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Los afectados por las inundaciones en Vélez Málaga:“El agua llegó tan de golpe que no pudimos salvar nada”

La rotura de una tubería del pantano de La Viñuela anega en pocos minutos una veintena de viviendas

El párraco Eduardo Romero limpia los destrozos de las inundaciones.

María Isabel Molina veía anoche la televisión junto a su familia cuando, de repente, empezó a entrar agua por la ventana. Luego lo hizo también por la puerta. Y en menos de diez minutos había subido más de un metro en toda la casa. Los muebles empezaron a flotar y no hubo tiempo para reaccionar. “Llegó tan de golpe que no pudimos salvar nada”, dice esta mujer con cara de cansancio tras pasar toda la noche intentando baldear su vivienda. “Ha sido horrible”, añade mientras muestra el barro desparramado por todos los rincones.

Como la suya, otra veintena de viviendas de la calle Poeta García Valverde, en El Trapiche (barriada de unos 350 habitantes a las afueras de Vélez-Málaga) se anegaron debido a la rotura de una gran tubería de 1,2 metros de diámetro. Es la que surte a los municipios de la zona. Parte desde el pantano de La Viñuela en dirección a la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP), ubicada justo a la salida de El Trapiche, y posee un gran caudal. El reventón ocurrió sobre las 22.15 del lunes. Y, aunque el suministro se cortó rápidamente, la zona más baja del barrio veleño se convirtió en una enorme laguna, que inundó un parque y se introdujo alrededor de metro y medio en casas y la iglesia de San Isidro. También algunas naves industriales y garajes (hay una decena de vehículos afectados). El incidente obligó a cortar la carretera A-7205 en el kilómetro 11.

Numerosos efectivos de bomberos acudieron pocos minutos después de que los vecinos avisaran al servicio de emergencias y encontraron una situación desastrosa, según describe Francisco Delgado Bonilla, máximo responsable del Consorcio Provincial de Bomberos. Con la ayuda de personal del Ayuntamiento de Vélez-Málaga, achicaron agua hasta las tres de la madrugada. Durante esos momentos, operarios de la Empresa Pública de Aguas de la Axarquía (Axaragua), trabajaron para garantizar el suministro de agua a los 14 municipios de la comarca que también se abastecen del mismo embalse, algo que consiguieron horas más tarde. A primera hora de la mañana, los efectivos de limpieza llegaban para intentar devolver la zona a la normalidad.

“No hay que lamentar daños personales, pero sí numerosas pérdidas materiales”, ha subrayado Delgado Bonilla esta mañana. “Es momento de evaluar daños y pedir responsabilidades”, añadía el máximo responsable del consorcio provincial, que ha destacado que la tubería afectada tiene más de 25 años. “Quizás sea hora de analizar las infraestructuras y plantear un posible plan de inversiones para que esto no vuelva a ocurrir”, añadía esta mañana tras comunicar dicha idea al presidente de la Mancomunidad de Municipios y de Axaragua, Gregorio Campos, que anoche acudía junto al alcalde de Vélez-Málaga, Antonio Moreno Ferrer, a El Trapiche para conocer la situación.

Muchas vecinas seguían esta mañana aún con el miedo en el cuerpo. Una de ellas es Ángeles Rosas, que relataba haber sufrido el mayor susto de su vida. El agua le despertó y, al ver la violencia con la que entraba en su casa, se temió lo peor. “Pensaba que iba a morir”, asegura. Ante la imposibilidad de reaccionar, se refugió junto a su familia en una pequeña habitación en desuso que posee en la segunda planta. Y allí esperaron a que la situación se calmara mientras veían a su pequeño perro nadar entre muebles y otros enseres. “Está todo destrozado”, dice mostrando distintas habitaciones aún con muestras de barro a pesar de limpiar durante toda la noche. A su lado, una mujer de 90 años recién operada de la cadera y problemas de movilidad tuvo que ser rescatada por los bomberos.

La imagen de la fuerza con la que llegó el agua se demuestra también en la parroquia de San Isidro, un pequeño templo en el que esta mañana aún flotaban en agua bancos, libros de catequesis e incluso el confesionario. También hay daños en el mobiliario de la hermandad, un trono y ropa de liturgia. “Con el tiempo y una lavadora saldrá todo adelante”, destacaba optimista el párroco, Eduardo Romero, que prefería quedarse con lo positivo: las imágenes y los libros de bautismo, matrimonio, funerales y confirmaciones están en perfectas condiciones.

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