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domingo, 28 de abril de 1991

La niña asesinada en Huelva murió de un golpe a las pocas horas de salir de su casa

El sepelio de la niña onubense Ana María Jerez Cano, de nueve años, se convirtió ayer en una extraordinaria manifestación de solidaridad. Miles de onubenses, con indignación contenida, acompañaron el féretro de la pequeña, cuyo cuerpo fue hallado el viernes, decapitado, en el río Tinto, a Cuatro kilómetros de Huelva, tras 69 días de búsqueda infructuosa. Fuentes próximas a la investigación declararon a Efe que la niña fue asesinada entre las 24 y las 48 horas después de su desaparición. La gobernadora civil de Huelva, Violeta Alejandre, dijo ayer que la muerte se debió probablemente a un golpe.Las prueba tomadas en la autopsia, concluida a las dos de la madrugada, se remitieron ayer a Madrid, Y el resultado de la misma no se conocerá en varios días, según fuentes próximas a la investigación. Sólo entonces se desvelarán todas las incógnitas que rodean el suceso: las causas y el momento aproximado de la muerte de Ana María, que desapareció el 16 de febrero cuando iba a casa de una amiga.

El cuerpo pudo ser identificado por un anillo y algunos harapos que conservaba encima. La Policía evitó a los familiares de la pequeña "el trámite de la identificación. No ha sido necesario, pues hubiese significado un momento terrible para cualquiera, dado el pésimo estado del cuerpo", según fuentes policiales.

Huelva vivió ayer un día oscuro. Una jornada en la que la tristeza lo dominó todo. El velatorio de Ana María fue una sucesión de escenas de dolor contenido. Pero la indignación de algunos ciudadanos se desbordó en las proximidades del cementerio onubense de La Soledad. "Que entreguen al asesino de Ana María al pueblo de Huelva, a los que son padres y madres. Ellos sabrán qué hacer con él", gritaba entre sollozos una mujer.

El Ayuntamiento de Huelva declaró ayer jornada de luto y todas las banderas de la ciudad ondearon a media asta.

El obispo de Huelva, Rafael González Moralejo, presidió la misa previa al entierro. "Su deseo consiste en estar con los padres de Ana María en estos momentos terribles", aseguré, el capellán del cementerio de Huelva, Teodoro Bernal.

El féretro fue trasladado hasta el nicho a hombros del padre de la niña, José María Jerez, un funcionario del juzgado de la localidad onubense de La Palma del Condado, que durante estos días ha dado muestras de una integridad extraordinaria. La madre, Adoración Cano, lloraba y repetía: "Mi niña, mi pequeña, me la han quitado".

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