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Las declaraciones de los testigos del caso Julen contradicen al dueño de la finca

Los padres del menor y la pareja del propietario del terreno relataron a la jueza que no fueron advertidos del peligro del pozo

Labores de rescate en la finca de Totalán donde Julen se precipitó a un pozo de más de 100 metros de profundidad.
Labores de rescate en la finca de Totalán donde Julen se precipitó a un pozo de más de 100 metros de profundidad. REUTERS

David Serrano, propietario de la finca en la que murió el niño Julen en Totalán (Málaga), se ha quedado solo en su versión de lo ocurrido. Tanto su pareja como los padres del pequeño, José Roselló y Victoria García, dijeron a la jueza encargada del caso que Serrano no les advirtió del peligro del pozo cuando viajaban los cuatro juntos en coche hacia el terreno. Y tampoco confirmaron que el agujero por el que cayó el menor estuviese bien tapado, según han explicado fuentes judiciales. Unas palabras que contradicen a las de Serrano, que defendió en su declaración que advirtió del riesgo que suponía el orificio, que lo había cubierto con bloques de hormigón para evitar que nadie tropezara y que jamás pensó que una persona pudiera caber por él. Serrano es el único investigado por homicidio imprudente en el caso que instruye el juzgado de instrucción número 9 de Málaga, que intenta esclarecer las causas del fallecimiento del niño y depurar responsabilidades.

Las mismas fuentes han relatado que José Roselló, durante su declaración en calidad de testigo, explicó que Serrano solo le avisó de la existencia de varias perforaciones en el terreno más tarde, mientras realizaban una paella. Pero lo hizo únicamente a él y mostrándole un pozo que tenían cerca que estaba correctamente sellado, por lo que pensó que los demás estarían en las mismas condiciones. Por su parte, las dos mujeres aseguraron no haber escuchado la advertencia del propietario de la finca porque estaban en ese momento alejadas de los dos hombres cuidando de sus hijos. “Si llego a saber que hay pozos abiertos, cojo a mi niño y me voy”, dijo Victoria García, madre de Julen, en su declaración, según han relatado fuentes del caso.

La última en ver a Julen fue la compañera sentimental de Serrano, que afirmó ver que el pequeño estaba andando y, cómo, de repente, “desaparece”. En su declaración no pudo confirmar que el pozo estuviera bien tapado, pero sí aclaró a la jueza que podría estarlo porque su pareja “es muy perfeccionista”.

El próximo en dar su versión será Antonio Sánchez, profesional encargado de la ejecución del pozo por el que cayó Julen, que está citado por el juzgado el próximo miércoles 12 de marzo y que declaró a la Guardia Civil haber cubierto el orificio con unas piedras de grandes dimensiones. Después será el turno de la otra persona que realizó movimientos de tierras en la parcela y, al día siguiente, de cuatro agentes de la Guardia Civil y el ingeniero que dirigió el operativo de rescate, Angel García Vidal.

Para aclarar definitivamente los hechos será clave la autopsia definitiva del pequeño. Es la que permitirá conocer definitivamente la causa de su fallecimiento. El informe preliminar -efectuado horas después de encontrar el cuerpo sin vida en la madrugada del 26 de enero— indicaba que su muerte se había producido "como consecuencia de un traumatismo craneoencefálico severo que afectó a la zona temporal y fronto-temporal", golpes que se produjeron durante la caída al fondo del pozo, de 73 metros de profundidad. El Instituto de Medicina Legal de Málaga indicaba también en su análisis inicial que el pequeño había sufrido “múltiples heridas post-mortem” y que “la data de la muerte coincide con los días de desaparición”. Fuentes judiciales han revelado que el tapón de arena que había sobre Julen ocupaba unos 35 centímetros de altura y pesaba algo más de 33 kilos, y que se formó a

consecuencia de la caída del niño y, también, por la actuación posterior del padre al intentar rescatarlo, así como por los trabajos desarrollados por el operativo en las horas posteriores. Un informe de los abogados de David Serrano presentado a los juzgados la semana pasada busca ofrecer una posibilidad alternativa sobre la muerte del niño: la de que falleciera por los golpes de una piqueta usada durante las tareas de rescate y no como consecuencia de la caída. “Es una hipótesis que consideramos posible, no es algo especulativo”, ha explicado Antonio Flores, letrado de Serrano, a EL PAÍS. Basa su afirmación en los ocho pelos que extrajo la piqueta del tapón que había sobre Julen. Sin embargo, fuentes del caso han explicado que la herramienta no tenía restos de sangre. También descarta esta opción porque la autopsia no indica ninguna herida específica como las que causa este aparato.

La defensa cree además que los golpes recibidos por el niño se producen en una zona lateral de la cabeza “donde difícilmente pudo recibir un impacto de esa magnitud durante la caída”. “Por todo esto es de gran importancia esperar al resultado de la autopsia, que aclarará muchas cosas”, ha concluido Flores.

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