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“O luchaba o me quedaba postrado”

Una conductora bebida y drogada arrolló hace un año a Andrés Contreras junto a cinco ciclistas más en Oliva, en un siniestro que acabó con la vida de su padre

Andrés Contreras en Xàbia (Alicante) el pasado miércoles ante el gimnasio donde se recupera.

Con 26 años, Andrés Contreras tuvo que aprender a caminar, a hablar, a defecar... A todo. Tenía los dientes y la lengua rotos, la mandíbula, la cara; el pectoral y la escápula pegada y no le funcionaba el brazo... Hace un año sobrevivió a un atropello múltiple en Oliva (Valencia). Una conductora ebria y droga lo arrolló junto a otros cinco compañeros de pelotón cuando rodaban temprano por la N-332. En la grupetaiba su padre, Luis Alberto Contreras, de 53 años, que perdió la vida ese día. Al igual que otros dos miembros del equipo, Eduardo Monfort y José Antonio Albi, ambos de 28 años.

Otros dos ciclistas resultaron heridos de gravedad, el propio Andrés, que tiene ahora 27 años, y Scott Gordon. Cuando se cumple un año de la tragedia, la conductora, en prisión provisional, ha apelado a la Audiencia de Valencia para salir en libertad. Está acusada de los delitos de homicidio imprudente, de lesiones por imprudencia grave y contra la seguridad vial.

Andrés —nacido en Caracas, de padre colombiano y madre venezolana (él fue campeón de ciclismo en ruta y ella árbitro de velódromo)— explica en Xàbia, localidad donde reside hace 17 años, que su única afición ahora es "vivir, recuperar la salud" y volver a practicar el triatlón de media y larga distancia, su gran pasión. No recuerda nada de lo que sucedió el 7 de mayo de 2017, cuando una joven que volvía de fiesta los embistió con su coche. Los psicólogos del hospital aconsejaron a la familia de Andrés que no le mostraran nada de lo sucedido al principio.

"En la UCI me quitaron la televisión y mi madre me decía que mi padre estaba en otro hospital. Más tarde, poco a poco, fueron contándome lo que había sucedido y cuando supe que en el accidente murieron mi padre y dos compañeros, empecé a buscar por Internet todas las noticias del accidente", rememora. Pidió a la Guardia Civil el atestado del accidente, vio todas las fotos e hizo una reconstrucción del siniestro porque necesitaba escarbar en lo que le sucedió. "Hacerlo me ha ayudado bastante psicológicamente a pasar el mal trago". Ahora solo piensa en que está vivo y en que no vuelva a repetirse un accidente así. "Quiero transmitir un mensaje de superación y, sobre todo, que nadie se suba a un coche drogado y bebido", enfatiza.

El último año ha sido difícil para este joven informático. Tras el accidente, cuando no podía ni hablar, le vaticinaron dos o tres meses de UCI, pero salió en una semana. Cuando subió a la planta del hospital, con más de 10 operaciones soportadas, le advirtieron de que sería una recuperación dura y difícil y que posiblemente le quedaran lesiones de por vida que le impidieran correr y nadar. Pero siempre vio a sus médicos muy positivos. Estuvo postrado en la cama cuatro meses; le bajaban al gimnasio para la rehabilitación en cama porque no podía moverse. Han sido miles de horas de fisioterapia y de dolor.

Andrés no habla de secuelas psicológicas porque, como dice, "tenía dos opciones cuando estaba postrado: quedarme en la cama y llorar, sin entrenar, sin hacer nada, deprimiéndome; o podía luchar por mi salud y llorar la pérdida de familiares y amigos". "Lo pasas fatal", asegura. Lo intenta pero no tiene una vida normal, pasa cinco horas diarias en el gimnasio y lo peor de todo: su padre no está ahí. No ha necesitado ayuda psicológica porque ha tenido el apoyo de la gente que le quiere: "Son los que tiran de mí".

