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CARTAS AL DIRECTOR

Respuesta de Muñoz Molina

No tengo por costumbre responder a las cartas de los lectores que disienten de mis artículos, pero la de la señora Ramona Gallego Martínez, publicada el día 13 de abril, sobre mi artículo Andalucía obligatoria, me ha producido una desolación especial, porque muestra que o bien yo no sé explicarme o que el adoctrinamiento en las pasiones regionalistas o nacionalistas es tan intenso que ya no tiene remedio.La señora Gallego dice que yo arremeto contra la cultura de los andaluces": si lee con atención mi artículo, verá que contra lo único que yo "arremeto" es contra las caricaturas de Andalucía que se fabricaban en el franquismo, y que ahora han vuelto a ser la imagen dominante de nuestra tierra. Tampoco digo, en ninguna parte, que los andaluces seamos "atrasados", como si el atraso fuera un rasgo mental: digo que Andalucía padece un atraso económico, social y cultural tremendo, cosa que la señora Gallego, siendo de un pueblo de la provincia de Jaén, tiene tantas razones para saber como yo; no digo que seamos vagos, sino que en los últimos años lo que se ha alentado en Andalucía no ha sido la cultura del trabajo, de la responsabilidad y del esfuerzo, sino de la juerga y la vagancia, en gran parte porque no se ha hecho nada por remediar la plaga horrible del paro, y porque las clases dirigentes andaluzas

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nunca han llevado su amor por la tierra hasta el punto de crear fuentes de prosperidad y de trabajo honrado en ella. Si hay algo que yo admiro y respeto es el trabajo de los pobres. Procedo de una familia trabajadora y desde mi infancia vi lo que significaba el trabajo sin recompensa, el agotamiento de los hombres en la tierra y de las mujeres en la casa o en el tajo de la aceituna. He dedicado muchos artículos y muchas páginas de mis novelas a contar y vindicar las vidas de esa gente, así que me resulta particularmente ofensivo que se me acuse de complicidad con la calumnia de nuestra vagancia. Por favor, no me hagan decir lo que no he dicho.

En cuanto a que yo reniego de mis raíces, o que contribuyo a acrecentar el "racismo psicológico", un par de precisiones nada más: cuidado con las cosas a las que llamamos raíces, porque, pareciéndolo, pueden ser atadura, y también porque los seres humanos, afortunadamente, disponemos del privilegio de caminar y no estamos plantados en la tierra; y no soy yo quien fomenta el racismo: quienes lo fomentan son aquellos andaluces que, en sus posiciones de poder político y cultural, repiten machaconamente, con perfecto cinismo, los tópicos más falsos sobre nuestra tierra. La señora Gallego, que es instruida y de izquierdas, debería recordar que en la historia de España, cada vez que se ha empezado a llamar renegados a los que disienten, se ha acabado enviando al destierro a las personas instruidas y a las personas de izquierdas. Mucho cuidado con establecer divisiones entre renegados y leales y con organizar campeonatos de amor por la propia tierra.

Produce cansancio y desolación tener que repetirlo, pero yo no tengo nada ni contra las sevillanas ni contra el folclor: contra lo que me rebelo es contra la obligatoriedad de esas cosas contra el proceso acelerado de tergiversación y caricaturización mediante el cual se las está queriendo convertir en la cultura oficial de los andaluces, y lo hago justo porque amo a mi tierra, porque conozco y admiro las formas tan delicadas y plurales de su arte popular y porque me duele mucho la injusticia en la que sigue sumida. Que a mí no me gusten las sevillanas ni los Morancos, por poner dos ejemplos de la cultura andaluza más asiduamente celebrada por Canal Sur, no quiere decir que yo arremeta contra Andalucía: tan sólo, modestamente, que ejerzo mi derecho personal a detestar ciertas cosas. ¿Arremete contra Aragón un aragonés a quien no le guste Nobleza baturra, o es un renegado de su tierra un canario que no se conmueva, con las canciones de José Vélez? ¿Será menos valenciano el valenciano hipotético que no vibre con las Fallas? Ruben Darío pregunta desafiadoramente en un poema: "¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?": yo me limito a preguntar si tantos millones de andaluces bailaremos obligatoriamente sevillanas. Pero, como decía el torero, hay gente para todo, y del mismo modo que el actual presidente del Gobierno en funciones tiene tanta admiración por el tipo de andaluz representado por el chistoso Paco Gandía, yo no creo ser menos andaluz ni insultar a nadie si digo que prefiero a otros personajes andaluces, como Fernando de los Ríos o Antonio Machado, o como mis padres, que han pasado sus vidas enteras trabajando y viviendo con rectitud y decencia Y no se parecen nada a los andaluces de sainete que ahora ha resucitado la cultura oficial.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 17 de abril de 1996