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Tensión nocturna

Casi un cuarto de la población aprieta o rechina los dientes mientras duerme. Esta patología, que se llama bruxismo, no sólo daña el esmalte, sino también las encías y la mandíbula. Suele estar causada por otro mal cada vez más común, el estrés

¿Ha notado alguna vez que aprieta o rechina los dientes? Según Lourdes Maniegas, doctora del servicio maxilofacial de la Clínica Universitaria de Navarra, más de un 20% de la población tiene este hábito inconsciente, que aparece, en la mayor parte de los casos, mientras la persona duerme. Se llama bruxismo, y quien lo sufre se despierta con dolor de cabeza, de cuello o de hombros. Si se repite de forma constante, acaba perjudicando a todo el sistema masticatorio. Desde los dientes hasta los músculos de la mandíbula.

Laura (nombre ficticio), de 43 años, tenía los dientes desgastados sin motivo aparente. Ignoraba el origen de su problema hasta que su compañero le dijo que los rechinaba al dormir. "Había notado algo extraño: tenía algunas piezas destrozadas y muchos días me levantaba con el cuello dolorido", explica. El dentista le confirmó que era bruxista. Además de arreglar el desaguisado y reparar la boca para que encajasen bien las piezas desgastadas, el especialista le diseñó una férula de descarga a medida, que utiliza todas las noches. El médico también le ha recomendado seguir alguna terapia antiestrés y acudir al fisioterapeuta para que le haga una tabla de ejercicios.

El bruxismo es un reflejo neuromuscular involuntario. Hay dos variedades: una consiste en apretar los dientes en puntos determinados de la boca (bruxismo céntrico) y la otra, en frotar las mandíbulas (bruxismo excéntrico). El bruxismo diurno suele ser más apretador que rechinador. Durante el sueño se dan ambas tipologías por igual.

El desgaste suele comenzar por los colmillos. Durante un episodio de bruxismo, la fuerza que se produce al apretar los dientes puede multiplicar por cuatro la utilizada al masticar. Esto ocasiona la presión e inflamación de los músculos y estructuras de las mandíbulas, alterando la función de la articulación temporomandibular. Las encías también se debilitan y, como consecuencia, aumenta la movilidad de los dientes. De rebote, provoca dolores de cabeza, cuello y boca, al abrirla. Si se cronifica, puede llegar incluso a dificultar la masticación o el habla.

Existen diversas teorías sobre qué desencadena el bruxismo. Muchos especialistas aseguran que este síndrome es la manifestación de una gran tensión emocional, estrés o ansiedad.

Otros estudios sugieren que puede existir una predisposición genética, mientras que algunos autores apuntan a que se debe a un mal engranaje de los dientes. En estos casos, con el objetivo de corregirlo, el organismo trata de desgastar los obstáculos que pueda haber para conseguir que los dientes encajen. El problema es que sucede todo lo contrario. "Para una mejor masticación y acoplamiento de los dientes, cuando no encajan del todo, el paciente desencaja un poco la mandíbula para que cierre bien. En la articulación hay receptores neurosensoriales que envían información al cerebro indicándole que no muerde bien y éste transmite órdenes a los músculos para que apriete y lime esas interferencias dentales", dice Sonsoles Pino, médico estomatólogo de Madrid.

La forma más habitual de diagnosticar el bruxismo es mediante un examen dental. Raramente se utiliza la electromiografía, que mide la actividad de los músculos masticadores durante la noche, porque es caro e innecesario, dicen los expertos de la CUN.

Maniegas cuenta que sólo suelen acudir a consulta aquellos bruxistas que sufren dolores o malestar. "Cuando viene por una patología articular, poca gente es consciente de que tiene bruxismo y aprieta los dientes. Es típico que lo nieguen, muchos creen que duermen con la boca abierta", asegura.

No existen fármacos que eliminen el problema. Para minimizar sus efectos se suele aconsejar al paciente que utilice una férula de descarga mientras duerme. "Evita que se desgasten los dientes y cambia los engramas musculares del apretamiento [el hábito de crujirlos] porque tiene una forma que impide que la persona pueda encajar los dientes, con lo que el músculo se relaja", indica Lourdes Maniegas. También se recomienda acudir al fisioterapeuta, porque, según la experta, muchas veces se produce una contractura crónica "y hay que romper el círculo vicioso". La terapia consiste en ejercicios de apertura oral y lateralización, con calor local.

Aunque suele darse en adultos, también puede aparecer en niños. Es muy frecuente que los pequeños tiendan a apretar los dientes cuando aún tienen piezas de leche y mientras cambian la dentición. Un comportamiento que los especialistas atribuyen, a veces, a la presencia de parásitos (oxiuros), pero también a trastornos del sueño. No se considera una patología, "sino una forma natural de desarrollar la dentición y estimular la formación muscular y ósea de los huesos de la cara", según señalan los expertos de la CUN. El bruxismo infantil suele desparecer al entrar en la adolescencia.