación de uno mismo". Su público espera con avidez una nueva película suya.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 14 de febrero de 2003