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Aznar: “Barberá ha muerto excluida del partido al que dedicó su vida”

El PP despide a la exalcaldesa como uno de los suyos dos meses después de pedirle su baja

Rita Barberá, Rajoy y Camps en las fallas de Valencia de 2009.

El comunicado de pésame de José María Aznar por el fallecimiento de Rita Barberá incluyó un reproche a los suyos que evidencia el complicado luto del PP por la muerte de una figura que les regaló 20 años de mayorías absolutas en el Ayuntamiento de Valencia y decenas de titulares por escándalos de corrupción.  "Ha muerto habiendo sido excluida del partido al que dedicó su vida. Y lamento que haya muerto antes de ver archivada la causa abierta contra ella y, con ello, restablecido el buen nombre que para mí siempre tuvo", declaró el expresidente del Gobierno.

Apenas dos meses después de pedirle que abandonara sus filas tras abrirle el Tribunal Supremo una causa por presunto blanqueo, los populares se esforzaban este miércoles por despedir a la exalcaldesa de Valencia como una de los suyos. El partido emitió un comunicado en el que expresaba su "más profundo dolor” por la muerte de Barberá, de la que elogió su “servicio público”: "Consagró su vida a Valencia y a España. Su obra quedará en la memoria de todos los ciudadanos". Hubo quien, como el exministro de Asuntos Exteriores José Manuel García Margallo admitió que la senadora estaba "deprimida" y "decepcionada" con algunos compañeros de partido. Y quienes señalaron a los medios por haber instigado "un linchamiento" o "cacería injustificada". "La habéis condenado a muerte", llegó a decir Celia Villalobos, refiriéndose a los periodistas.

Rita Barberá (Valencia, 1948) murió huérfana de partido, tras darse de baja el pasado 14 de septiembre en la formación en la que había militado durante casi 40 años, desde los tiempos de Alianza Popular. La "dolorosa" decisión, como ella misma explicó, no fue voluntaria. Llegó tras una tensa negociación con la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, y el vicesecretario de organización, Fernando Martínez-Maillo, que le pedían que diera un paso atrás para aliviar la presión por los escándalos de corrupción en plenas negociaciones para intentar investir presidente a Mariano Rajoy y en campaña para las elecciones gallegas y vascas. La alcaldesa de Valencia durante 24 años se resistió hasta el final y el comunicado en el que anunciaba su baja del PP llegó solo unas horas después de que el partido la amenazara con convocar al comité de derechos y garantías para expulsarla si ella no se iba voluntariamente. Cuando finalmente fue imputada, el pasado 20 de octubre, el PP pudo decir que ya no pertenecía al partido.

Rajoy no había querido participar en las negociaciones con la exalcaldesa para que diera un paso atrás. La conocía desde los años ochenta, le debía, junto a Francisco Camps, buena parte de la supervivencia en su momento más delicado en el partido, el congreso de Valencia de 2008, y la defendió prácticamente hasta el final. "No tengo ninguna autoridad sobre Rita Barberá”, se zafó cuando le preguntaron si creía que debía haber renunciado también a su escaño en el Senado, como ya expresaba en público casi todo el partido. Él no se lo pidió nunca.

El BOE publica hoy el cambio legal que permite revocar senadores

Precisamente hoy, el Boletín Oficial del Estado publica la modificación de la ley 9/2010 de designación de senadores en representación de la Comunidad Valenciana para permitir revocar a un senador por pérdida de confianza.

La modificación, realizada a raíz del caso de Barberá, introduce así un nuevo motivo para revocar a un senador. La propuesta de revocación debe ser propuesta con un escrito motivado firmado por al menos dos grupos parlamentarios que representen, como mínimo, a una décima parte de los miembros de la Cámara. 

La solicitud de revocación debe estar fundamentada, según la nueva redacción de la ley, en causas que justifiquen la pérdida de confianza, esto es, "el incumplimiento de las obligaciones del senador o senadora o actuaciones que comporten el desprestigio de las instituciones". El PP votó el pasado septiembre a favor de instar a Barberá a que renunciara a su acta de senadora por ese motivo.

Una vez admitida a trámite la solicitud de revocación de un senador, el afectado comparecería en sesión pública ante las Cortes valencianas. Tras un debate en sesión plenaria, se votaría su salida.

Este miércoles, el presidente del Gobierno confesó que había hablado con ella por su declaración ante el Supremo, el pasado lunes, y muy emocionado, declaró: “En el PP estamos enormemente afectados. Rita Barberá ha dedicado su vida a Valencia y al PP. Tuve la oportunidad de hablar con ella hace pocas fechas, cuando tuvo que ir a declarar y realmente me siento enormemente apenado. Se hace muy duro esto”.

"Cacería injustificada"

Pero algunos dirigentes del PP fueron más allá. Celia Villalobos acusó a los periodistas de haberla “condenado a muerte”. Rafael Hernando denunció el “linchamiento” que, a su juicio, había sufrido la senadora. El ministro de Justicia, Rafael Catalá, dijo que ahora muchos lamentarían “las barbaridades” que habían dicho sobre ella. Jesús Posada habló de “cacería injustificada”. Alicia Sánchez Camacho criticó el “ensañamiento” de los “juicios paralelos”.

La familia de Barberá pidió celebrar el funeral en la intimidad, sin instituciones ni partidos, aunque sí acudirá Rajoy. La exalcaldesa interpretó que algunos de sus compañeros la habían condenado por adelantado y así se lo hizo saber enviándoles SMS de reproche. El enfrentamiento fue especialmente duro con el vicesecretario Javier Maroto. El dirigente popular no ocultó su indignación por la decisión de la exalcaldesa de aferrarse a su escaño en la Cámara alta tras darse de baja en el PP “para conservar el aforamiento”. “Se ha equivocado y al permanecer en el Senado solo está prolongando su calvario, alargando su agonía”, dijo. Pablo Casado, Cristina Cifuentes, Pedro Sanz, Xavier García Albiol... le pidieron públicamente que se marchara. Los populares apoyaron una propuesta en las Cortes valencianas para que entregara su acta. Precisamente este miércoles, el BOE publicaba la modificación de la ley de designación de senadores en representación de la Comunidad Valenciana que permite revocarles por pérdida de confianza o desprestigio.

Cospedal se quedó prácticamente sola al defender su permanencia en el Senado.  La exalcaldesa fue a parar al Grupo Mixto, atestado de enemigos políticos como Carles Mulet (Compromís), que durante un pleno espetó lo siguiente a la bancada popular: "No tiren su basura a nuestro grupo parlamentario”. El entorno de la exalcaldesa justificaba aquella resistencia suya en el Senado, el ser "la apestada" de la Cámara, por dos motivos: el sueldo de unos 5.000 euros -ella lo negó-  y el aforamiento, que le permitía ser juzgada en el Supremo y evitarse el “paseíllo judicial” en su ciudad. Según esas fuentes, Barberá apenas salía ya de casa porque temía la reacción de los vecinos a los que había gobernado durante 24 años y a la prensa, que hacía guardia permanente frente a su hogar. En su breve estancia en el Grupo Mixto se sentaba en la última fila del hemiciclo, pero arrimaba su silla a los escaños del PP. Solo regresaba a su escaño para votar, eso sí, siempre lo mismo que su antiguo partido.

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