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Consejos para perder un debate

Análisis de los cara a cara que están por venir ante las próximas elecciones generales

Alguien le habrá comentado a Mariano Rajoy que la manera más rápida de perder un debate es no asistir. Pero también se puede perder asistiendo a un debate equivocado. Rajoy no lo tiene fácil: es el presidente, es el de mayor edad, atributos que respaldan el mensaje del PP de solidez y estabilidad, pero junto al resto de candidatos, nuevos pero ya conocidos y mucho más jóvenes, Rajoy envejece. Su equipo intentará que debata solo con Pedro Sánchez o, mucho mejor, que no haya debates, pero los medios de comunicación no dejarán de presionar. Albert Rivera y Pablo Iglesias mueven audiencias, y la imagen de una silla vacía es un riesgo que hay que valorar.

El equipo de Sánchez le recordará que a un debate no se va a convencer, que no se trata de demostrar que uno se lo sabe todo, que no es una oposición sino un juego de sutil seducción, el espectador quiere humanidad. No se trata de imitar a Hillary Clinton quien, ante las críticas a su distancia y pulcritud, regaló a la audiencia unas lágrimas en víspera de las primarias de New Hampshire en 2008, pero un poco de imperfección, quizás un poco de sudor, ayuda a que te conozcan mejor.

Tras el cara a cara entre Iglesias y Rivera, humanizado hasta la banalidad en la barra de un bar, a Rivera seguro que ya le es familiar la recomendación más citada de Alan Schroeder (uno de los mayores expertos mundiales en debates): "Disfrutar de la experiencia". Rivera estuvo incómodo, se movía hasta salirse del marco, se frotaba las manos, no disfrutaba. Marcó los tiempos, colocó mensajes, pero parecía que no quería estar allí y el espectador siempre toma nota: "Si esto no te gusta ¿cómo vas a aguantar lo que te queda?" Representar a un partido, aspirar a la presidencia del Gobierno, debe ser una experiencia gratificante para todo aquel a quien le gusta la política, y expresar esa satisfacción te ayuda a conectar con los electores.

"Preparado pero descansado", es el consejo más insistente de Yago de Marta, nuestro preparador más internacional. Un consejo que le habría ido muy bien a Pablo Iglesias para evitar su terrible (y me temo que sincera) entrada en el cara a cara con Albert Rivera: "Cansado". Queremos líderes con energía, jóvenes o no tanto, pero dispuestos a dar la batalla por los temas que nos preocupan y que demuestren su compromiso por mejorar nuestra vida. Porque de eso se trata: el espectador se convierte en elector cuando el candidato conecta con su necesidad (siempre difusa y contradictoria) y la transforma en acción, en energía, en una energía que se expresa, en primer lugar, votando.

Sin embargo, la mejor manera de perder un debate es perdiendo el sentido del humor. Un debate es como una conversación familiar que se va un poco de tono, puede ser tensa, hay que encajar y dar de vez en cuando, pero siempre sin excesos y manteniendo la sonrisa para que las cosas vuelvan a su sitio. El pre-debate, el post-debate, en ocasiones influyen más que el debate mismo. La democracia requiere de estos ritos y la crisis nos ha regalado una buena cantidad de candidatos y debates que no teníamos en épocas anteriores. Preparémonos para disfrutar.

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