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Crítica:POESÍA

Primeros pasos de nuevos poetas

Inmaculada Contreras, José Luis Rey, Pedro Marín, Josep M. Rodríguez y Raúl Alonso representan, desde campos diferentes, la convivencia entre las nuevas corrientes poéticas.

Desde mediados de los noventa, asistimos al asentamiento de un clima de convivencia entre corrientes poéticas que parecían irreconciliables. Es un fenómeno que se da también entre los nuevos nombres. La horma realista, pese a cierta retracción, sigue mostrando su vitalidad mientras otras propuestas, que van de la estética del silencio a la poesía crítica, pasando por nuevas formas de surrealismo o por la poesía contemplativa, mantienen vigorosos sus espacios creativos. Tres de los cinco primeros libros (o casi) que aquí abordamos son adscribibles al amplio campo de lo figurativo. Los otros dos oscilan entre un atemperado e irónico experimentalismo y una poesía celebratoria y metafísica, suavemente surrealista.

Vayamos a los primeros. Inmaculada Contreras (Almería, 1968), con su 'ópera prima' Corazón de barro, nos ofrece una escritura en la que se funden el impulso experiencial nacido de la relación amorosa, la contención formal representada en el poema breve -cercano, a veces, a lo aforístico- y la confesión intimista. El tono coloquial y directo, en el que la metáfora, cuando aparece, se nutre de giros irónicos, casi humorísticos ('me falla el pedal de freno / del corazón'; 'al ciempiés / le busco las cosquillas, / busco constantemente, polilla a la luz'), predomina en este poemario despojado y austero. Mayor hondura muestra Josep M. Rodríguez en Frío, su tercer libro (es autor, asimismo, de la antología de autorretratos Yo es otro, aparecida el pasado año), una colección de poemas de equilibrado lenguaje que, desde una base figurativa, no desdeña el despunte imaginario ('bajo una sombra antigua como el miedo') ni la meditación existencial: sobre la vida y sobre la muerte, sobre el reverso de la propia identidad (el otro que anida en el sujeto poético), sobre los límites de lo real y acerca su trastienda no siempre explicable: 'Más allá de las lindes / y del bosque, / un árbol crece fuerte hacia la luz'. En la poesía de Rodríguez se expresa la síntesis entre una poesía realista de origen y la voluntad indagadora en el lado oscuro de la realidad hacia la que parecen evolucionar los últimos libros de la poesía más joven (Oliván, Cabrera, Gallego). Un canto a la soledad en comunión con la naturaleza y con la vida rural, una emocionada penetración, con sutiles tonos elegiacos, en los escenarios de la memoria de la infancia y una suerte de celebración de la vida (y de la muerte) en una realidad reconocible y hecha de 'mañanas de domingos provincianos / al sol' y de tardes apacibles, es lo que nos ofrece Pedro Marín en Los días prometidos, su primer libro publicado. Ecos del Antonio Machado de Soledades y resonancias de Cernuda y de fray Luis son visibles en una poesía que descansa en la reflexión contemplativa sobre una realidad que se aleja de lo urbano e identifica plenitud de la vida con la experiencia de lo sencillo. Una lírica de gran corrección expresiva que continúa, sin esquinas perturbadoras ni derivas inquietantes, una línea más que frecuentada en los últimos años: el primer Trapiello, Sánchez Rosillo, Miguel D'Ors, entre otros.

En el segundo apartado se encuentra Raúl Alonso (Córdoba, 1975), quien con su segundo poemario, Libro de las catástrofes, ha abierto la nómina del recién estrenado Premio Radio 3 de poesía joven. Contemplación del mundo, recreación de los vínculos del sujeto poético con la materia como sustancia de la naturaleza, traslación al campo de la poesía de aquello que la ciencia sólo en parte puede explicar. Ese proceso se concreta a través de formas clásicas y tiene en el juego lingüístico, en la búsqueda de significados ocultos, nuevos, un instrumento eficaz. Desde el mismo título, el libro remite a las elaboraciones del matemático René Thom, quien en 1972 teorizó la teoría de las catástrofes. Poemario original, desmitificador y fresco que revela la existencia de un poeta tan ambicioso como amigo del riesgo. José Luis Rey, también cordobés (Puente Genil, 1973), no peca tampoco de falta de ambición. Su poemario La luz y la palabra, antología, como el propio poeta nos cuenta en una nota de 20 libros inéditos (¡!), nos habla de una lírica imaginativa y diversificada que va de lo contemplativo a lo visionario, de lo culturalista a lo metafísico ('girar hasta ser sol hasta ser sueño'), que es deudora de la tradición menos realista de la poesía en castellano -Aleixandre, Paz, Juan Ramón, el primer Gimferrer, el último Diego Jesús Jiménez- y cuyo principal riesgo está en el exceso y en la sensación que, en no pocos momentos, tiene el lector de estar ante una presencia excesiva de los maestros. Rey es, sin duda, un poeta con una enorme riqueza lingüística. Dominarla para evitar el desbordamiento y para definir un estilo propio (al modo en que lo definiera Valente) es el gran desafío que tiene por delante.

Cinco libros recomendables con un universo poético diversificado. Pero con un hueco compartido: los conflictos del mundo parecen no existir entre sus páginas. ¿Son la expresión de una tendencia hacia el ensimismamiento? Probablemente.

Corazón de barro. Inmaculada Contreras. Renacimiento. Sevilla, 2001. 48 páginas. 5 euros. Frío. Josep M. Rodríguez. Pre-Textos. Valencia, 2002. 47 páginas. 9 euros. Los días prometidos. Pedro Marín. Pre-Textos. Valencia, 2001. 60 páginas. 6,1 euros. Libro de las catástrofes. Raúl Alonso. DVD Ediciones. Barcelona, 2002. 89 páginas. 7,90 euros. La luz y la palabra. José Luis Rey. Visor. Madrid, 2001. 135 páginas. 7,21 euros.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de julio de 2002