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lunes, 18 de junio de 1984
Entrevista:Mis queridos monstruos

Alfredo Landa

Fueron, sí, los años del landismo. Landismo: españolía media y masculina de los sesenta, conjunto de gente bajita y reprimida, que no tenían gran interés como conjunto ni como gente, salvo en el cine, desde Masó a Dibildos, pasando (si es imprescindible) por la tercera vía, consagró a estos nuevos/viejos españoles, hizo de sus comedias una sociología de lienzo moreno en la que, como me dice Saura, habrá que estudiar la sociedad de aquella época (el, landismo éramos nosotros), metaforizada por un gran actor navarrico y feo: Alfredo Landa.

A mí me habían cogido entre una donna gorda y un paisano bajito, y yo le había quitado del escote, a la donna, la flor que llevaba, y le había metido en el escote, en cambio, la tarjeta de mi paisano bajito, el famoso Morris de Valladolid, que no sé si a ustedes les suena, pero a lo mejor no, y en este fino jaleo estábamos cuando llegó Alfredo Landa, como en una de sus comedias, "adiós, gente, que me voy a tomar un algo con Alfredo Landa, premio de interpretación de Cannes, ¿cónocen?".-El landismo Landa.

-El landismo consistía en salir mucho en calzoncillos persíguiendo señoritas.

-¿Tú acostumbras a salir en calzoncillos a perseguir señoritas?

-Yo soy monógamo.

-Explícame esa aberración.

Alfredo Landa peina poco pelo, anda como los cow/bois bajitos, mueve las manos como los camioneros locuaces y trae camisa de cuadritos rojos y una rebeca que le ha hecho su señora, de lana negra con rayitas amarillas, rojas y verdes.

-Pues resulta que conocí a Maite en San Sebastián, que es donde yo vivía, una ciudad que quiero mucho, o sea que nos conocimos en el TEU, que los dos éramos actores, y nos pusimos de novios y los amigos me decían, ya sabes, Umbral, lo que son los amigos: "Pero hombre, Alfredo, si tú mides uno sesenta y siete y tu novia mide uno setenta y tres: ¿no te da reparo pasearla?". A mí por qué: yo la quiero y' ella me quiere".

-Lo cual que nunca has tenido complejo de bajito.

-Me hubiera gustado crecer un poco más, pero tampoco demasiado.

-Tienes razón, Alfredo, no hay que pasarse. Así que la rebeca te la ha hecho tu señora.

-Sí, ¿tienes algo que decir? El modelo está tomado de una gran revista internacional de labores Maite fue y me dijo: "Alfredo, ¿te gusta ese modelo?". "Sí, Maite, sí que me gusta". "Pues te lo hago" Y me hizo la rebeca. ¿Tienes algo que decir?

-No, Alfredo. Sólo que si en Cannes te han dado el premio por la rebeca.

-Mira, Umbral, lo del premio es como un sueño, yo es que todavía no me lo creo. Pero no creas que por eso voy a encam panarme ni a cobrar más caro ni a no seguir haciendo lo que me salga, de trabajo. Yo hago lo que sale, yo lo hago todo y, cuando el guión o la comedia no tienen nada dentro, me lo saco yo de las entrañas.

-Estábamos en que Maite y tú os hicisteis novios en el TEU.

-Sí, y me enamoré, y ella ha cía Letras y yo Derecho, pero lo dejé en seguida para venirme a Madrid de actor, y ella terminó la carrera y hasta ha hecho la tesis.

-¿Y sobre qué ha hecho Mai te la tesis, Alfredo?

-Sobre la letra jota en el euskera.

-Sobre la letra jota en el eus kera. Menuda tesis, Alfredo ¿Cuántos niños tenéis?

-Tres. Y ella te admira inu cho, para que lo sepas, y ha leído todos tus libros, o casi todos.

