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sábado, 1 de abril de 1978
Reportaje:

"El mayor peligro de las centrales nucleares son sus residuos"

  • Puntualizaciones de los ecologistas a las declaraciones del profesor Linnemann
Ante las recientes declaraciones efectuadas a EL PAIS, el pasado 28 de marzo, por el profesor norteamericano Robert Linnemann, invitado por Unesa, consorcio en el que se agrupan las empresas eléctricas españolas, para asistir a un seminario sobre Accidentes radiactivos y su tratamiento que se está celebrando en Madrid, el Movimiento Ecologista español, a través de la comisión de energía de Aepden, ha hecho unas declaraciones en las que expresa su desacuerdo ante lo que ellos consideran un «cúmulo de ambigüedades, contradicciones y verdades a medias esgrimidas por el mencionado señor Linnemann en su intento de justificar a ultranza el uso de la energía nuclear». En las declaraciones que ahora se rebaten, el profesor Linnemann hablaba de la necesidad de ampliar la información que existe en el mundo acerca del tema nuclear. Los ecologistas, desde una perspectiva diferente, mantienen el mismo criterio.

«Hay un único punto en el que nos mostramos totalmente de acuerdo con el profesor Linnemann, y es la falta de información, más bien manipulación y adulteración de los hechos, que se mantiene a nivel mundial sobre los aspectos técnicos, económicos, políticos, legales y sociológicos que rodean a las centrales nucleares», dijeron los ecologistas, miembros de la comisión de energía de la asociación Aepden.«Disentimos del señor Linnemann en los efectos que una información veraz, detallada e imparcial, produciría sobre la opinión pública, al eliminar el premeditado velo de misterio que, por razones de seguridad nacional, se cierne sobre la energía nuclear.»

Sobre las afirmaciones de que las radiaciones de un televisor son superiores a las emitidas por una central nuclear, los ecologistas manifestaron:

«Como muy bien sabe el señor Linnemann y todos los responsables de la instalación de la tecnología nuclear, la principal causa de contaminación de las centrales nucleares son los residuos.»

«Por un lado, los residuos sólidos, gaseosos y líquidos de baja radiactividad, que por no superar los niveles de peligrosidad fijados por los organismos de control radiactivo -en el caso de España, la Junta de Energía Nuclear, a su vez, promotora de la instalación de esta energía en España e íntimamente vinculada a los intereses de las empresas eléctricas-, son vertidos sin más al medio ambiente.»

«Recientes estudios demuestran que estos residuos de baja actividad, al ser asimilados por los seres vivos, contribuyen a la dispersión de sus efectos y, lo que aún es más grave, a la amplificación de los mismos, al irse concentrando las dosis en los eslabones de las cadenas alimentarías, alcanzando dosis mucho mayores que las primitivas.»

«Nos sorprende la rapidez con la que el señor Linnemann, al igual que hacen todos los propagandistas de la energía nuclear, zanjó la cuestión del vertido y eliminación de residuos, afirmando que depende de la cantidad y del modo que se haga, cuando constituye un problema irresoluble en la actualidad.»

«El problema principal, al que las compañías eléctricas nunca dan contestación, es el de la eliminación de los residuos altamente radiactivos. El combustible irradiado, es decir, el uranio quemado por las centrales nucleares, es almacenado provisionalmente en el mismo recinto de las centrales. Su peligrosidad es enorme y por ello su manejo es una de las fases más complicadas de todo el proceso.»

«¿Qué piensan hacer las compañías eléctricas con este material?», preguntan los ecologistas.

«Hasta ahora estaba previsto que una central pudiera almacenar este combustible irradiado durante cinco años. Medidas de última hora han ampliado considerablemente este margen.»

