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Columna

A la tele no se viene a dudar

“No sé si ha merecido la pena”, dijo Sonsoles Ónega a sus colaboradores, que le hicieron una entrevista en su programa

Sonsoles Ónega, en el plató de 'Ya es mediodía'.Roberto Garver

“No sé si ha merecido la pena”, dijo Sonsoles Ónega a sus colaboradores, que le hicieron una entrevista en su programa. Le preguntaban por sus arrepentimientos, y ella habló de seguir trabajando a tope cuando fue madre, perdiéndose la infancia de sus hijos. No dijo que se arrepentía, dijo algo mucho más interesante: “No sé si ha merecido la pena”.

No tengo claro que quienes han replicado estas palabras hasta hacerlas virales hayan reparado en el peso de esa duda. En un mundo que solo acepta certezas, la presentadora de Antena 3 dejó en pantalla unos puntos suspensivos. Podrá alegarse que ese “no sé” es una forma retórica de expresar un arrepentimiento. Yo creo que es una duda genuina, porque cuando se tienen claras las cosas, se tira por el camino de la vehemencia.

Esto es insólito. A la tele no se llevan las cosas sin resolver. Y a una tertulia, menos. A la tele se va a impartir doctrina, a humillar al que sostiene la certeza contraria. Si se habla de las decisiones del ayer es para sostenella y no enmendalla, como quiere el tópico del tertuliano conceptista, o para someterse a una autocrítica marxista-leninista y suplicar el perdón de la plebe. ¿Qué es eso de dejar flotando hipótesis, pensamientos no resueltos, lamentos e historias sin moraleja? Si seguimos por ese camino, se nos llenará la parrilla de poetas y de filósofos del ala dura, no de los que te enseñan a ser feliz, sino de los que te exponen a todas tus paradojas y te dejan hecho trizas en un Dasein heideggeriano.

Yo abrazo la duda, por supuesto. Me gusta mucho más una tele trágica hecha de melancolías y monólogos calderonianos que esta de ahora, llena de comisarios políticos y curas con ambición de obispos. Prefiero mil veces el Hamlet que abre Sonsoles en sus puntos suspensivos que el catecismo político para niños hiperestimulados que, salvo excepciones, marca la pauta de casi toda la programación, incluso en los espacios más blancos.

Imagínense a un Javier Ruiz que se encogiese de hombros ante la política de vivienda y confesase que no sabe muy bien qué pensar sobre un asunto tan complejo. O a un Wyoming que se replanteara el humor facilón y pidiese a los guionistas que se lo curren un poco más. O a un Iker Jiménez que aceptase una versión oficial sobre un asunto cualquiera. Ojalá la grieta de incertidumbre que ha abierto Sonsoles crezca y amenace la integridad de todo el edificio.

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