-Pero es una actriz frustrada-No, qué va, para nada, es fe liz, completamente feliz, los dos somos felices, con los chicos, y alguna vez me dice ella que tal papel de tal actriz le habría gustado hacerlo a ella y que, quizá, incluso lo hubiera hecho mejor, y yo le digo que sí, que es posible, porque efectivamente pienso que sí, que es posible, y ahí se termina todo.

-¿Viniste a la conquista de Madrid?

-Claro. Tuve que convencer a mi madre, que no quería. "Madre, si a los cuarenta años soy un desgraciado, tú habrás tenido la culpa". Y me dijo: "Vete". Y aquí estoy. A mí me han llamado de todo, cuando el landismo, las peores cosas, los críticos, me refiero, de modo que dejé de leer críticas.

-Y creaste el landismo.,

-Pues se conoce. Yo lo ponía todo en aquellos personajes frustrados y salidos en los que no creía.

-Pero estabas ejemplificando al español medio de la represión, Alfredo. A veces ocurre, Alfredo, que un actor escapa a la calificación profesional para trascender hacia un arquetipo social: James Dean respecto de la juventud americana de los 50. Yves Montand respecto del gauchisme francés. Pepe Sacristán en cuanto a la progresía española de escasos medios. Y así.

-Pues tienes razón, Umbral, seguramente es eso. Yo no era aquel señor lanzado y reprimido al mismo tiempo, pero yo me fijo mucho, Umbral, observo, y entonces los españoles eran así y yo los hacía así, aunque mis personajes fueran muñecos.

-¿Y aquello era bueno o malo?

-Hombre, es mejor la libertad, mucho mejor. Se han perdido aquellas represiones, aquellas obsesiones, y hoyestamos mucho mejor.

(El landismo, desocupado lector, era ir en la vespa de un amigo, a ligar a los bafles/bolera. El landismo era tener un niki de diario y otro para los domingos. El landismo era ser ayudante de un cirujano callista y hacerse llamar podólogo. El landismo era creer que todas las mujeres son huidizas por naturaleza -cuando viene a ser al contrario-, ' y que los calzoncillos de guardameta de los años treinta, en lienzo moreno, las erotizan mucho. El landismo era creerse chiquito, pero no matón. El landismo era luchar día a día contra el medio, sin planearse nunca el problema total, histórico, mitológico, de la adversidad del medio. El landismo era ir a ver películas de Alfredo Landa y no reconocerse en ellas, o resolver la catarsis en risa, "como expresión de lo reprimido": para eso estaba ahí Alfredo Landa, para reunir en sí todas las frustraciones nacionales, generacionales, todas nuestras frustraciones, salvándonos a nosotros de ellas, así, durante hora y media de película y cachondeo. Esto sólo puede hacerlo un gran actor y un actor que, además, emerge del pueblo, de la masa social).

-Alfredo, la primera vez que yo te vi en el teatro fue en la Ninette de nuestro grande y entrañable Miguel Mihura. Con un personaje de verdad, eras ya mucho más actor.

-Yo estaba haciendo un Lope, y don Miguel vino a verme después de la función, y para mí fue como hablar con Dios, y don Miguel me ofreció aquel papel del amigo de Juanjo Menéndez, que era el que hacía la fúción, y .en aquel papel estaba un poco el autor, el propio don Miguel, de modo que lo hice con toda el alma.

-Del landismo me parece que te apartó Summers.

-Efectivamente. Yo, con Summers, hice No somos de piedra y La niña de luto y cosas así, y los amigos me decían que no es por ahí, Alfredo, que ése no eres tú, pero yo sabía que era por ahí, yo veía que en estos personajes había más cosa, más material para interpretar.

-Y Bardem.

-Efectivamente, Bardem me dio el gran papel en El puente, que también algunos creían qye yo no lo iba a hacer bien, y me parece que lo hice bien. Y, cuando Plácido, Berlanga me dijo que, si me hubiera visto antes, Plácido lo habría hecho yo.

