Carmen Maura: “No tenía ni idea de lo que significaba el dinero, y lo aprendí cuando me quedé sola, sin un duro”

La actriz celebra el estreno de ‘Deudas’, en Atresplayer Premium, hablando sobre la popularidad, Hollywood, Almodóvar y sus colección de bufandas de ganchillo

Carmen Maura, en los estudios de Atresmedia. En vídeo, el tráiler de 'Deudas'. Vídeo: INMA FLORES | ATRESMEDIA

En Deudas, la serie producida por Daniel Écija que Atresmedia acaba de estrenar de su plataforma digital Atresplayer Premium, Carmen Maura (Madrid, 75 años) es Pepa Carranza, una matriarca que se embarca en una disparatada peripecia contra una familia rival. “Hacía mucho tiempo que no hacía una serie así. Es muy diferente, una gamberrada pura”, explica a propósito de un guion que, asegura, le sedujo no tanto por su personaje como por los de su familia. “Me parecían muy graciosos, y me divertía el tema, a pesar de que no te puedes hacer mucho a la idea, porque ahora con las series te dan a leer dos capítulos de 13. Puede que por eso no haga muchas series más, porque yo necesito saber lo que voy a hacer”.

Carmen Maura charla por teléfono con EL PAÍS después de una mañana de promoción. En cierto momento, interrumpe la conversación para regalarle a Mona Martínez, su antagonista en la serie, una bufanda de ganchillo que acaba de tejer. “En el rodaje de Lisboa (1999) hice como veintitantas”, recuerda. “Las hago muy deprisa y quedan muy bonitas. Hace tres semanas que lo he retomado, porque no encontraba la lana. ¡Y la encontré en Amazon!”, ríe.

Incluso por teléfono resulta difícil no sentir la naturalidad, la dicción inconfundiblemente madrileña y la familiaridad que han convertido la voz de Carmen Maura en una compañía cotidiana para varias generaciones de espectadores y televidentes. Maura habla como interpreta e interpreta como habla, y su método, asegura, no ha cambiado en décadas. “Dedico muchísimo tiempo a estudiarme los textos y a entenderlos bien”, explica. “Creo que es importantísimo saberse bien el texto para sacarle todo el jugo posible. No soy mucho de darle vueltas al coco para ver cómo moverme o hablar. Eso me sale solo, me lo dice el cuerpo el primer día de rodaje”.

De la eficacia de este método da muestra uno de los currículos más imponentes del cine español. Cuatro premios Goya, un César y, sobre todo, un centenar largo de películas a las órdenes de directores como Colomo, Saura, Suárez, Camus, Trueba, Miró, De la Iglesia, Coppola y, por supuesto, del más ineludible de todos, “un genio”, el que irrumpe en Deudas cuando, en el primer episodio, Pepa Carranza recuerda que estuvo a punto de ser chica Almodóvar. “No soy yo la que pidió eso, lo pusieron los guionistas”, rebate con rapidez la actriz, que asegura que la etiqueta no le molesta en absoluto. “Soy positiva. No creo que [ser chica Almodóvar] sea una definición de mi personalidad, pero en aquel momento tocaba eso, igual que me tocó ser una representante de la movida, cuando no me identificaba con eso para nada. Lo que tengo claro es que profesionalmente he tenido muchísima suerte. Porque en esta profesión puedes tener mucho talento, pero necesitas una oportunidad para demostrarlo”.

A los siete años, Carmen Maura montó su primera función de teatro. “Esto se me ha dado bien desde pequeña”, explica. “No he hecho ningún cursillo. Al principio no me cogían en los grupos de teatro, porque no era rubia ni nada. Ahora cuando me veo en imágenes de aquella época, pienso que era mona, aunque yo no me daba cuenta”. Recuerda el impacto que sintió al ver a Julieta Serrano en Las criadas de Genet, y a Shirley MacLaine y Giulietta Masina en el cine, “actrices muy de piel”. De ahí pasó al teatro universitario e independiente. “He hecho cosas impresentables”, bromea. “Cuando fuimos la primera vez a Hollywood, Pedro me hizo un curriculum graciosísimo con todos aquellos títulos: Supergolpe en Navalcarnero, Mi chica la minifaldera, Un sereno debajo de la cama…”. Se estrenó en el cine con Tigres de papel (1977), de Fernando Colomo, “mi primera película y la primera película española en que se fumaba un porro”, recuerda.

A pesar de su historial, Maura asegura que no es nostálgica. “Soy positiva, echada palante. Como la vida no ha sido superfácil para mí, la nostalgia no me parece práctica”. “Cuando empecé a ser actriz la vida personal se me hizo muy difícil. Yo no tenía ni idea de lo que significaba el dinero, y lo aprendí cuando me quedé sola, sin un duro. Tenía otras cosas por las que preocuparme, más que llegar a Hollywood. Trabajar fue un escape y una ayuda enorme para no volverme loca. Estaba tristísima, entraba en el teatro y en cinco minutos estaba en una comedia. Me fue utilísimo. Esta profesión no ha hecho más que darme cosas”.

Sin redes sociales ni intención de tenerlas, a Maura no le impone el escrutinio del que es objeto hoy la televisión, un medio que le ha proporcionado una popularidad “que puede ser incómoda a veces, pero es un regalo”. No tiene planes de jubilarse. “Lo único verdaderamente malo de ser mayor es que el cuerpo te falla, pero por lo demás me encanta ser mayor. No sufres tanto por las cosas. A mí me ha crecido el sentido del humor. También se me ha acentuado mi amor por la soledad, pero también es cierto que nunca he sido especialmente sociable ni de fiestas. Oí muchas veces a Almodóvar decir aquello de ‘me llevo a Carmen a casa y luego vuelvo’. No aguanto mucho la noche porque me gusta madrugar. Y me encanta la gente de a poquitos. Soy capaz de tener largas conversaciones en la calle con gente desconocida”. Por eso cree que no tardará en conocer la recepción de su nueva serie. “Deseo con toda mi alma que la gente la vea y que salga bien, y lo sabré rápidamente, porque la gente conmigo no se corta un pelo”.

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