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¿Qué le ha pasado a Izquierda Unida?

La formación que aspiraba a emerger tras el desplome del bipartidismo ve ahora en riesgo su futuro. Dirigentes y exdirigentes analizan las causas

Francisco Frutos consulta su móvil mientras sigue el escrutinio en la sede de IU, en la noche electoral del pasado 24 de mayo.
Francisco Frutos consulta su móvil mientras sigue el escrutinio en la sede de IU, en la noche electoral del pasado 24 de mayo.

Izquierda Unida está viviendo hoy una pesadilla que el Partido Comunista de España (PCE) ya vivió hace más de tres décadas. En las primeras elecciones democráticas de 1977, tras casi 40 años de lucha en la clandestinidad contra el franquismo y cuando parecía que por fin iba a recoger el fruto en las urnas, el PCE tuvo que ver cómo un renovado PSOE, con su cúpula recién desembarcada del exilio, le arrebataba por sorpresa el espacio electoral de izquierdas. Ese golpe se confirmó brutalmente en 1982: el PCE, aún noqueado, se desplomó al 4% de los votos; el PSOE de Felipe González se instaló en la mayoría absoluta. La relación de fuerzas nunca volvería a revertirse.

Algo muy similar —aunque en contextos totalmente distintos— le ha ocurrido aparentemente ahora a IU, heredera de aquel PCE desde 1986. Tras siete años de crisis, recortes y precarización —y con la esperanza que le habían insuflado las elecciones generales de 2011, cuando pasó de dos a 11 escaños—, IU aspiraba a convertirse en una alternativa fuerte al bipartidismo herido. No sucedió: un partido creado ex novo, Podemos, aglutinó en 2014 (europeas) y 2015 (municipales y autonómicas) el voto indignado, acaparó todos los focos y volvió a empujar a un lado a IU cuando ya creía tocar con los dedos su objetivo.

¿Qué ha pasado?

EL PAÍS ha trasladado esta pregunta a una decena de dirigentes o exdirigentes de IU en un momento de cambio político inédito en España. El coordinador general durante 11 años, Julio Anguita, no ha querido participar en este reportaje; tampoco el actual, Cayo Lara. Lo que sigue es un análisis —mezcla de autocrítica y reivindicación— de la situación en la que está IU, en boca de algunos de los que han hecho IU.

Antes del 15-M. El punto de inflexión es para muchos la movilización ciudadana del 15 de mayo de 2011. Pero antes de eso pasaron muchas cosas. “IU había nacido como un ‘movimiento político y social’, una agrupación de fuerzas de izquierda; algo muy parecido a lo que busca ahora la nueva política. Pero acabó siendo un partido al uso”, opina Ramón Luque, secretario de Política Electoral y miembro del Consejo Político desde hace 20 años. “Como partido, claro, ha tenido mejores y peores momentos. Sobrevivió, ha sobrevivido siempre a pesar de todas las veces que se le ha dado por muerta... Pero lo mejor que tenía, el constituirse como movimiento social, quedó atrás”, dice.

IU nació como un movimiento político y social. Acabó siendo un partido al uso (Ramón Luque)

Gaspar Llamazares, coordinador general entre 2000 y 2008 —los años de las guerras intestinas sin cuartel y la travesía del desierto electoral, cuando IU llegó a tener solo dos diputados—, cree que “el proyecto se agarrotó”: “Se convirtió en un proyecto neurótico. Las expectativas nunca se cumplían y la frustración nos hacía volcarnos en nosotros mismos. Vivíamos en el empate interno infinito”. Había también limitaciones objetivas. La fundamental, una ley electoral que ha perjudicado dramáticamente a IU a lo largo de toda la democracia; y algo de lo que se quejan todos los consultados: la práctica “invisibilidad” en los medios de comunicación.

Hay quien ve un problema en la “excesiva ideologización” del proyecto. “Seguimos proponiendo la idealidad para dentro de 100 años”, dice Ángel Pérez, hombre fuerte de IU-Madrid (hoy a punto de ser expulsada por la dirección federal) y en cargos institucionales desde hace 20 años. “Cuando pega el sol en el banco en el que se sienta el vecino, lo que hay que hacer es cambiar el banco de sitio, no prometer que no va a salir el sol”, ejemplifica.

Otros, al contrario, han percibido una deriva hacia la política de despachos. “Esa es la clave: IU priorizó la acción en las instituciones”, lamenta Alberto Garzón, candidato a las generales de fin de año. Pone este ejemplo: “Durante el franquismo, cualquier movilización social era organizada por el PCE. Sin embargo, hace cinco años, al empezar la fase más dura de la crisis, ninguna movilización la organizaba IU. Las montaban la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), las mareas... IU estaba allí, sus militantes estaban allí, pero ya no era la referencia. IU tenía el mejor programa electoral en materia de vivienda, pero fue la Plataforma por la Vivienda Digna quien organizó la respuesta en la calle”.

El principal error fue priorizar la política institucional (Alberto Garzón)

2011. La ruptura social. Hay una gran paradoja: Izquierda Unida, ya con Cayo Lara al frente, fue la primera fuerza que en plena crisis teorizó la necesidad de la confluencia, la apertura, la creación de candidaturas que superaran a los partidos clásicos. Lo hizo en 2009, cuando se dio oficialmente 18 meses para su “refundación” y se mostró tímidamente dispuesta incluso a renunciar a sus siglas en pos de la unidad popular. Nada de eso se llevó finalmente a la práctica. El proceso de refundación quedó hibernando. Dos años después estallaría en el 15-M, los círculos y el fenómeno social que dio lugar a Podemos. Pero ya no lo lideró IU.

