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Las raíces no sirven para huir

Un estudio con 11.000 plantas del hemisferio sur demuestra que están tan especializadas que no podrán adaptarse al cambio climático

La especialización de las especies vegetales del hemisferio sur puede ser su perdición. Por ejemplo, si se produce un cambio en su hábitat debido al calentamiento. Un estudio realizado con 11.000 especies vegetales ?el 15% de la flora de la mitad meridional del planeta? ha encontrado que han evolucionado de tal manera que no tendrían materialmente tiempo para adaptarse a nuevas condiciones. Por lo menos, no lo han hecho en las últimas decenas de millones de años, lo que no permite suponer que lo vayan a hacer a partir de ahora.

De acuerdo con el trabajo, que aparece en la revista Nature, desde que se separaron los continentes actuales del original Gondwana, las plantas han ocupado casi todos los nichos ecológicos. Pero una vez instaladas, menos de un 3% de las especies ha sido capaz de cambiar de entorno. Por lo tanto, si se produce un cambio brusco (geológicamente hablando) en las condiciones climáticas, todo apunta a que no serán capaz de adaptarse. Como dicen los autores (un equipo dirigido por Michael Crisp, de la Universidad Nacional australiana de Canberra), "una vez que te empantanas, ya eres una planta de pantano para siempre".

En el trabajo, los investigadores han identificado siete hábitats y sus plantas predominantes, desde las ciénagas a las sabanas, los bosques o la alta montaña. El resultado es una especialización casi total para adaptarse a las condiciones actuales (suelo, régimen de lluvias, temperaturas, incluso especies animales o plagas).

El proceso ha llevado 50 millones de años, en los que ha habido toda clase de catástrofes, desde olas de calor a glaciaciones. Pero siempre se han producido a un ritmo que permitía que las plantas, firmemente enraizadas, se adaptaran. A diferencia de los animales, éstas no pueden desplazarse a gran velocidad.

En uno de los casos mejor estudiados, la escalada de las especies de montaña en California empujadas por el calentamiento de las laderas, se ha observado que apenas han subido 65 metros en 30 años (Proceedings of the National Academy of Sciences, 19 de enero de 2009). Además, aunque fueran más rápidas, hay barreras físicas (las montañas tienen una altura máxima, hay desiertos y mares que se interponen) que impedirán que las especies vegetales encuentren nuevos hábitats.

Lo que nadie es capaz de prever es qué pasará con el nicho ecológico que las especies desaparecidas dejen: si llegarán otras plantas de zonas más secas, o si, simplemente, se formará un desierto.