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“El monte rentable no arde”

"La ola de calor convierte la vegetación en un gran combustible", dice el decano de Montes

Del Álamo apuesta por fomentar la actividad en la zona, para mejorar en la conservación

Un vecino de Pereiro de Aguiar (Ourense) intenta apagar las llamas.
Un vecino de Pereiro de Aguiar (Ourense) intenta apagar las llamas. EFE

España vive otro verano plagado de incendios forestales. La ola de calor que ha atravesado el país convierte este 2015 en el peor año del último trienio. Según el Ministerio de Medio Ambiente, entre el 1 de enero y el 2 de agosto, las hectáreas calcinadas superan las 50.000, frente a las 39.038 de 2014; pese a que el número de fuegos se ha reducido: 2.149 este ejercicio, en comparación con los 2.490 del anterior. "La diferencia se debe a la larga sequía y las altas temperaturas de este año. Han afectado al nivel de humedad de la vegetación. Las llamas encuentran ahora mejor caldo de cultivo, lo que facilita su rápida propagación", relata Carlos del Álamo, decano del Colegio de ingenieros de Montes.

Esa misma idea ya la repetían los brigadistas que actuaron la pasada semana en la extinción del incendio de la Sierra de Gata, que devoró más de 7.500 hectáreas y se erige como el segundo más destructivo del año, después del que asoló la comarca zaragozana de Cinco Villas. Entonces, hace apenas un mes, las llamas arrasaron más de 14.000 hectáreas. "Además, los fuegos se están concentrando en el tiempo. Se producen a la vez. Y eso provoca que los medios para apagarlos se tengan que repartir", apostilla Del Álamo. Solo este martes, por ejemplo, cuatro incendios simultáneos han calcinado más de 300 hectáreas en la provincia de Ourense.

"La ola de calor ha provocado que la masa forestal se convierta en un gran combustible. La extensión del fuego se produce muy rápido", continúa el decano, que recuerda como este año se ha repetido la "regla de los tres 30". Una combinación de factores que convierte el terreno en un escenario idóneo para los grandes incendios: humedad por debajo del 30%, temperaturas por encima de los 30 grados y vientos superiores a los 30 kilómetros por hora.

Hay que hacer los montes rentables para que todo el mundo esté motivado en su conservación

Analizadas las causas de este aumento de la superficie quemada, Del Álamo también se adentra en cómo reducir esas cifras. Defiende que, cuando un monte genera beneficio, se cuida y se protege más. "Un monte rentable no arde", subraya, antes de insistir en cómo la administración debe trabajar para potenciar el uso energético de la biomasa forestal. "Debemos fomentar su utilización como energía renovable. Eso genera actividad en el monte. Lo que repercute, a su vez, en su estado de conservación; ya que habrá más gente vigilando y pendiente", destaca.

"Hay que hacer los montes rentables para que todo el mundo esté motivado en su conservación", añade de inmediato el decano, antes de recordar lo complicado que resulta encontrar a los autores de los incendios. España registra cada año miles de fuegos intencionados, pero solo logra condenar a un centenar de personas. "Coger a alguien por un caso aislado es muy difícil. Las investigaciones deben concentrarse en los puntos donde, de forma sistemática, se repiten los incendios", sentencia el integrante del Colegio de Ingenieros, que admite que el país ha "avanzado bastante" en los últimos años y el número de incendios esclarecidos ha crecido.

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