“El 15-M dio la puntilla a IU. No vimos venir esa explosión”, dice Luque, que añade: “Ni nosotros ni el Ministerio del Interior, que se encontró de pronto la Puerta del Sol llena de gente, ni los politólogos... ni los periodistas”. “IU no hizo una lectura correcta del 15-M ni del post 15-M”, coincide Inés Sabanés, que dejó IU aquel año, se pasó a Equo y hoy es concejal de Ahora Madrid. “IU creyó que aquello era un fenómeno temporal, una movilización tipo. Pero todas aquellas organizaciones que iban surgiendo y se ponían a la cabeza de las protestas, Juventud sin Futuro, la PAH, las mareas... Había indicadores claros de que eso desbordaba las movilizaciones tipo. Se iba a otra forma de política, de más intervención ciudadana, no a través de los partidos. Ni IU ni ningún partido supo leer ese cambio”. Sabanés afirma que de las inercias de IU durante años son responsables “todos” los que estaban allí —“también yo”—, y añade: “A IU no se le puede reprochar no haber estado en la calle, con la gente. Pero no vimos el fin de ciclo, no vimos que los actores políticos se multiplicaban”.

IU fue en 2009 la primera fuerza en proponer la unidad popular, pero dejó dormir el proyecto

El fiasco de las europeas. Y llegaron las europeas de 2014, en las que IU renunció a experimentar con una candidatura distinta a la de años anteriores —algunos ven ahí un error definitivo—. Y apareció Podemos, un partido que en realidad, aseguran desde IU, es “bastante más clásico y vertical que IU”. Un partido que se llevó las mieles del cambio. IU triplicó sus resultados, pero la sensación fue la irrupción fulgurante de Podemos, que no pararía de crecer en los meses siguientes. “La gente lo estaba pasando muy mal y quería ver un milagro”, interpreta Francisco Frutos, secretario general del PCE entre 1998 y 2009. “Eso, en parte, explica el apoyo a Podemos. Pero no es solo eso”, dice, sugiriendo un apoyo mediático y de los “grandes poderes” al proyecto de Pablo Iglesias en sus inicios, supuestamente con el objetivo de frenar a IU cuando las encuestas auguraban su crecimiento.

“El concepto de partido clásico no representa hoy la forma principal de participación de la ciudadanía”, admite José Luis Centella, actual secretario general del que durante el franquismo fue “el partido” de la izquierda por antonomasia: el PCE. Centella cree que “los partidos tienen que existir”, pero asumiendo que “la forma de participación ha cambiado”. Y sobre IU apunta: “Hacer un análisis solo de los errores de IU es hacer trampa. Esta organización ha estado en todas las luchas, en todas las mareas; ha contribuido a que en este país haya hoy una gran corriente de transformación social. Hicimos bien el trabajo antes del 15-M. Nuestro diagnóstico era fantástico, pero es verdad que tenemos que mejorar la relación entre lo que decimos y lo que hacemos”.

Claro que es injusto. Pero en política las cosas que pasan, pasan (Francisco Frutos)

¿Es injusto lo que le ha sucedido en los últimos tiempos a IU? Frutos resume un sentimiento contradictorio que, con matices, comparten otros: “Sí, es injusto. Pero ha ocurrido. Yo a la gente, a los votantes, no les paso la mano por el lomo si creo que se equivocan. IU ha hecho mucho por la izquierda y debe seguir haciéndolo. Pero en política las cosas que pasan, pasan. Y hay que afrontar lo que pasa, no lo que podría haber sido”.

Aguantar o desistir

El complicadísimo momento que vive IU, impelida a tomar decisiones sobre su futuro, se ve así: dos de los dirigentes con más peso durante años, el excoordinador Julio Anguita y el exsecretario general del PCE Francisco Frutos, están ahora mismo en posiciones casi opuestas. Anguita creó el Frente Cívico en 2012 y aboga abiertamente por una confluencia con Podemos y otras fuerzas. Frutos desconfía: “IU lo que tiene que hacer es aguantar el golpe”, dice. “Hemos vivido otras dificultades y las hemos superado. Convergencia, siempre. Y si dentro de un tiempo hay que buscar otra referencia, se busca. Pero a mí IU me importa”.

El candidato a las generales, Alberto Garzón, propone una confluencia electoral con Podemos en la que IU podría perder las siglas, pero no asumir las de otros: “La marca IU está agotada desde 2009. Ha sobrevivido y lo seguirá haciendo, pero a partir de noviembre se tiene que reformular. Si no, no tendrá sentido”.

El excoordinador Gaspar Llamazares cree que los resultados de las municipales -que IU ve halagüeños porque participó en varias de las plataformas ciudadanas triunfantes- prueban que “IU tiene suelo”. Y que "hay que ir a un proceso de suma, pero no de cualquier forma". Y el madrileño Ángel Pérez añade: “El proyecto que representa IU no es el de Podemos. Nosotros existíamos antes de la crisis y existiremos después de la crisis, nos llamemos como nos llamemos”.

Ramón Luque, secretario de Acción Electoral, sostiene, por el contrario: “IU ha cerrado el ciclo político que le dio origen. Después de noviembre se va a la fundación de una nueva fuerza política”. Con él coincide Manuel Monereo, miembro de la dirección en los tiempos de Anguita; en su opinión, “IU, en este formato actual, no tiene futuro, está agotada”. “Hay que construir algo nuevo. Podemos e IU deben fusionarse en una tercera cosa”, afirma. Y propone: “Nosotros tenemos todo lo que ellos no, y viceversa. Ellos tienen audacia, caras nuevas. Nosotros somos viejos pero tenemos organización, miles de cuadros, presencia en todo el país. Y somos especialistas en travesías del desierto”.

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