Alan Ball ajusta cuentas con su propia vida en ‘Mi tío Frank’

El creador de ‘A dos metros bajo tierra’ deja su lado cínico a un lado en la nueva película de Amazon Prime Video, un relato sobre los traumas en torno a la homosexualidad

Paul Bettany, Sophia Lillis y Peter Macdissi en 'Mi tío Frank'. En el vídeo, el tráiler de la película.

A dos metros bajo tierra (2001-2005), esa oscura comedia sobre la muerte que era a su vez un luminoso drama sobre la vida, fue una de las ficciones de HBO que puso de moda el ver series y que nos convenció de pagar por hacerlo. El hombre detrás de ella, Alan Ball, también coló en el diccionario de muchos espectadores el término showrunner, como su creador, guionista y productor. Desde entonces, todo lo que lleva su sello es digno de atención. Algo de esa sofisticada combinación de géneros y temáticas permanece en su nueva película. Mi tío Frank, que puede verse en Amazon Prime Video, supone para el estadounidense un ajuste de cuentas tan relevante como lo es para su protagonista. A sus 63 años, Ball necesitaba reordenar de algún modo una parte de su propia biografía.

Durante una de sus visitas al hogar familiar, en Georgia, decidió contarle a su madre que era gay cumplida ya la treintena. “Cuando se lo dije, ella me respondió: creo que tu padre también era así. En ese momento él ya había fallecido y esa revelación me dejó impactado. Al día siguiente, mientras pasábamos junto a un lago con el coche, me contó que un amigo muy íntimo de mi padre se había ahogado allí cuando ambos eran muy jóvenes. Era alguien de quien yo no había oído hablar jamás, a pesar de haber significado mucho en su vida”, recuerda Ball en una entrevista con EL PAÍS. Esa inesperada historia de amor trágico entre dos chicos, en la que uno falleció y el otro tuvo que vivir con ello el resto de su existencia sin poder expresar lo que sentía, ha perseguido al director y guionista durante décadas. “Nunca pude preguntar a mi padre hasta qué punto fue real todo eso, así que se quedó tan grabado en mi cabeza que solo pude sacarlo escribiendo un guion sobre ello”.

Ambientada en 1973, la película se sustenta en la estrecha relación que Beth, una joven de 18 años, mantiene con su tío (el Frank del título, un carismático profesor universitario). Su unión se fortalece durante un viaje por carretera desde Nueva York hasta el pueblo de Carolina del Sur en el que vive el resto de su familia y al que se les suma de forma inesperada Walid, el amante secreto de él. Juntos se dirigen al funeral del patriarca del clan, un hombre imperativo e intolerante como marcaban los estándares de la época.

El actor británico Paul Bettany (prestigioso secundario en Master and Commander, Una mente maravillosa y la saga de Vengadores) brilla como el cálido y atormentado protagonista. Su historia personal también resuena en Mi tío Frank, ya que su propio padre salió del armario al final de su vida. Esa coincidencia “no fue una obligación, pero sí una enorme ventaja” para que pudiera encarnar el papel y enfrentar ese conflicto interno “en el que lo más costoso es perdonarse a sí mismo”. Con esos elementos Ball retrata desde otro punto de vista la homofobia interiorizada que ya abordó en American Beauty, cuyo guion le valió un Oscar en el año 2000. Mitad romántico y mitad cínico, tal y como él mismo se define, esa dualidad personal ha marcado el tono de sus trabajos, como ocurre en esta película y en su otra serie de culto, True Blood. “Tengo que reconocer que esta vez ha ganado la parte romántica. Sentía la necesidad de reflejar con esperanza un asunto así”, dice.

Para completar los lazos entre realidad y ficción, Walid, el personaje que completa al trío principal, está interpretado por Peter Macdissi, la pareja en la vida real del director. Se trata de un inmigrante de Arabia Saudí que tampoco ha admitido su homosexualidad ante sus familiares. “Suelo proponerme que mis proyectos no sean historias de gente blanca. Es hora de aceptar de una vez por todas que Estados Unidos es una comunidad diversa y que no es un crimen ser de otra raza”, comenta Ball.

Su nombre se ha colocado en los últimos años en el pelotón anti-Trump que ha formado buena parte de la industria del entretenimiento estadounidense. “Ese tipo es lo peor que le ha pasado a mi país. Pensar en un segundo mandato suyo es terrorífico. Pero no considero que mi trabajo tenga un gran impacto a la hora de hacer cambiar de opinión a la gente”, admitía días antes de las elecciones que han dado una holgada la victoria al candidato demócrata Joe Biden.

Para darle forma a un relato tan personal con Mi tío Frank, Ball recurre al ya clásico género de la road trip, una evolución de la eterna odisea homérica al que le da un nuevo giro de tuerca. En este caso, el viaje es doble. El relato iniciático de Beth, la joven narradora, es al mismo tiempo el regreso al hogar de su admirado tío. “Es un formato que siempre funciona, porque es una gran metáfora sobre nuestra existencia. Al fin y al cabo, todos empezamos en un punto y terminamos en otro. La vida es un viaje y todos tenemos uno que contar”, concluye.

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