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domingo, 19 de noviembre de 2000

La cumbre de Panamá condena a ETA Castro queda totalmente aislado al negarse a poner su firma en la declaración final

La X Cumbre Iberoamericana concluye con una declaración de condena del terrorismo etarra

La X Cumbre Iberoamericana concluyó anoche en Panamá con Fidel Castro como protagonista. El presidente cubano quedó aislado del resto de los participantes al negarse a suscribir una declaración de condena al terrorismo de ETA y de solidaridad con España. Castro no quiso firmar el documento porque en éste no se mencionaba a su país, al que definió como "la mayor víctima del terrorismo de Estado del mundo". Castro monopolizó buena parte de un tenso debate que estuvo plagado de recriminaciones históricas. El terrorista cubano más buscado, Luis Posada Carrillo, fue detenido el viernes por la policía panameña en una operación orquestada por el espionaje cubano.

CUMBRE IBEROAMERICANA EN PANAMÁ La X Cumbre Iberoamericana de Panamá concluyó ayer con una declaración de condena del terrorismo etarra y de solidaridad con España apoyada por todos los países salvo Cuba, al término de un tensísimo debate, lleno de recriminaciones históricas, en el que Fidel Castro quedó completamente aislado. El incidente, que se desarrolló ante los ojos de todos en sesión abierta, deja bajo mínimos el tono de las relaciones hispano-cubanas.Castro monopolizó la mayor parte del debate para reiterar, entre largas disgresiones muchas veces extemporáneas y pronunciadas con dificultad o con lagunas, el argumento básico de que la resolución adoptada "no menciona al terrorismo de Estado, y Cuba ha tenido más víctimas que nadie del terrorismo de Estado procedente de Estados Unidos". Por ello, dijo, la disociación cubana no es un gesto inamistoso hacia España. "A Cuba le quieren divorciar del pueblo español", afirmó también, "pero a Cuba, cuando defiende la verdad o algo que considera justo, no le intima nadie".

Los prolongados esfuerzos retóricos del líder cubano se orientaron, no obstante, sobre todo, a desviar el debate hacia el futuro del activista Luis Posada Carriles, detenido el viernes en Panamá cuando presuntamente preparaba un atentado contra Castro, enmarcando el suceso en hechos históricos del acoso internacional sufrido por Cuba y en otros más inciertos como el poder "de falsear las elecciones presidenciales en Florida", que el líder cubano atribuyó ayer específicamente a la Fundación Hispano-Cubana que dirige Posada. Es ahí donde saltaron las acusaciones de Castro contra El Salvador, proponente de la resolución de condena a ETA, sobre la presunta implicación de ese país en el terrorismo anticastrista. La reunión pareció irse al traste.

"Es absolutamente intolerable que usted, que entrenó a gente para matar a muchos salvadoreños, me acuse a mí de estar implicado con Posada Carriles", le respondió el presidente salvadoreño, Francisco Flores, un hombre joven y sin pasado de guerra. El debate entre ambos siguió en el mismo tono. Castro reconoció, "con orgullo", que había ayudado a la guerrilla salvadoreña. El presidente José María Aznar intervino únicamente para decir, cuando el líder cubano amenazaba con una nueva réplica: "Lo que hay encima de la mesa es una declaración y eso es lo que deberíamos limitarnos a tratar".

La resolución, apoyada especialmente por México y Portugal, que pidió a Cuba que se sumara al consenso, recoge el compromiso de los líderes iberoamericanos de "combatir conjunta y firmemente, a través de todos los medios legales a disposición del Estado de derecho, cualquier tipo de acción terrorista", y añade: "Manifestamos nuestra firme condena al terrorismo y rechazamos las acciones del grupo terrorista ETA cometidas en España, al tiempo que deseamos dejar constancia de nuestro apoyo y solidaridad con el pueblo y el Gobierno de España".

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quiso aliviar las tensiones: "Lamento que la discusión haya llegado a este tono. Creo que tenemos que prohibir esto aquí, porque si vamos a acusarnos por el pasado, el de España... bueno, no digo más". El Rey Juan Carlos se unió a las risas de toda la sala. Más difícil es, en cambio, que se supere la tensión entre Madrid y La Habana, de la que hay señales claras. El viernes, el Rey y Aznar mantuvieron un silencio total y elocuente mientras los reunidos aplaudían una intervención de Castro. Éste faltó luego a la cena en la que, por sorteo, hubiera tenido que ocupar la silla contigua a la del presidente español. Ayer el Rey ni siquiera sonrió cuando en mitad de uno de sus discursos, el líder cubano, refiriéndose al 25º aniversario de la restauración de la monarquía española, dijo: "Felicito a Don Juan Carlos, a quien estimo mucho, mucho, mucho. Dios ha querido que él fuera Rey y que yo viva". Aznar dijo ayer que la cumbre había puesto "a cada uno en su sitio" y, refiriéndose a los peligros que Castro dice correr, añadió: "Yo si que he sido víctima de un atentado terrorista".

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