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LA CAMPAÑA ELECTORAL

El Partido Humanista, una piel para la secta La Comunidad

Los documentos de la organización reconocen que es "algo más que un partido"

JUAN G. IBÁÑEZ Madrid La presencia del Partido Humanista en Izquierda Unida suscita en otros grupos políticos de la coalición una clara preocupación, aunque inconfesada públicamente, sobre su verdadera naturaleza. Diversos documentos humanistas señalan que "es algo más que un partido", en lo que parece una referencia a La Comunidad, la asociación cultural con características de secta, de la que nació el partido en 1984 y cuya jerarquía, ceremonias -incluso de matrimonio- y liturgias -hay miembros que son ordenados- han continuado practicándose en la organización política, según aseguran varios ex militantes.

La conversión de La Comunidad en Partido Humanista, realizada en España en 1984, no deja lugar a dudas, por cuanto es sugerida en diversos documentos internos, incluso con sentencias tan coloristas como "todos los huevos, en la misma canasta", así como por las coincidentes versiones de miembros de la secta que se transformaron en militantes políticos. Al pergeñar la organización partidista, sus diseñadores afirmaron expresamente que debía tener la especificidad propia de los grupos políticos clásicos, pero ya, precisaron: .además, queremos seguir creciendo estructuralmente (en presumible alusión a La Comunidad). Es decir, crecer estructuralmente", insistían, "y simultáneamente formar la piel que nos cubra: el Partido Humanista".Rafael de la Rubia, presidente de La Comunidad desde su fundación, en 1980, hasta 1984, en que asumió la secretaría general de Partido Humanista, ha admitido a este periódico que "mucha gente de La Comunidad se pasó al partido", pero niega que la asociación cultural se haya "reconvertido directamente en organización política". Tras señalar que ya no pertenece a La Comunidad y que ésta mantiene "una existencia aparte", relacionó la aparición del Partido Humanista en España con "la ineficacia real del pacifismo y la necesidad de que las tesis pacifistas estuviesen representadas dentro de los mecanismos institucionales de poder".

Uno de los jóvenes que abandonó el Partido Humanista en enero de 1985, tras haber ingresado en La Comunidad en diciembre de 1983, recuerda que a menudo, antes de salir a la calle para intentar captar adeptos o participar en alguna de las campañas del partido, practicaban en la sede una "experiencia guiada" -ejercicio de autocontrol mental habitual en La Comunidad- para 1lenarte de energía y así trabajar con más entusiasmo", dice. Reunidos en una habitación a oscuras, en silencio y con los párpados cerrados, los asistentes escuchaban a un guía la lectura, repleta de enfatizaciones y pausas, de un texto alegórico, a cuyo término cada oyente hacía una interpretación en voz alta.

Ritos litúrgicos

Este tipo de actividades concluía habitualmente, al igual que otras reuniones, con una recomendación, en la que cada participante asumía personalmente el compromiso de atraer al partido -como antes a La Comunidad- a un. determinado número de personas. La incorporación de nuevos afiliados, al igual que en La Comunidad, constituía una plataforma para ascender en el partido; pero si en el plazo previsto no era alcanzado el objetivo, quien lo había asumido se sentía en el compromiso de compensarlo pagando las cuotas que ellos habrían aportado.

Según varios antiguos humanistas, quien dirige este tipo de reuniones genera un ambiente de presión psicológica, porque "si no te comprometes tanto como él quiere, te dicen que 'así no vas a durar aquí mucho', que no tienes sentido del servicio o que 'no te mojas'" "Y eso", agrega M. L. M., de 20 años, "no deja de ser una forma de violencia, cuando ellos dicen que su metodología es la no-violencia".

En otras circunstancias, como las de abandono del grupo y rebelión frente a sus prácticas por parte de alguno de sus miembros, la sutil presión ha llegado a transformarse en amenazas verbales más inquietantes, según otro antiguo integrante de la organización.

J. L. N. R., de 24 años, asegura ,que "dentro del Partido Humanista han continuado las experiencias guiadas", la jerarquía de miembros . ropia de La Comunidad - primer magisterio, magisterio, aceptado, orden, escuela, activo y adherente, de mayor a menor- e incluso la celebración de alguna ceremonia de matrimonio y bautizo, realizados -entre cirios y vestimentas de gala- según un preceptivo Libro de ceremonial. En el ritual del bauilizo, todos los asistentes se comprometen a hacerse cargo del recién nacido en caso de que a sus padres les sucediese algo.

Estos actos siguen una auténtica liturgia, al igual que el de ordenación de los miembros denominados escuela, según la versión de dos testigos presenciales. A la ceremonia de ingreso en la categoría de orden sólo pueden asistir quienes pertenecen a ella o a otras superiores, y en el curso de la misma, el aspirante se acuesta en el suelo, en posición semejante a la de los seminaristas que son ordenados sacerdotes. Al final, los aspirantes -casi siempre dos, en una pretensión de hermanación- reciben el Libro de ceremonial, el caduceo -una barra de bronce que simboliza el equilibrio que emana de su dueño- y un paño rectangular de color naranja, con el que se pretende representar el entorno mundano.

Restricción de vida privada

Varios ex miembros del Partido Humanista y de La Comunidad han comentado a EL PAÍS su experiencia de que el funcionamiento y las actividades de ambos grupos generaban en ellos una progresiva restricción de su vida privada y una creciente dependencia de la organización. Un estudiante de 23 años, R. F. M., recuerda: "jugaba todas las semanas al fútbol y me decían que era mejor que hiciera experiencias guiadas, que así también podía bajar kilos". Otros antiguos integrantes de las dos asociaciones han coincidido en señalar que su trabajo humanista les mantenía alejados de sus casas a altas horas de la noche, incluso hasta bien entrada la madrugada. Ello revertía en frecuentes discusiones con sus padres y, más de una vez, en el abandono del domiciflo familiar para iniciar una convivencia con otras personas del grupo.

Estos enfrentamientos en el seno de las familias han hecho que varios padres hayan acudido a la asociación Pro Juventud -integrada por parientes de jóvenes víctimas de sectas- para denunciar el control mental de que son objeto sus hijos, si bien, al ser advertidos de la necesidad de llevar a cabo un esforzado proceso de reinserción familiar, han declinado por lo general su solicitud de ayuda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de junio de 1986