Deconstrucción de Alberto GarzónOpinión
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Primera causa: Palestina

Manuel Jabois hace su particular deconstrucción del líder de IU - Unidad Popular, Alberto Garzón

Alberto Garzón a los 16 o 17 años.
Alberto Garzón a los 16 o 17 años.EL PAÍS

— Es un artículo sobre el despertar sexual de los candidatos. Queremos hablar con todos para que nos lo cuenten.

— ¿Cómo?

— Ideológico, perdón, el despertar ideológico. Si lo hubo.

El jefe de prensa de Alberto Garzón coge aire. “Ah, vale”. El candidato de IU a la Presidencia del Gobierno creció en el Rincón de la Victoria, un pequeño pueblo de Málaga. De su colegio, de la generación que creció con él, fue el único varón que llegó a la Universidad.

— ¿Y eso?

— Se incentivaba dejar los estudios. Hablamos de la Costa del Sol y del boom del ladrillo. Había muchas tentaciones. Cuando estudiaba en la universidad pública con una beca de 350 euros había compañeros míos del colegio y del instituto que cobraban 1.800, 2.500, 3.000 euros por trabajar en la construcción. Ése era el modelo.

Su primera inquietud política fue a los 15 años leyendo noticias y escuchando canciones sobre Palestina. Fue su primera causa. Habla del “genocidio” que a su juicio lleva a cabo Israel contra la población palestina y recuerda la rabia que empezó a sentir y que le fue acercando al compromiso de izquierdas. En su adolescencia, con las letras del rap y del punk, fue activándose hasta encontrar a gente que compartía con él un embrión de ideario: protesta, lucha de clases, inconformismo, república.

En la lectura del diario El Mundo dio con alguien que alimentó su izquierdismo.

— ¡Javier Ortiz! Su columna la devoraba: fue fundamental para mí en aquella época. Lo leía siempre, siempre me hacía pensar. Y me enganché a su blog, una web que tenía y en la que colgaba sus textos.

Javier Ortiz escribió durante muchos años en El Mundo y más tarde en Público. Falleció en 2009; dejó escrito su obituario, que terminaba: “Y todo para acabar con algo tan vulgar como la muerte. Por parada cardio-respiratoria, como queda dicho. En fin, otro puesto de trabajo disponible. Algo es algo”.

Garzón era, desde los 16 años, fiel lector suyo. Sobre esa edad leyó un libro que califica como trascendental: el ensayo No logo, de Naomi Klein, que aborda el impacto de las marcas en la sociedad y la conducta de las multinacionales manipulando al consumidor mientras elabora productos en el Tercer Mundo (por resumirlo muchísimo y penosamente en pocas líneas; el libro, pese a esta sinopsis, merece la pena).

Alberto Garzón (1985), el más joven de los candidatos a las generales del 20-D, se hizo popular pronto en Rincón de la Victoria: estaba detrás de huelgas y movilizaciones estudiantiles en el instituto. Cuenta que era el único que tomaba la iniciativa y el más agitador de su clase. Ayudó la influencia de sus padres, los valores y los principios que le trasladaron, si bien ellos nunca fueron militantes ni activistas. A través de las lecturas y de la música (Ska-P, Habeas Corpus, Los Muertos de Cristo) empezó a acercarse a movimientos antiglobalización y a pensar en el camino para cambiar las cosas: la militancia.

Su verdadero bautizo político, dice, llegó con la guerra de Irak. Tenía 18 años. Fue entonces cuando se afilió a Izquierda Unida y metió la cabeza en manifestaciones. No dejó la política, ni las manifestaciones. Tampoco dejó Izquierda Unida.

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