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Un empresario francés pasó dos meses secuestrado y ‘desplumado’

La Policía Nacional y la Gendarmería francesa logran detener a los cuatro captores de un acaudalado empresario francés en Málaga

Una parte del material incautado a los delincuentes. Ampliar foto
Una parte del material incautado a los delincuentes.

Eran cuatro veteranos delincuentes franceses de entre 45 y 57 años. Se habían conocido en prisión, cumpliendo largas condenas por atracos y homicidios, y juntos planearon el que creían sería el gran golpe de su vida. El pasado 22 de mayo, tres días después de asaltar una armería en Carmaux, de protagonizar después un tiroteo en el que hirieron a un gendarme y trataron de estrangular a otro y de huir en un coche robado a punta de pistola, esperaron a su víctima en las inmediaciones de su casa en el sur de Francia, la acompañaron hasta su domicilio y se la llevaron en su propio coche. Se trata de un acaudalado empresario francés del que no ha trascendido el nombre ni la profesión, pese a haberse pasado casi dos meses secuestrado y haber sido sistemáticamente desplumado por sus captores.

Le obligaron a hacer transferencias desde sus cuentas en paraísos fiscales, pagaron coches, alquileres de pisos y casas y habitaciones de hotel con sus tarjetas, compraron oro por Internet en Bélgica por valor de un millón de euros, le hicieron realizar pagos de 100.000 euros semanales a sus cuentas corrientes. El 13 de julio el empresario fue liberado y los secuestradores huyeron. Pero el pasado 6 de septiembre los cuatro fueron finalmente detenidos en un piso de San Pedro de Alcántara (Málaga), en una operación conjunta entre la Policía Nacional española y la Gendarmería francesa, de la que dieron cuenta este martes sus responsables y el director general de la Policía, Ignacio Cosidó. Un quinto sujeto relacionado con el atraco en la armería fue arrestado de forma paralela por los agentes galos en la localidad de Toulouse.

"No se trata de un secuestro habitual", explican los investigadores. "Aparte de la demostrada peligrosidad de estos delincuentes, se llevaron a su víctima y no pidieron un rescate a la familia". Los captores utilizaron el vehículo de la víctima para trasladarse hasta la localidad de Platja d'Aro (Girona), donde se alojaron en una vivienda propiedad del secuestrado, que durante su estancia permaneció encadenado en el sótano y fue obligado a desvelar todas sus claves bancarias y a abrir cuentas en el extranjero, así como a realizar compras en Internet. Fueron esas cuantiosas operaciones las que alertaron a los gendarmes, pese a que los secuestradores obligaron a su víctima a llamar a familiares y contactos "para decir que estaba perfectamente, pero que se iba a tomar un tiempo de vacaciones". "El banco alertó de que se estaban produciendo movimientos anómalos", explican los investigadores franceses.

Uno de los captores durante su detención en España. ampliar foto
Uno de los captores durante su detención en España.

Tras un periplo por la costa levantina española, finalmente se trasladaron a la localidad marbellí de San Pedro de Alcántara (Málaga), donde se alojaron en un piso alquilado. Tras ser liberado, le obligaron a pagar 100.000 euros semanalmente y le controlaron sus comunicaciones para ver si denunciaba lo que le había ocurrido. Lo tuvieron localizado en todo momento.

En España se iniciaron las investigaciones cuando Francia comunicó la tramitación de una Comisión Rogatoria Internacional e informó de la posible presencia en el país de estos delincuentes. Las primeras pesquisas policiales permitieron descubrir las identidades falsas utilizadas por los fugitivos en España y determinar, además, la zona en la que pudieran estar residiendo.

Asalto de madrugada

Una vez localizado el domicilio en el que se ocultaban, el Grupo Especial de Operaciones (GEO) preparó el asalto gracias a que los agentes pudieron acceder la vivienda de madrugada, evitando una nueva huida de los delincuentes.

En el registro del inmueble se han incautado numerosas armas de fuego, así como 56 lingotes de oro de distinto peso —valorados en 10.000 euros cada uno—, 440 monedas de oro de distinto valor, 90.000 euros, documentación e información de las cuentas de la víctima y propiedades que consiguieron por el secuestro. Además, distintos tipos de dispositivos de vigilancia y multitud de teléfonos, tarjetas de memoria, discos duros e impresoras y material tecnológico para cometer futuros atracos o secuestros.

La investigación, que continúa abierta, ha sido desarrollada por agentes de la Sección de Secuestros y Extorsiones, del Grupo de Fugitivos Internacionales y el GOAS —todos adscritos a la Comisaría General de Policía Judicial—, de la UDYCO Costa del Sol-Marbella de la Comisaría de Málaga, del GEO de la Policía Nacional y de la Gendarmería y la Policía Nacional francesa.