Respetar el metro y medio

Cada año hay un goteo constante de ciclistas muertos o heridos en las carreteras. Las causas son, según Andrés, un cóctel de muchas cosas. “He hablado con muchos profesionales de este deporte y coinciden en que hay que endurecer las sanciones. Los conductores deberían respetar el metro y medio de distancia del pelotón”, apunta. El joven no elude la autocrítica porque también hay ciclistas que van mal. “Mucha gente nos echa en cara que no pagamos impuestos, que no tenemos matriculación. Bueno, pues si mucha gente pide eso, igual deberíamos pagar. No creo que un impuesto a la bici costase más de siete euros y los ciclistas también somos conductores”, dice.

Pero lo más urgente es protegerlos, pues "los ciclistas estamos abandonados y necesitamos mejores leyes". Donde la grupeta de Andrés tuvo el accidente es una carretera ancha, muy frecuentada por ciclistas, aunque ahora cada vez menos por su accidente y otro que hubo después. Hay miedo. "No quiero que nadie me saque de la carretera y me prohíba este deporte. Pero ese tramo es una carretera recta y larga y podría ayudar a la circulación de ciclistas que se liberara de peaje la autopista de al lado, y no hubiera tantos coches por la N-332, pero ahí ya entramos en política… Personalmente pediría una línea continua doble y poner la velocidad máxima a 80 kilómetros por hora", propone.

Desde hace unos meses visita colegios e institutos para hablar a los alumnos de seguridad vial. "Enseño a los chicos las fotos de cómo quedé yo", explica este superviviente, que critica que se haga política con las tragedias. No solo ocurre con los ciclistas, "estamos viendo que en España se cambian las leyes solo cuando sucede algo. Parece que el Gobierno no trabajara. ¿Tiene que morir alguien o una mujer ser maltratada, violada para que cambie el Código Penal?", plantea. Opina que cuando se olvida, queda en nada. "Parece que la muerte de ciclistas es gratis porque son tragedias a plazos; uno muere el lunes, otro el siguiente; y si sumas todas las muertes de aficionados de 2017 y lo que llevamos de 2018 el resultado es una catástrofe". El Congreso de los Diputados tramita un endurecimiento de las penas, que oscilan entre los nueve años que plantea el PP, a los seis que defiende el PSOE. En la actualidad, la pena máxima por atropello son cuatro años.

Andrés solo quiere mirar hacia adelante y entiende que la conductora que los arrolló es una chica joven, que le gusta la fiesta y que ha cometido un error; pero tiene la impresión de que no sabe lo que ha hecho: "Ha matado a tres personas, ha dejado a dos heridas, ha roto seis familias… Yo tengo que llevar un fijador externo, un yeso en la pierna derecha y me faltan operaciones, y me parece repugnante que intente salir de la cárcel", apunta.

Hace unos meses volvió a subir a la bici. Sintió la emoción del viento en la cara. Pero faltaba su padre. Antes, cada vez que salía en bici lo hacía con él. "Y volverte a poner el maillot sin estar él es bastante duro, pero ahora estoy haciendo muchas horas de bicicleta en el gimnasio y voy a salir", asegura.

Este lunes se cumple un año del espeluznante accidente y su madre le ha prometido una tarta con una vela porque dice que cumple un año, que aquel día volvió a nacer. El domingo reunirá a toda la familia y comerán juntos, pero será una jornada triste porque faltará una persona.

Más penas y juicios rápidos

La normativa de tráfico no es suficiente, en opinión de Andrés Contreras. "Es extraño que solo uno o dos casos en España [de atropellos a ciclistas] se hayan penado con cárcel preventiva, sin posibilidad de fianza. Imagino que por el eco que tuvo nuestro caso o porque en 2017 murió mucha gente. La chica que nos atropelló iba bebida y otra chica en Mallorca, también presumiblemente bajo el efecto de drogas, atropelló este año a varios ciclistas y uno murió". Este ciclista pide endurecer las penas, facilitar que los juicios se celebren más rápido y se les retire el carné de conducir para siempre. La chica que le atropelló era reincidente y llevaba en el cuerpo una tasa de 0,90 de alcohol y dio 56 de cocaína.