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Pablo Crespo, el cerebro que vio el gran negocio

El empresario y expolítico se encargaba de mover el dinero negro del Partido Popular

Pablo Crespo, a su llegada a la Audiencia, en una foto de archivo.
Pablo Crespo, a su llegada a la Audiencia, en una foto de archivo.

Pablo Crespo entendió todo cuando fue secretario de organización del PP de Galicia, a finales de los años 90, de la mano de Xosé Cuiña, el gran aspirante a la sucesión de Manuel Fraga. Según su propia confesión, él era el hombre encargado de mover el dinero negro —un 65% de todo lo que se gastaba, según explicó— que se movía en el partido. Crespo trataba con los empresarios y con los organizadores de los actos, sobre todo con Francisco Correa, que lo hacía casi todo en el PP.

Mariano Rajoy siempre utiliza a Crespo como prueba de que su enfrentamiento con el mundo Gürtel, porque fueron Cuiña y él quienes, en un congreso del PP gallego, mandaron a Rajoy, entonces ministro, al “poleiro” (gallinero), al fondo, para demostrar que él allí no mandaba nada. Crespo salió del PP en una de sus múltiples batallas internas de esos años, en 1999, y decidió aprovechar el filón que había descubierto: el de los actos y el dinero negro que se movía en los partidos. Así este hombre que venía de ser bancario en una oficina en Pontevedra pasó a ser otro millonario como Correa gracias a los contratos con el PP y a esas campañas que dirigía Rajoy, con el que se había enfrentado.

Crespo había tenido muchas tensiones dentro del PP, así que dejó que fuera Correa quien pusiera la cara. Lo suyo no eran las “relaciones con políticos” sino mover el dinero, organizar la empresa, diseñar operaciones. Era el cerebro real frente al caótico Correa, un hombre intuitivo que sabía comprar voluntades pero tenía más dificultades para llevar un emporio como el que juntos llegaron a crear. Nunca rompieron, ni siquiera durante el juicio. Y juntos se enfrentan a una condena enorme —33 años en el caso de Crespo— y a otro rosario de juicios que amenazan con dejarles media vida en prisión.

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