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La Red que cayó en el olvido

En 1934, Paul Otlet esbozó los planes para construir una red global de ordenadores que permitiría a la gente buscar y navegar por millones de documentos, imágenes y archivos de audio y de vídeo interconectados. Describió cómo la gente utilizaría los aparatos para enviarse mensajes unos a otros, compartir archivos e incluso congregarse en redes sociales online. Llamó a todo esto una réseau, que puede traducirse como red.

Los historiadores suelen remontar los orígenes de la World Wide Web por un linaje de inventores anglo-estadounidenses como Vannevar Bush, Doug Engelbart y Ted Nelson. Pero más de 50 años antes de que Tim Berners-Lee sacara el primer navegador web en 1991, Otlet (pronunciado "ot-LEI") describió un mundo interconectado en el que "cualquier persona desde su sillón será capaz de contemplar el conjunto de la creación".

El legado de Otlet, un pionero de la tecnología caído en el olvido, está expuesto en un museo diminuto llamado el Mundaneum, escondido en una calle estrecha en el extremo noreste de la ciudad medieval de Mons (Bélgica). Aunque la proto-Red de Otlet se basara en una mezcla de tecnologías analógicas, como fichas y máquinas de telégrafo, anticipaba sin embargo la estructura conectada con hipervínculos de la Internet actual.

La visión de Otlet dependía de la idea de una máquina en red que recogiera los documentos utilizando enlaces simbólicos. Aunque puede que dicha noción parezca evidente en la actualidad, en 1934 marcó un hito conceptual. "El hipervínculo es una de las invenciones más infravaloradas del último siglo", asegura Kevin Kelly, ex director de la revista Wired. "Irá junto a la radio al panteón de los grandes inventos".

En los últimos años, un reducido grupo de investigadores ha empezado a resucitar la reputación de Otlet, volviendo a publicar algunos de sus escritos y recaudando dinero para establecer su museo y archivo en Mons.

Este mes, cuando el museo Mundaneum celebre su décimo aniversario, los comisarios publicarán parte de la colección original en Internet.

Aunque Otlet pasó toda su vida laboral en una época anterior a los ordenadores, poseía una visión de futuro extraordinaria en lo relacionado con las posibilidades de los medios de comunicación electrónicos. Paradójicamente, su visión de un futuro sin papel provenía de la fascinación que sintió toda su vida por los libros impresos.

En 1895, cuando Otlet tenía 27 años, conoció a su alma gemela y futuro premio Nobel, Henri La Fontaine, que se unió a él para intentar crear una bibliografía maestra que recogiera todo el conocimiento publicado del mundo.

Los dos hombres se pusieron a coleccionar datos sobre todos los libros que se habían publicado en la historia, junto con una inmensa colección de artículos de revistas y periódicos, fotografías, carteles y todo tipo de objetos coleccionables sin valor ?como los panfletos? que las bibliotecas solían ignorar. Utilizando fichas, empezaron a crear una inmensa base de datos en papel de más de 12 millones de registros.

A medida que se fue desarrollando el Mundaneum, el proyecto empezó a ahogarse por el volumen de papel. Otlet empezó a esbozar ideas para que las nuevas tecnologías se encargaran de la sobrecarga de información. Al final, Otlet se dio cuenta de que la respuesta implicaba eliminar el papel en sí.

Como no había nada parecido al almacenamiento electrónico de datos en los años veinte, Otlet tuvo que inventarlo. Comenzó a escribir sobre la posibilidad del almacenamiento de medios electrónicos, lo que culminó en su libro de 1934, Monde, en el que explicaba su visión de un "cerebro mecánico y colectivo" que acogería toda la información del mundo, accesible rápidamente a través de una red global de telecomunicaciones.

Por desgracia, justo cuando la visión de Otlet estaba empezando a cristalizar, el Mundaneum entró en una mala racha. En 1934, el Gobierno belga perdió el interés por el proyecto y debido a los problemas financieros, lo cerró al público.

Algunos miembros de la plantilla siguieron trabajando en el proyecto, pero el sueño llegó a su fin cuando los nazis ocuparon Bélgica en 1940 y destruyeron millones de fichas. Otlet falleció en 1944, deshecho.

Tras la muerte de Otlet, lo que sobrevivió del Mundaneum original se dejó abandonado en un antiguo edificio de anatomía de la Universidad Libre en el Parc Leopold hasta 1968, cuando un joven licenciado de nombre W. Boyd Rayward recogió las huellas de papel. Desde entonces, Rayward ha liderado el resurgimiento del interés por el trabajo de Otlet, un movimiento que al final desencadenó interés suficiente como para establecer el museo Mundaneum en Mons.

El Mundaneum original nunca podría haber acogido el volumen de información que la Red ofrece en la actualidad. "No creo que pudiera haberse ampliado", señala Rayward sobre el Mundaneum. "Ni siquiera podría haberse ampliado para cubrir las demandas del mundo basado en papel en el que vivía Otlet".