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Los pueblos que nadie quiso gobernar

35 ayuntamientos sin candidatos el 26-M repiten elecciones municipales con miedo a concejales foráneos

Mesa electoral en el municipio de Ituren en Navarra.
Mesa electoral en el municipio de Ituren en Navarra.

Los pueblos pequeños le tienen más miedo a los paracaidistas que a los nublaos, las tormentas que descargaban ayer sobre sus campos. En Burgos llaman paracaidistas a los foráneos que pueden optar a dirigir las 35 localidades donde este domingo se volvieron a celebrar elecciones municipales después de que el 26 de mayo no se presentara ninguna candidatura. La reválida ha animado a varios vecinos a inscribirse para que sus municipios no pasen a depender de una gestora o de personas de fuera. Sin embargo, en 10 de esos pueblos tampoco nadie se ha presentado esta vez.

Gobernar Ayuntamientos tan pequeños es exigente en tiempo y esfuerzo, coinciden los vecinos. En el municipio burgalés de Torregalindo apuntan que “pueblo pequeño, infierno grande”. “Aquí se vota a la persona y todos nos conocemos”, recitan como un mantra. Las tres encargadas de controlar la mesa electoral de este pueblo de casas de adobe con portones de madera definen a la figura del regidor como fontanero, alguacil y electricista 24 horas al día. Y sin sueldo. “Lo hacen por el amor al arte”, explica Guimar Poza. Tres candidaturas han aparecido ahora. Ciudadanos, PSOE y Vox compiten por el Ayuntamiento, aunque nadie conoce a los aspirantes del partido de extrema derecha.

Algo similar ocurre en la también burgalesa Zael. Los vecinos han presentado cuatro listas con voluntarios para evitar a los foráneos. Las tres jóvenes a quienes les ha tocado presidir la mesa explican que en mayo nadie dio el paso porque “les pilló el toro”: pensaban que la alcaldesa seguiría. “¡Si no hay nadie, nos quedamos sin fiestas!”, exclama una.

Jagoba Manterola, uno de los primeros en votar ayer en el municipio navarro de Ituren, lamenta la “falta de empatía” que a veces se tiene en el pueblo con los ediles. Tiene 50 años y durante los últimos ocho ha sido concejal en este pueblo de imponentes casas de piedra. El objetivo más ambicioso de esas dos legislaturas ha sido arreglar la escuela, pero también ha tenido que lidiar con problemas más cotidianos: “Eres el 112 del pueblo. Te llaman a las 11 de la noche porque se les ha caído la señal de móvil o se les ha ido la luz”.

Boicot en Campolara

Irune Altxu, que preside la única mesa electoral de Ituren, sabe el apellido de los vecinos que llegan a votar y que no necesitan mostrar el DNI. Todos se conocen en este municipio con 383 habitantes censados. Altxu está aliviada porque finalmente se haya presentado una lista “del pueblo”, pero ella, con 33 años, hijos pequeños y un trabajo a jornada completa ni se planteó entrar en el Consistorio. Sabe el esfuerzo que supone y cree que “quien se presente tiene que dedicarle tiempo y ganas”.

De los siete ediles de la última legislatura solo repetirán dos, que encabezan la única lista del pueblo por EH Bildu y tienen pensado turnarse la alcaldía. Lo principal era evitar que llegara una gestora o una lista de un partido con gente “de fuera”, como las define Altxu, “que se presentan solo para sumar un ayuntamiento más”. Esos que en Burgos llaman paracaidistas y que han conseguido aterrizar en Campolara.

Los 56 censados se han topado con unos desconocidos que concurren por Ciudadanos y Vox: nadie del pueblo quiso asumir la responsabilidad tras el vacío de poder de mayo. La reacción fue llamar al boicoteo y que nadie votase para que gobernara una gestora. Pero ha habido fugas: un solitario sobre descansa en un gélido colegio electoral a la hora de comer. El exalcalde Roberto Gutiérrez también va a depositar su papeleta. “Ahora todos quieren ser concejales, pero es que no se presentaron porque no quieren enemistarse”, afirma.

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