-Berlanga.

-Hombre, es el maestro en esto del cine de humor, y a mí me gusta mucho el humor, y ahora voy a hacer con él La vaquilla, que, es una película de cuando la guerra, y estoy encantado.

-Pero el premio de Cannes te lo han dado por un personaje dramático, muy dramático.

-Sí, y lo he hecho con el alma, pero a mí me sigue divirtiendo mucho hacer humor.

(Landismo: manera singular y original de ocupar un lugar en el mundo español de los sesenta/ setenta, donde no había lugar para nadie, a fuerza de poner voz muy madrileña, mover mucho las manos, sacarse los pantalones como quien saca la pistola y, finalmente, reflejar, mediante todo eso, una realidad social que se les escapaba a los sociólogos, y que era la del que, a-pesar-de-todo, estaba dispuesto a realizarse, palabra que, como recuerda la adorable Fran Lebowitz, no figura para nada en las obras completas de Shakespeare).

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-¿Crees que existen, todavía, en el campo español, personajes como Paco el Bajo, ese criado infinitamente servil de la novela de Delibes, ese hombre que se degrada en perro, gustosamente, por su amo?

-Sí, creo que eso existe y lo he conocido. Aunque las cosas hayan cambiado algo. En cuanto al personaje en sí, es un ser lleno de amor, de un infinito amor y temor por su dueño, y yo comprendí eso, que el amor era la clave del personaje, y me llené la mirada de amor y admiración, y ahí está el secreto de todo.

-Pero tú no has sido nunca un hombre, de campo.

-No, qué va, para nada. Pero ya te he dicho antes que yo me fijo mucho, y a los tres días de andar por el cortijo donde rodamos, yo era ya uno más de los peones del cortijo, de los peones de verdad, hasta el punto de que llegaron unos amigos y no me reconocieron ni se fijaron en mí.

-Madrid.

-Pues sí, ya sé lo que quieres decir, Umbral. Que si en San Sebatián me reprochan el haberme venido a Madrid. Algún amigo, alguna vez (para mí los amigos son fundamentales en la vida), me ha llamado "el madrileño", y le he dicho: "no me lo digas peyorativamente, oyes, que no es eso, que yo soy más de aquí que nadie, pero también so3rde Madrid, que es un pueblo cojonudo y no lo que vosotros os creéis". Y sobre todo aquel Madrid, Umbral, de los primeros sesenta, que tú y yo hemos conocido.

Alfredo Landa mueve un índice corto para negar, da un discreto puñetazo en la mesa para afirmar, fuma rubio y lamenta haberse quedado con un poco menos de pelo. Alfredo Landa es un gran intuitivo y lo sabe.

-A ti te habría gusto ser un galán, Alfredo.

-Por supuesto que no, Umbral.

-¿Te dan risa los galanes?

-No me da risa nadie. Pero estoy contento con lo mío y no me ha podido ir mejor.

-Te viniste a Madrid con dolor de tu madre, Alfredo.

-Eso sí que es verdad.

-He leído por ahí, en las entrevistas, Alfredo, que a tus hijos les evitas toda sensación agobiante de divismo.

-Es verdad. Yo me gano la vida con esto como podía estar sellando letras de cambio en un Banco. Quieko que mis hijos sean ellos mismos y por sí mismos, no por ser hijos de su padre.

Y vuelve la pectoralísima donna intempestuosa/intempestiva de las flores, y Alfredo pasa y Alfredo es un monógamo convencido, como tantos vascos y de por ahí, y Alfredo me dice que su mujer le ha ayudado mucho en la vida y que tampoco sería justo que ahora, por el premio y estas cosas, se dedicase a ligar en plan landismo. Pero no sería en plan landismo, porque el landismo consiste o consistía precisamente en ligar a tumba abierta, siendo un particular, no siendo nadie.

-No te ha gustado la rebeca, Umbral.

