
Un implante cerebral permite recuperar parte de la visión tras años de ceguera
Miguel Terol perdió la vista de forma abrupta entre finales de 2018 y comienzos de 2019. Primero fue un ojo, después el otro. El diagnóstico fue una neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica, una lesión grave en ambos nervios ópticos causada por una falta de riego sanguíneo. El resultado fue una ceguera completa y permanente.
Años después llegó una posibilidad inesperada. Su neuróloga le habló de un ensayo experimental en la Universidad Miguel Hernández.
- En lugar de intentar reparar unos ojos y nervios ópticos dañados (algo que hoy no es posible), los investigadores optaron por estimular la corteza visual del cerebro, la zona encargada de procesar lo que vemos, para generar percepciones artificiales como puntos de luz, destellos o formas básicas.
¿Y qué ocurrió? En 2022, a Terol le implantaron quirúrgicamente una matriz en la corteza visual primaria.
- Esto permitía enviar impulsos eléctricos muy controlados para provocar fosfenos, es decir, sensaciones visuales creadas artificialmente por el cerebro.
Apenas 48 horas después de la operación, algo cambió. Terol empezó a notar luces y movimientos frente a él.
- Fue capaz de describir la posición de los brazos de las personas que tenía delante.
- No veía con nitidez, pero percibía sombras en movimiento.
¿Por qué es importante? Porque pone en duda que la ceguera sea siempre irreversible. El caso demuestra que, incluso años después de una lesión grave del nervio óptico, el cerebro podría conservar una capacidad de reorganización mayor de la que se creía, aunque se trate de un resultado excepcional y no generalizable.
©Foto: Eduardo Fernández