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las elecciones del 20-D

El PP apela a la experiencia de Rajoy ante la novedad de Sánchez y Rivera

La formación conservadora se presenta como garantía de estabilidad

Feijóo y Dolores de Cospedal visitan los talleres del Centro Ocupacional Aspnais de Lugo.
Feijóo y Dolores de Cospedal visitan los talleres del Centro Ocupacional Aspnais de Lugo. EFE

Mariano Rajoy convocará este lunes las elecciones del 20-D estirando la legislatura al límite y con la obligación de lograr una “victoria amplia” que le permita no convertirse en el primer presidente que no repite mandato. Las acciones de Rajoy están a la baja en un escenario inédito, con partidos emergentes, y muchas previsiones de pactos. El PP le presenta como el candidato de la “experiencia” que proporciona “estabilidad” frente a los novatos Sánchez y Rivera.

Dos figuras en alza y de mucho futuro en el PP —el gallego Alberto Núñez Feijóo y el portavoz oficial de la formación, Pablo Casado— resumieron en una palabra el argumentario sobre el principal activo de Mariano Rajoy ante las elecciones generales del 20 de diciembre, las undécimas de la democracia. La palabra es “Experiencia”.

Al propio Rajoy, de 61 años, le gusta extrapolar ese valor, que identifica con “estabilidad”, a todo el partido. El presidente suele subrayar que el PP, su equipo, su familia política, “ni se montó en media hora, ni en un plató de televisión con una estrella de moda, ni es flor de un día” con tirón solo en determinadas comunidades. En el lenguaje de Rajoy el PP sería así “algo serio, no cualquier cosa”, con estructura, bases y representantes en todos los pueblos de España, a diferencia de la gran carencia que observan en Ciudadanos.

La metáfora del billar

Casado se apropió ayer de una metáfora de billar que gusta de utilizar Jorge Moragas, el jefe de campaña de Rajoy, para llamar al voto útil y directo al PP en estos comicios sin arriesgar con otras jugadas más alambicadas: “La política no es una partida de billar: Quien quiera un Gobierno estable que intente meter la bola azul, no vaya a ser que dando a la naranja meta la roja o la negra”. La elección de los colores no es casual.

Núñez Feijóo profundizó en su sorna gallega para atacar ayer a Sánchez y Rivera en una pulpada en el municipio lucense de Palas de Rei (3.600 vecinos) cuando aseguró que el alcalde local tenía más experiencia que los líderes del PSOE y Ciudadanos, porque “ninguno gestionó nunca un euro público”. El presidente gallego concluyó que ante la imposibilidad de votar el 20-D al edil habría que apoyar a Rajoy. Esas alusiones a la experiencia en situaciones difíciles del presidente tampoco son improvisadas.

El propio candidato las abona con sus recuerdos, según vienen al caso, de cuando empezó en política hace 34 años, de cuando fue concejal y luego presidente de la Diputación de Pontevedra (hace 32 años), diputado autonómico, vicepresidente regional, diputado nacional, ministro cuatro veces y vicepresidente del Gobierno de José María Aznar. No es un bagaje al alcance cualquiera. Y que ha redondeado este mandato en La Moncloa con su proyección internacional, como se pudo comprobar esta pasada semana con los respaldos de otros líderes europeos en Madrid.

Por eso es tan trascendente para Rajoy y su equipo terminar la legislatura con menos parados y más empleados que los que heredó de Zapatero, para solidificar su promesa de que si continúa en el cargo y sigue con sus políticas España podría llegar a 20 millones de puestos de trabajo en 2019.

Ese ha sido el eslogan primordial de todas las campañas en este intenso 2015 electoral y se repetirá a diario para estas generales. Y enfrente, con Sánchez y Rivera, no se sabe bien qué puede haber, quién puede gobernar ni cómo.

El principal rival de Rajoy el 20-D sigue siendo el socialista Sánchez, del que presume más habilidad y ductilidad para los pactos poselectorales, pero cada día que pasa teme más la fuerza y la capacidad de crecimiento que está demostrando Rivera y Ciudadanos. Rajoy siempre despacha a Sánchez como una mala versión de su antecesor, José Luis Rodríguez Zapatero, con la misma propensión a sumarse a iniciativas multipartidistas radicales y populistas de todo signo, y con los mismos instructores económicos de recetas muy favorables al gasto público superadas por los tiempos. Esa “polarización” se endurecerá todavía más en la campaña “porque estamos ante la legislatura más trascendental tras la muerte de Franco y tiene que notarse que estamos ante un momento histórico”, concluye un destacado miembro de la dirección nacional.

En el PP prevén un estilo de campaña de tono duro, pero no en Rajoy, con el objetivo de movilizar al máximo a los desencantados e indecisos. La mayoría de las encuestas coinciden en apuntar que, ante este momento de gran convulsión, la participación podría acercarse al 80%.

Contactos para cuadrar las listas

El presidente-candidato del PP empezará hoy otra semana intensa en su camino hacia el 20-D. Presidirá un Consejo de Ministros extraordinario para firmar el decreto electoral, comparecerá en una de sus ocasionales ruedas de prensa de temporada y acudirá por la noche a TVE para ser entrevistado en directo por Ana Blanco, con preguntas grabadas de 12 ciudadanos de diversos ámbitos sociales. El miércoles le entrevistará Pepa Bueno en la SER y durante la semana mantendrá los primeros contactos para resolver el gran sudoku de las listas al Congreso, sobre todo de los números uno, que son los puestos más previsibles de cuantos hay que rellenar, con todos los ministros del Gabinete (menos Luis de Guindos y Pedro Morenés) y algunas figuras históricas.

Rajoy tiene hasta mediados de noviembre para cuadrar el resto del puzle y es un trabajo, además, que debe resolver directamente, sin mucha delegación. La mayoría de los barones territoriales le han planteado aportaciones y aconsejado que cierre las listas cuanto antes para evitar más nervios y centrarse en lo importante: ganar. También le presionan para que sea atrevido al renovar a la vieja guardia: los diputados que llevan décadas en la Cámara baja, pero son poco optimistas.

En el PP no hay ahora debate alguno sobre el candidato, que se juega su última baza política el 20-D, ni tampoco grandes discusiones ideológicas sobre el programa, cuyo primer borrador genérico se está construyendo en el partido con aportaciones específicas de los expertos en distintos Ministerios que canalizan desde el equipo del presidente en La Moncloa. Las listas, los descartes necesarios para dar una sensación de cierto rejuvenecimiento y las inclusiones obligatorias por diversos compromisos, son el último quebradero de cabeza en el PP.