«El combustible irradiado no puede almacenarse indefinidamente»

«La causa -afirman- radica en la imposibilidad de las plantas de retratamiento de Winscale, en Gran Bretaña, y Le Haag, en Francia, para procesar este material, recuperando del mismo su contenido de uranio enriquecido y de plutonio, útiles como combustible el primero y como materia prima para fabricar bombas atómicas, el segundo.»«El combustible irradiado no puede almacenarse indefinidamente tal como sale de¡ reactor. No existe recipiente que pueda aguantar las elevadas temperaturas que desprende este material durante los miles de años de actividad radiactiva.»

«Es necesario reprocesarlo -no sólo para recuperar los elementos antes mencionados, como insinúan las empresas eléctricas- sino también para poder cristalizarlo, una vez reducida su capacidad radiactiva inicial, y almacenarlo en minas salinas o formaciones rocosas.»

«Suponiendo que España dispusiera algún día de una planta de reprocesamiento, ¿dónde se almacenarían los residuos de ésta?, y por otro lado, ¿qué Gobierno puede responsabilizarse de la requerida estabilidad social para que el almacenamiento de estos residuos fuera seguro durante su vida activa, calculada para algunos elementos en más de 20.000 años?»

«Y aunque sólo fueran cien. Que no ha ocurrido en los últimos cien años...»

«Tal vez una sociedad fascista pueda garantizar la seguridad»

«Adolfo Hitler hablaba de un orden nuevo que duraría mil años. Tal vez una sociedad fascista, policial, podría asegurar la estabilidad necesaria para garantizar la seguridad de las centrales nucleares. Ese es precisamente el mayor temor de los ecologistas.»«Nosotros opinamos que la técnica no está al margen de la política. La utilización de una tecnología es consecuencia y a su vez determinante de un modelo de sociedad.»

«El desarrollo consumista en que nos encontramos crea un continuo aumento de la demanda de energía, y para servir a dicha demanda se pone en marcha el plan de nuclearizar el país. El mismo método de implantar esta decisión recuerda los métodos fascistas. La ubicación de las centrales se realiza en contra de la voluntad de las comunidades afecuidas por tal decisión.»

«La central nuclear de Lemóniz es uno de los ejemplos más claros. A espaldas de los intereses del pueblo, contra su voluntad y gracias a la complicidad de las corrompidas autoridades locales y centrales, Iberduero, al igual que otras empresas en distintas ocasiones, comenzó su macroobra con una simple licencia provisional de construcción, emitida por los Ayuntamientos de Lemóniz y Munguía, y en unos terrenos, la cala de Basorda, que la actual ley del Suelo califica como zona rural y de parque.»

«Sabía que, dentro de las ordenanzas que la Administración franquista tenía en vigor, el comienzo de la obra era ilegal, pero se quiso imponer, empleando la táctica de los hechos consumados.»

«El pueblo vasco reaccionó ante el ataque que a su soberanía e integridad física supone una costa vasca salpicada de centrales nucleares. Algunas impugnaciones dieron resultado, quedando descartados algunos proyectos como los de Deva y Ea. En cambio, en Lemóniz, donde paradójicamente las bases de impugnación son de mayor peso, las obras continúan.»

Para los ecologistas la única explicación es que «el capital financiero ha hecho una gran inversión y no quiere perder el negocio, optando junto con la Administración local y central, por ignorar olímpicamente los expedientes sin molestarse siquiera en contestarlos. En una palabra, cuando la ley no les sirve la ignoran».

Finalmente, y volviendo a las manifestaciones del señor Linnemann, los ecologistas dicen echar en falta otros aspectos de la energía nuclear, «no menos importantes que los de la seguridad», como son la dependencia que implica el uso de esta fuente de energía.

«La necesidad de emplear tecnología extranjera, de enviar el mineral de uranio al exterior para su enriquecimiento, reenviarlos para su posterior reprocesamienlo, créditos internacionales para la financiación de los programas, etcétera, aumentará nuestra dependencia económica, con lo que la independencia energética nacional preconizada por el Gobierno como uno de los justificantes del empleo de la energía nuclear es sólo supuesta.»

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