. -Que me gusta mucho, Alfredo, que es muy bonita; que está muy bien, que a ver si le pides a tu señora que me haga algo (le punto. ¿Te ha hecho Verdes los dibujos, Alfredo?

- Claro que me los ha hecho., Estuvo en casa. Es un tipo cojonudo. Y además le da al mus, como yo. Es importante eso del mus, Umbral.

-¿Cómo te definirías socialmente, Alfredo?

-Clase media.-¿Fue el landismo una clase media?

-Sí.

-¿Crees en la clase media española?

-Es la más sufrida y la que me ha dado más cosas.

-¿Haces distinciones entre clase media y burguesía?

-Por supuesto. La burguesía es, ya, la clase dominante, la clase sin preocupaciones, a mi modo de ver, y la clase media está luchando siempre.

-¿Y el pueblo?

-El pueblo, claro, lo pasa aún peor que la clase media, pero al pueblo no puede exigírsele que dé muchas cosas, porque no está preparado; en cambio, a la clase media, sí.

-¿Somos un país de clases medias?

-Por supuesto.

(Alfredo Landa dice mucho "por supuesto", y lo dice sin jactancia. pero con una buena y hermosa voz a la que le ha quedado la marea baja de un madrileñismo de película de Masó).

-¿Por qué no haces más teatro?

-Lo que te dirán todos: por las dos funciones. No te dejan tiempo libre.

-¿Y tú, un hombre monógamo, para qué quieres tanto tiempo libre?

-Para estar con los amiguetes, que para mí son fundamentales, para tomamos algo, para andar por ahí, yo qué sé.Tengo poca cultura, Umbral,y es más que nada por vago.

-Las emociones de un landista que se llama Alfredo Landa.

-Hombre, por ejemplo, el día que tuvimos el primer coche, y yo le decía a mi mujer: "Mira, Mate, yo no sé si Henr y Ford habrá tenido alguna vez una emoción tan grande como ésta. Me parece que no".

-Así como hubo en Hollywood el género de "los teléfonos blancos", tú creaste, Alfredo, el género de "los calzoncillos blancos". ¿Volverías a hacerlo hoy?

-Por supuesto, y lo que haga falta. A mí lo que me gusta es trabajar.

(El landismo era usar camiseta en toda época del año, estar enamorado de Mirta Miller o de alguna otra latinoché pionera, o de María Luisa San José; el landismo era que María Luisa San José se fugase con Pepe Sacristán hacia un horizonte de inmobiliarias y cómodos plazos, mientras uno se quedaba tomando copas con el vecino más solitario de la calle; el landismo era un querer abrirse paso a pie, a codazos, en ¡seta, en vespino, como fuese: el landismo se hace adulto con Summers y se politiza con Bardem. El landismo, en fin, éramos nosotros.)

A Mihura le llama "don Miguel". El puente era una hermosa novela corta de Daniel Sueiro, que se llamaba originalmente Solo de moto, y que quizá sea lo mejor que Sueiro ha hecho en creación literaria. Una superación lírica del socialrealismo. Landa está lleno de amor por la vida y las gentes, y así, mediante el amor (mayor alineación), mejor que mediante el odio de clases, ha dado el personaje delibiano de Paco el Bajo. Ha comprendido intuitivamente que en ese amor podía haber más tragedia social que en todas las mirads de odio. "Yo, Umbral, como suelo decir, conozco al pájaro por la cagada". Pasados los años, hecha memoria, uno encuentra que su juventud no fué un dandismo ni un yeyeísino ni un progresismo ni un noventayochismo tardío. La juventud de uno, en Madrid, fue un landismo. Esto lo vemos ahora, de pronto, como a través de una galería de espejos lúcidos y melancólicos. El landismo, sí, fuimos nosotros, y por eso le quiere uno a Alfredo Landa. (El único, quizá, que se salvó del landismo).

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