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jueves, 3 de enero de 2002
Crítica:

Gadamer ante Heidegger

  • Hans-Georg Gadamer
Jean Grondin presenta una antología de textos de su maestro, Hans-Georg Gadamer, que empieza con una autopresentación escrita en 1975 y concluye con un diálogo con el antólogo. Una introducción bastante accesible al pensamiento y a la figura de este filósofo alemán, fuertemente influido por el pensamiento de Heidegger.

Jean Grondin, profesor de filosofía en Montreal y en Ottawa, que ya estudió en su tiempo en Heidelberg con Gadamer, es uno de los mejores conocedores en el mundo de la obra de éste y no sólo, desde luego, por la biografía que escribió en 1999 sobre el maestro y que conocemos aquí, traducida, desde el año pasado. Además de su Introducción a Hans-Georg Gadamer, de 1999 también, y de otros trabajos, acaba de publicar en Alemania otro libro sobre el tema, De Heidegger a Gadamer. De camino a la hermenéutica, que saludarán no sólo heideggerianos y gadamerianos (sobre todo éstos), sino también los hermeneutas en general, por el magnífico complemento que representa a su conocida Introducción a la filosofía hermenéutica, de 1991, reeditada este año. Insinuaba que la saludarán sobre todo los gadamerianos porque, aunque reconoce que el pensamiento de Gadamer es una respuesta directa al de su maestro Heidegger, muestra o pretende mostrar que aquél abre horizontes completamente nuevos. (Además de que Grondin parece haber considerado siempre, y seguramente con razón, que después de Ser y tiempo, 1927, de Heidegger la obra más importante e influyente de la filosofía continental europea es Verdad y método, 1960, de Gadamer. Claro que, de todos modos, Grondin es de otro continente).

ANTOLOGÍA

Hans-Georg Gadamer A cargo de Jean Grondin Sígueme. Salamanca, 2001 220 páginas. 25,12 euros

Es curioso que en el diálogo final, de 1996, de esta Antología, ante una pregunta precisa de Grondin relativa a esta cuestión, sobre si su pensamiento continúa el de Heidegger o es una alternativa a él, Gadamer no responda directamente, sino con consideraciones muy interesantes pero sólo en torno a la pregunta. Tiñendo la larga respuesta de este espíritu: 'Yo fui un admirador de Heidegger', para decir a continuación que su primer libro, Ética dialéctica de Platón, se atenía demasiado al esquema del maestro; o 'una vez que Heidegger ya no está en mi vida, como quien dice', para escribir a continuación lo más cercano como respuesta a la pregunta, y sin más comentarios: 'A él su impronta religiosa, su afán de buscar a Dios durante toda su vida, le impulsó a todos sus radicalismos. A mí me sucedió lo mismo a mi manera, pero con la gran diferencia de que mi infancia no se vio marcada de veras en la misma dirección'. (¿El viejo que regresa a la niñez como a un origen que anticipa y renueva también, hermenéuticamente, cuestiones de la historia personal? La hermenéutica aplicada a sí mismo).

Admite que 'de Heidegger no se puede prescindir para explicar cuál fue mi formación'. Que lo que le debe a Heidegger en ese sentido 'es que él me obligó a estudiar filología clásica y con ello aprendí a seguir de una manera algo más disciplinada su propia tendencia, a saber, a mostrar desde el lenguaje cuál es el origen de los conceptos'. Y que admira 'la fantasía y vigor de su pensamiento', el que fuera decididamente 'en pos de sus intuiciones' y que lo lograra tan bien, advirtiendo de paso que eso es algo a tener en cuenta cuando se critica a Heidegger en general, pero sobre todo por su 'error político': 'Quien es capaz de pensar de manera tan vigorosa puede escapar con la rapidez del rayo de cualquier posible autocrítica'.

Veinte años antes, en la Auto

presentación con la que comienza este libro, era más efusivo con el maestro y yo mismo le he oído muchas veces serlo. En cualquier caso, si parece que de Heidegger resulta ineludible hablar cuando se habla de Gadamer, es porque parece que a Gadamer le resulta ineludible hablar de Heidegger cuando habla él mismo.

No por conocidas para los esforzados estudiosos cosas como estas que acabo de citar, y en general el contenido entero de esta Antología, son menos oportunas de recordar aquí para el público amplio al que se dirige el libro, una de cuyas bondades en general, y de su traducción para el mundo hispano en particular, es que hace fácilmente accesible un conjunto bien armado de textos que pueden dar, así, una idea introductoria y global del pensamiento y figura de Gadamer. Aunque ninguno de ellos fuera inédito y, excepto el Diálogo final y De la palabra al concepto por la fecha de su composición, todos pudieran encontrarse ya, desde 1995, en alemán, en los 10 gruesos volúmenes de las obras completas, las Gesammelte Werke, de Gadamer. Y todos, por supuesto, desde 1997, en la edición original de este 'libro de lectura'.

