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GENTE

MIQUEL BARCELÓ EXPONE LOS FAVORITOS DE SU BIBLIOTECA

Miquel Barceló tiene en su casa estudio de Mallorca, en Artà, una biblioteca de piedra, circular, adosada a las paredes de la torre medieval de Sa Devesa. Tiene las baldas arqueadas como costillas de ballena y los títulos de los lomos acumulados, pequeños cuadros y objetos insertos expresan una parte de los temas y afectos del artista. A su fondo parisiense de lector agudo y persistente, el pintor ha incorporado de golpe los miles de libros de la biblioteca de Paul Bowles, que le ha cedido su amigo el novelista y cineasta guatemalteco Rodrigo Rey Rosa.

Barceló presenta hasta finales de septiembre una alegoría sobre su obra relacionada con los libros y bibliotecas en el Fons Documental de Artà, en la que mediante arquitectura efímera y tratamiento digital -obra de Marta Torres y Agustí Torres- se recrea la torre con libros, cuadros y motivos alusivos a las bibliotecas. 'La biblioteca es una magnífica reserva de metáforas. También me gusta la idea de la biblioteca como decoración para mi vida', ha dicho el pintor de Felanitx, que ya en los años setenta, en acuarelas o esculturas de yeso, creó obras que se remitían a libros abiertos.

'La biblioteca que pinto es mi biblioteca. Nunca he pintado un libro que no haya leído', ha reseñado. Sus series de cuadros de bibliotecas en los años ochenta se integraron en iconografía tradicional: vegetales, peces y animales. En alguna de las obras, el autor aparece leyendo de noche, erecto, con títulos y autores a la vista como ladrillos de su construcción vital. Los libros y los temas han generado referencias plásticas, a veces los nombres de las telas. El listado de afectos literarios de Barceló sería largo; ahí un ejemplo: Joseph Conrad, Scott Fitzgerald, Evelyn Waugh, Leonardo Sciascia, Martin Sutter, Paul Bowles, Jojn Berger, Hervé Guibert o Miquel Bauçà.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de agosto de 2002