“De politizado” a “pasarela gay”: Eurovisión provoca ríos de tinta en Rusia pese a su veto en televisión

Por primera vez en casi tres décadas, el festival, una auténtica fiesta para decenas de millones de rusos, no se pudo ver por la censura. Pero eso no lo eliminó de las conversaciones

Los ganadores de Eurovisión 2022, la banda Kalush Orchestra, se fotografían con militares ucranios tras cruzar la frontera de Polonia y Ucrania el pasado lunes.Foto: MYKOLA TYS (EFE) | Vídeo: J. MARMISA / S. RUIZ

El Festival de la Canción de Eurovisión, un fenómeno que desde hace casi tres décadas ha movilizado a decenas de millones de rusos delante de la pantalla, no fue emitido este año por ningún canal del país eslavo. “Politizado”, “pasarela de homosexuales” y “propaganda occidental” han sido algunos de los vituperios vertidos contra el concurso tras la final. El motivo, Rusia y Bielorrusia habían sido expulsadas un día después de que su artillería abriese fuego sobre Ucrania, ganadora en 2022 de esa fiesta europea.

Esta edición solo pudo verse a través de su canal oficial en YouTube. Hasta 2018, incluso después de la anexión de Crimea y del inicio de la guerra de Donbás de 2014, el programa tenía una fidelidad muy sólida. Sus cifras de audiencia superaban cada año el 33% de los telespectadores, y en ocasiones llegaban a picos que rondaban el 50%. Solo hubo un precedente similar, en 2017, cuando Ucrania impidió participar a la cantante rusa Yuliya Samoilova porque había actuado en la península del Mar Negro una vez fue tomada por el Kremlin.

Slavia Simonova, la cantante elegida por Rusia para representarles en Eurovisión 2022 antes de que la Unión Europea de Radiodifusión les eliminara del concurso, en una actuación de 2019.
Slavia Simonova, la cantante elegida por Rusia para representarles en Eurovisión 2022 antes de que la Unión Europea de Radiodifusión les eliminara del concurso, en una actuación de 2019.Maillard. Lucie

Pese al supuesto desinterés del oficialismo y la censura —la última televisión independiente que emitía en abierto, Dozhd, fue bloqueada al principio del conflicto por su cobertura―, la final de Eurovisión hizo correr ríos de tinta en Rusia. Por un lado, muchos rusos, incluidas algunas personalidades próximas al Kremlin que dijeron que no les interesaba el concurso, criticaron la victoria ucrania y en algunos casos abogaron por crear un concurso paralelo para las exrepúblicas soviéticas que siguen dentro de la esfera de influencia rusa. Por otro, los fans lo disfrutaron como siempre independientemente de su politización.

Campaña de desprestigio desde el Kremlin

La portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, cargó contra el festival en su perfil de Telegram con una instantánea de la actuación de la banda vencedora, Kalush Orchestra. “Sin la victoria de Ucrania en Eurovisión, la imagen de lo que le ha sucedido a ese país no estaría completa. Trajes e instrumentos musicales tradicionales, dos Baba Yagá a las cuerdas (de los violonchelos), break dance y cánticos sobre Azovstal. Europa aplaude en pie. Cae el telón”, dijo la representante de la diplomacia rusa haciendo alusión por un lado a la bruja del foclore eslavo que comparten ambas naciones, y por otro a los combatientes ucranios de la acería de Mariupol que han resistido durante casi tres meses de combates.

Tampoco se quedó corto Leonid Slutski, presidente del Comité de Asuntos Internacionales de la Duma Estatal y nuevo líder del populista PLDR tras la muerte de Vladímir Zhirinovski, el tercer partido del parlamento. “Finalmente, queda demostrado que Eurovisión no es una herramienta para promover los “valores culturales”, sino todos los raseros occidentales y sus enfoques unilaterales”, lamentó el político en sus redes sociales. Además, criticó que Ucrania obtuviese la máxima puntuación de Polonia, Letonia, Rumania y Lituania, países que Moscú quiere fuera de la OTAN, y de Moldavia, a la que han amenazado con cortar el gas y tomar su región separatista de Transnistria tras virar hacia la Unión Europea.

El último vencedor ruso de Eurovisión fue Dima Bilán, ganador de la edición de 2008. “Ucrania ganó el Festival de Eurovisión por tercera vez gracias a la votación del público, pero, sinceramente, sus chicos son geniales”, comentó la productora de Bilán, Yana Rudkovskaya. Su país favorito era, sin embargo, España.

