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Los tres hilos de los que pende la vida de Pablo Ibar

En el año 2000 fue condenado a muerte por un triple asesinato del que siempre se ha declarado inocente

Un agente le quita las esposas a Pablo Ibar a su llegada al tribunal. En vídeo, declaraciones de los acompañantes de Ibar tras la primera sesión del nuevo juicio, celebrada el pasado 26 de noviembre.

“Lo peor que te puede pasar en un caso como este es que te asignen un mal abogado, y eso es lo que le pasó a Pablo. Todo lo que podía haber salido mal le salió mal”, explicaba la senadora española Rosa Vindel, del PP, a la salida del juicio que se sigue estos días en Fort Lauderdale, Florida, contra el español Pablo Ibar. En el año 2000, Ibar fue condenado a muerte por un triple asesinato del que siempre se ha declarado inocente. Su abogado entró en una espiral autodestructiva que le dejó en la indefensión. Así lo reconoció el Tribunal Supremo de Florida, que ordenó repetir el juicio porque tuvo una defensa deficiente y porque las pruebas fueron “escasas” y “endebles”. La semana pasada comenzó el nuevo juicio que acabará con el regreso de Ibar al corredor de la muerte o con su libertad, tras media vida en la cárcel. Ahora, coinciden todos, Pablo Ibar sí cuenta con una buena defensa. Y su estrategia es clara. Se limitará a desmontar las endebles pruebas de la fiscalía: los tres hilos de los que pende la vida de Pablo Ibar.

1. El testigo estrella

El 26 de junio de 1994, los dos asesinos huyeron de la escena del crimen en el coche del empresario de la noche Casimir Sucharski, al que acababan de matar junto a las dos bailarinas Sharon Anderson y Marie Rogers. El 14 de julio, una semana después de que detuvieran a Ibar porque un policía consideró que se parecía a una imagen capturada por una cámara de vigilancia, los detectives encargados del caso recibieron en la comisaría a Gary Foy, un vecino de Sucharski que aseguró que el Mercedes negro del empresario se detuvo detrás de su coche en un semáforo. Foy vio que no era Sucharski quien viajaba en su interior, sino dos jóvenes que le parecieron latinos. Apenas los vio, advirtió Foy, en el espejo retrovisor, durante los escasos segundos que permaneció en rojo el semáforo. Los detectives mostraron a Foy seis fotografías, una de las cuales era de Ibar, y le preguntaron si reconocía a alguno de los ocupantes del vehículo. Foy primero dijo que no. Los agentes le dijeron que tenía que señalar a alguno y el testigo señaló una foto que no era la de Ibar. Le pidieron que volviera a intentarlo y entonces sí señaló a Ibar. Pero advirtió de que no estaba seguro. Ya solo el hecho de que los agentes que le mostraron las fotografías supieran quién era el sospechoso constituye una irregularidad, según expondrá un experto, ya que pueden condicionar, incluso involuntariamente, al testigo. Al día siguiente se le organizó a Foy una rueda de reconocimiento en vivo. Había seis jóvenes, solo uno de los cuales coincidía con alguno de los de las fotografías: Pablo Ibar. Foy le señaló. En el nuevo juicio, la defensa pretende poner en evidencia las irregularidades en la identificación. “Manejaron a Foy de una manera totalmente ilegal, lo manipularon deliberadamente, no tenían caso y tuvieron que fabricar uno”, resumió el abogado.

2. La cinta de vídeo

Al entrar en la casa de Sucharski en Miramar, localidad del condado de Broward (Florida), donde yacían los tres cadáveres, los detectives hallaron una cámara de vigilancia que había registrado, con escasa calidad, cómo dos individuos, uno con una gorra y otro tapado con una camiseta, irrumpían en la casa y mataban a las víctimas con disparos a bocajarro. La fiscalía sostiene que Ibar es el individuo que lleva el rostro cubierto por una camiseta y que, al final, se quita la prenda para secarse el sudor, descubriéndose brevemente ante la cámara, y la deja tirada en el suelo. También fue condenado a muerte por el crimen Seth Peñalver, a quien los detectives identifican como el otro asaltante. Pero el Supremo de Florida detectó irregularidades en el juicio y también ordenó su repetición, tras la que Peñalver salió libre. “Una parte esencial de su defensa fue la afirmación de que no era el sujeto de la cinta de vídeo y para apoyarlo utilizó un experto en antropología forense. En el juicio de Ibar, su abogado no presentó un experto en reconocimiento facial pese a que Ibar lo solicitó”, explica el alto tribunal. Esta vez, la defensa sí tiene un experto. Una eminencia mundial en la materia que traerán desde Reino Unido, un país donde la presencia de videocámaras en las calles hace muy frecuente el trabajo de identificación. “El experto concluye que Ibar no es el individuo que se ve en el vídeo”, explica la defensa.

3. La camiseta

Se hallaron más de cien huellas en el lugar del crimen, una de ellas incluso con sangre. Ninguna señala a Ibar. La falta de pruebas físicas es una de las grandes flaquezas de la acusación. Hasta ahora. La camiseta que cubría el rostro de uno de los asesinos ha sido analizada en cinco ocasiones. Nunca arrojó coincidencias con el ADN de Ibar. Pero ahora, tras un nuevo análisis realizado en 2016, hay una coincidencia en una superficie minúscula. La fiscalía atribuye el nuevo hallazgo a la mejora de las técnicas de análisis. La defensa sostiene, directamente, que la prueba ha sido manipulada. “Llevaba la camiseta en la cara, hablaba a gritos. Saliva, sudor… el ADN debía estar por toda la camiseta. Y lo está. Pero no es el de Ibar. Se ha analizado cinco veces y el ADN sigue siendo de un desconocido número 1. Ahora parece que hay una coincidencia en un espacio pequeño. En 16 años ha cambiado mucho la técnica, sí. Sobre todo para poner una mota de ADN de alguien”, expuso el abogado al jurado.

La defensa explicará que la camiseta llegó al laboratorio en un sobre de papel, metido en una caja, que estaba abierto y en cuyo interior había más objetos. En los primeros días de la vista realizaron con éxito un viejo truco: invitaron a uno de los peritos de la fiscalía a coger con sus dedos un casquillo de bala que constituye una prueba, y este lo hizo. Si un experto ha contaminado una prueba ante el juez, ¿qué no puede haber sucedido en 24 años?

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