Para justificar la bondad de esta Antología me refería al principio a la competencia de Grondin, su editor, que, como buen conocedor del pensamiento de Gadamer, es también un personaje ideal para este trabajo, a agradecer junto con su buena presentación en castellano. La introducción misma da muestras de esa pericia de Grondin en la obra de Gadamer. No justifica su selección, ni hacía falta; muestra y convence de que era la mejor posible para los fines propuestos: presentar textos cortos (los 'escritos breves más importantes de Gadamer', dice), que todos puedan leer y que fueran representativos del conjunto de la obra gadameriana. Yo creo también que Grondin ha elegido muy bien en este sentido los artículos de esta antología, la mayoría de los cuales son textos de conferencias y llevan la impronta de la palabra viva de Gadamer.

Gadamer ha sido un brillantísimo comunicador, un gran profesor, conferenciante, entrevistado, conversador, polemista. Maneja el arte de la dicción del lenguaje como nadie. Y escribe como habla, aunque no tan bien como habla. Le agrada la cercanía humana que promueve la palabra hablada. Escribir, sin embargo, le ha costado siempre. No sólo porque le pareciera en algún momento que 'Heidegger me miraba por encima del hombro' al hacerlo, sino, sobre todo, porque es lógico que el monólogo solitario del escribir no pueda gustar demasiado al maestro del diálogo. Su obra principal, Verdad y método, la publicó a sus 60 años y más bien a instancias de sus discípulos repartidos por todo el mundo que deseaban tener un corpus doctrinal del maestro. Los artículos que aparecen aquí son todos posteriores, y el más reciente fue escrito con 92 años. (Todavía hoy, con sus 101 años largos de vida a la espalda, ayudado ya, baja a Heidelberg una vez a la semana a su despacho del Seminario de Filosofía en la Marsiliusplatz).

Esta Antología comienza con la autopresentación de Gadamer de 1975 y acaba con el diálogo suyo con Grondin, a que nos hemos referido. La primera es una especie de Bildungsroman en que relata el inicio y derrotero de sus intereses filosóficos: los años decisivos de formación de Marburgo, los precarios y oscuros de Leipzig de 'supervivencia' durante el Tercer Reich, los de madurez y esplendor de Heidelberg... Y defiende, sobre todo, su hermenéutica de los ataques más fuertes que ha recibido y sigue recibiendo, que la califican de negación de la racionalidad metodológica, de metodología de encubrimiento ideológico o de ser una recuperación del significado anticipador de la tradición, sí, pero a la que le falta la reflexión crítica y emancipadora que libere de ella.

El Diálogo final que Gada

mer mantiene con Grondin, 21 años posterior a la Autopresentación, pasa revista a su obra, a su recepción de la historia y a su propia recepción por ella. Revisado y completado varias veces por Gadamer, este diálogo es representativo también de su propio modo de colaborar a esta última: él mismo ha sido su mejor editor; durante 10 años (1985-1995), póstumo como si dijéramos a sí mismo, eligió, corrigió, mejoró, reelaboró sus escritos para la publicación de sus obras completas.

El corpus central de la antología recoge artículos en torno a tres temas clave y subsecuentes. A la hermenéutica filosófica y al contexto de la hermenéutica en general en que se enclava. A la estética y la poética en cuanto primera inspiración de la hermenéutica de Gadamer; y no como aplicación suya, según se malentiende muchas veces a pesar de que Gadamer mismo haya dejado claro lo contrario otras tantas (no sólo ya en la primera parte de Verdad y método). Y en torno a la filosofía y su historia, campo en el que aparece toda la maestría del modo de proceder y dialogar de Gadamer (sobre todo con Platón, Hegel y Heidegger) y que puede considerarse, éste sí, como el de su 'hermenéutica aplicada'.

Una antología ésta muy útil para introducirse en la vida y el pensar del más viejo y más grande de los filósofos vivos. De un filósofo, en todo caso, a cuyo último libro, que se acaba de publicar en alemán y que recoge otro largo diálogo con él, se ha podido dar un título, ambiguo quizá pero en cualquier sentido representativo: La lección del siglo. (Libro, por cierto, que puede significar un magnífico complemento a éste).

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