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El PP “desinfla” las primarias

Rajoy afronta el congreso con tres millones de votos menos y un PSOE roto

Mariano Rajoy,poco antes de su intervención en el Congreso Nacional de Directivos. Ampliar foto
Mariano Rajoy,poco antes de su intervención en el Congreso Nacional de Directivos. EFE

Con dos años de retraso, el PP celebrará los próximos 10, 11 y 12 de febrero, su XVIII congreso nacional para revalidar a su líder y actualizar estatutos y postulados ideológicos. Estas son algunas de las claves de cónclave.

Cómo llega el PP. Tiene casi tres millones de votos menos de los que atesoraba en el anterior congreso, de 2012. En el camino perdió seis gobiernos autonómicos y capitales tan importantes como Madrid. Eso, en términos absolutos. En términos relativos, los dirigentes populares consultados aseguran estar más “optimistas y tranquilos” que en el anterior cónclave porque están en el Gobierno con una mejor situación económica, y su eterno rival, el PSOE, afronta una de sus peores crisis, gobernado por una gestora y con amenaza de ruptura de su franquicia catalana, el PSC.

Cómo llega Rajoy. Los populares coinciden en que llega al congreso “más reforzado que nunca”, sin la complicada situación del cónclave de 2012, recién llegado al Gobierno, y desde luego, mucho más cómodo que en el anterior, de 2008 en Valencia, donde Esperanza Aguirre amagó con disputarle el puesto. “Nadie cuestiona ahora su liderazgo”, afirma el vicesecretario de organización del PP, Fernando Martínez-Maillo. “Se ha demostrado que su estrategia era la correcta”.

El nerviosismo interno que sí hubo tras las elecciones de diciembre, cuando el presidente apostó todo a que sus enemigos se anularían entre sí, desapareció al ver que el Gobierno alternativo no cuajaba y que ni el PSOE ni Ciudadanos pedían la cabeza de Rajoy como contrapartida para su voto (abstención y a favor, respectivamente), en la investidura.

También los enemigos internos han perdido fuelle. Rajoy llega al Congreso sin la larga sombra de José María Aznar, al que un veterano dirigente popular define como “la suegra del PP”. Sigue siendo presidente de honor, pero ha roto el cordón umbilical que le seguía uniendo a la máquina ideológica del partido: FAES. El expresidente no participó en ninguna de las dos últimas campañas y no está confirmado que lo haga en el congreso.

Se quedaron por el camino... muchas caras del PP del anterior congreso. La histórica Rita Barberá, anfitriona del cónclave más complicado para Rajoy, el de 2008, se dio de baja en el partido tras abrirle el Supremo una causa por presunto blanqueo; Ana Mato, acusada de “partícipe a título lucrativo” de la trama Gürtel, anunció que dejaba la política; Alberto Ruiz-Gallardón renunció a todos sus cargos en el partido al retirar el Gobierno su reforma de la ley del aborto; Esperanza Aguirre dimitió como presidenta del PP de Madrid más de un año después de la entrada en prisión de su mano derecha, Francisco Granados. “La corrupción nos está matando a todos”, dijo. Y también se fueron dos líderes del PP vasco, Antonio Basagoiti y Arantxa Quiroga en medio de un difícil proceso para decidir cómo gestionar el después de ETA.

Primarias “desinfladas”. “No vamos a copiar lo que otros hacen mal”, asegura Martínez-Maillo, coordinador de la ponencia de Política y Estatutos del congreso, cuando le preguntan por las primarias. Otro dirigente territorial apunta: “Si hubiera sido hace un año habría sido distinto porque entonces sí había un entusiasmo por las primarias. La irrupción de nuevas fuerzas políticas llevó a cuadros de nuestro partido a pensar que podían ser un gesto de acercamiento al ciudadano, pero visto lo que ha pasado en el PSOE eso se ha desinflado”. Los dirigentes consultados, no obstante, coinciden en que se buscará “una fórmula intermedia” para aumentar la participación de la militancia.

El enigma Cospedal. Quiere seguir como secretaria general pese a su nombramiento como ministra de Defensa y en contra del criterio de algunos cuadros del partido. “En el congreso habrá un debate de personas sobre quién va a ser el número dos, el tres... porque hay una parte del partido que sí pide refrescar el proyecto”, afirma uno de los dirigentes que participa en las ponencias del cónclave. “Tenemos una fuga muy importante de votos por el centro, a Ciudadanos, y parte del PP cree que la forma de combatirla es modernizarnos: los más jóvenes van por esa línea y los más mayores son más reticentes, pero creo que el presidente es consciente de que necesitamos un revulsivo”. El segundo de la lista que Rajoy presenta al congreso es, de facto, el nuevo secretario general. Los dirigentes consultados no creen que cuaje el debate de si las bases deben participar en la elección del número dos. “Nuestro partido es presidencialista, no existe esa cultura organizativa de la izquierda. Tenemos nuestros propios ritmos”, afirma el líder del PP andaluz, Juan Manuel Moreno.

Limitación de mandatos, de cargos y régimen sancionador. Los dirigentes consultados confirman que una corriente del partido desea limitar los mandatos a ocho años y restringir la compatibilización de cargos, sobre todo en los ámbitos inferiores. El PP tiene que incorporar a sus estatutos, además, medidas anticorrupción pactadas con Ciudadanos, como la suspensión de imputados por corrupción. Muchas de ellas son viejas reivindicaciones de Nuevas Generaciones, los cachorros del partido. Beatriz Jurado, su presidenta, explica que quiere debatirlas en el cónclave. Uno de los mensajes que ha transmitido Rajoy es que pretende que el congreso sirva para captar voto joven.

Revisión ideológica. “Otros partidos tienen problemas de liderazgo, han perdido sus señas de identidad, no saben quiénes son. Nosotros queremos aprovechar este congreso para ampliar las nuestras y ganar espacio electoral”, afirma un dirigente del PP. En los cinco años que pasarán entre la celebración del último y el próximo congreso “la sociedad ha cambiado mucho y tenemos la oportunidad de abordar temas que antes no estaban sobre la mesa, como la gestación subrogada por ejemplo”, añade otra integrante del comité organizador del cónclave.

En su último congreso, el PP se definió como un partido cristiano. Pese a haber recurrido ante el Constitucional la ley de matrimonio gay, manifestaba su “compromiso con el reconocimiento de los derechos de las personas homosexuales, para elevar a la categoría legal y política de normal lo que en la calle es plenamente normal”.

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