Sus elogios contrastaron con las diatribas exclamadas por varias celebridades que han mostrado abiertamente su apoyo al Kremlin en el pasado. “No tenía la menor duda de que Ucrania ganaría, ni un ápice”, afirmó el famoso productor ruso Yósif Prigozhin, quien dijo que Eurovisión había dejado de existir para él, pero que se pronunció sobre el festival una y otra vez durante toda la semana. “Soy una persona megatolerante, no homófoba, pero tampoco quiero ver un desfile gay con el formato de Eurovisión. No estoy en contra de esta gente, sino en contra de que se nos impida pensar a nuestra manera”, fue una de las peroratas que dijo unos de los firmantes en 2014 de un manifiesto de la cultura en apoyo a Putin y su intervención en Donbás.

Numerosos medios se hicieron eco del debate abierto por Prigozhin y el músico bielorruso Dmitri Koldun sobre la creación de un festival alternativo a Eurovisión. Este último, que debe su fama a su victoria en el concurso televisivo Fábrica de estrellas, afirmó que ya existen numerosos festivales así en sus países y no necesitan más. “Se puede vivir sin Eurovisión y sus copias”, dijo.

Otra voz pública fue la de la directora del popular canal de entretenimiento TNT,Tina Kandelaki, quien calificó de “farsa” el concurso. “Pueden darle a Ucrania todos los premios por adelantado, desde el Oscar a Zelenski a la victoria en los Juegos Olímpicos”, afirmó en Telegram.

“Da igual quién gane, es simplemente divertido”

Algunos medios rusos también abordaron la final de Eurovisión por el lado político exclusivamente. “Sin sensaciones: en lugar de su descalificación, a Ucrania le concedieron la victoria en Eurovisión”, tituló en su web 78, el telecanal del grupo Izvestia; “Cómo Ucrania intentó politizar Eurovisión”, remarcó otro artículo de la agencia Regnum. Aunque en general, el tratamiento en muchos periódicos fue superficial, con una cobertura de unos pocos párrafos.

Varios periódicos hicieron hincapié, como los occidentales, en las presuntas irregularidades del concurso, y alguno aprovechó la actualidad para hacer bromas sobre los combates que se libran en Ucrania. “La próxima vez se celebrará en Azovstal”, titulaba una pieza del diario Ura, que recogía opiniones de redes sociales de forma totalmente sesgada al solo incluir las más próximas al oficialismo. “Los ucranianos no hablarán de la victoria” y “Menos mal que Rusia ya no participará más”, eran otras.

Más allá de las invectivas en la guerra de propaganda contra Ucrania, muchos rusos disfrutaron de una buena velada y nada más. “La actuación de Ucrania estuvo bien, pero no para tanto. El año pasado les veía ganadores”, cuenta una espectadora, Vera Konistratenko. “Sabemos desde hace décadas que el concurso está politizado. De todas formas, la política tampoco se ha excluido de otros lados: del deporte, del arte, de la vacuna Sputnik...”, agrega en referencia a la censura que han sufrido algunos artistas rusos en otros países tras la entrada de las tropas rusas en Ucrania.

“Vi la mayoría de las actuaciones de la final, como suelo hacer siempre, y me gustó”, nos dice otro espectador fiel, Ruben Bunyatyan. “Mentiría si dijese que esperaba otro vencedor distinto a Ucrania, era obvio, pero personalmente me da igual quién gana Eurovisión. Es simplemente divertido verlo y escuchar todas esas canciones. No me importan estas acusaciones de sesgos políticos”, recalca antes de subrayar que la propia televisión rusa utiliza el festival “para intentar demostrar la decadencia de una Europa sumida en la homosexualidad y todos esos sinsentidos”.

Sin embargo, la realidad rusa es que muchos ciudadanos no piensan igual en un país que aprobó hace nueve años la llamada “ley contra la propaganda homosexual”. “De pequeña me gustaba, pero se ha vuelto demasiado gay. Ahora es un concurso estúpido y hace ya mucho que no lo veo”, afirma Nina, cuya visión la comparte en la nación eslava mucha más gente y que repite los mismos argumentos: “No estoy contra los gais, pero sí contra su propaganda”.

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