Lecciones de las elecciones andaluzas

Los resultados de Andalucía consolidan a cuatro partidos y dan el éxito en las generales a quien movilice más votantes de centro

Dos votantes en las elecciones andaluzas del 22 de marzo.
Dos votantes en las elecciones andaluzas del 22 de marzo.Raúl Caro (EFE)

Susana Díaz tenía muy claro hace un mes que la marca PSOE no le iba a ayudar a ganar las elecciones en Andalucía. Pensaba que su imagen valía más que la de su partido y planteó una campaña personalista pidiendo el voto para poder seguir gobernando la región a su manera; la doctrina Sinatra (I did it my way) aplicada a Andalucía. Por el contrario, Juan Manuel Moreno pensó (o le convencieron) que su mejor baza era apoyarse en la potencia de la marca del PP y en la presencia de miembros del Gobierno, empezando por Mariano Rajoy. Díaz tapó las siglas de su partido con la bandera de Andalucía, ocupó todos los espacios posibles y ganó. Moreno se agarró a los mensajes nacionales del Partido Popular, se fio del tirón de Moncloa y perdió.

Las dos fuerzas emergentes, Podemos y Ciudadanos, basaron su campaña en la imagen de marca de unos partidos jóvenes, regeneracionistas y capaces de sacar a Andalucía de la pobreza y la corrupción. Ambos obtuvieron muy buenos resultados, que les permiten entrar en el parlamento andaluz, desarbolar a sus competidores más directos (Izquierda Unida y UPyD) y arañar parte del pastel del bipartidismo. Han ganado posiciones pero se mantienen como fuerzas de oposición, no como alternativas de gobierno.

¿Y ahora, qué? ¿Se pueden extrapolar estos resultados para las elecciones municipales, autonómicas y generales de los próximos meses? No se pueden extrapolar, pero sí pueden ayudar a plantear las próximas campañas. Hay lecciones que seguro que han aprendido todos ellos y hay algunas conclusiones en las que coinciden todos los expertos consultados. Ahí van algunas:

1.- Las elecciones de Andalucía confirman la tendencia de las encuestas y consolidan un sistema político de cuatro partidos.

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2.- Las marcas de las fuerzas del bipartidismo están en declive, mientras que las de los emergentes tienen valor electoral.

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3.- Ahora van a coexistir dos partidos convencionales que tienen que regenerarse, con dos “estados de ánimo consolidados” que tienen que estructurarse.

4.- En esta convivencia entre lo viejo y lo nuevo habrá que ver cómo rejuvenecen los viejos y cómo maduran los jóvenes.

5.- En las autonómicas y municipales se pueden plantear estrategias personalistas, pero para ganar las generales hace falta recuperar el prestigio de marca.

La tendencia se consolidó en 2014 con la llegada de Podemos y Ciudadanos

6.- Los pactos postelectorales de las andaluzas, municipales y autonómicas marcarán a las fuerzas políticas en las generales.

7.- La victoria en las elecciones de noviembre la darán los votantes de centro por los que luchan los cuatro partidos en liza.

Los expertos no quieren ni oír hablar de extrapolar los resultados de Andalucía para las generales de noviembre; ni siquiera de las autonómicas y municipales como indicador para las nacionales. Se escudan en microclimas y en que falta mucho tiempo. Sin embargo, no niegan las tendencias que se iniciaron en 2012 y se consolidaron en 2014 con la irrupción de Podemos y Ciudadanos.

“El declive del PP comenzó a finales de 2012”, comentan los expertos de Metroscopia, “y el del PSOE había ocurrido en las elecciones de 2011 y tras una recuperación volvió a caer en otoño del 2014. Muchos de los votantes de ambos grupos se pasaron a la abstención y no es que hubiera un voto oculto, sino un voto huérfano que más tarde ha ido a parar a Podemos y a Ciudadanos”.

Una evolución lógica que los políticos no se han terminado de creer hasta ver los resultados de las elecciones andaluzas. Y aun así, siguen confiando en que los dos partidos emergentes tienen menos recorrido del que dicen las encuestas —la última, publicada por El País el 8 de marzo, predecía un cuádruple empate en las elecciones generales entre Podemos (22,5%), PSOE (20,2), PP (18,6) y Ciudadanos (18,4)— . Un grave error, porque la tendencia al alza de los dos partidos nuevos se confirma mes a mes a pesar de la inconsistencia de Podemos y de la falta de estructura de ambos.

Joan Navarro, vicepresidente de Asuntos Públicos de la consultora Llorente y Cuenca, lo explica así: “El PSOE no debería confiarse por lo que ha ocurrido en Andalucía, aunque sí sacar conclusiones. Han ganado porque la apuesta de Susana por la centralidad ha tenido éxito y esa debería ser la línea de actuación del partido en toda España y no competir con Podemos por la izquierda”. Esta tesis se confirma con el gráfico de perfil ideológico de los votantes de cada partido, que se acumulan entre el 3,5 y el 6,5 (el 5 es el centro-centro) en los electores de las cuatro principales fuerzas políticas. Hasta los votantes de Podemos van creciendo en el centro (como se demostró en Andalucía), desplazando a la derecha a los del PP.

Lo que parece claro es que hoy la situación es muy líquida. El PP y el PSOE han encontrado un suelo sólido pero muy inferior al de hace cinco años; IU y UPyD están en caída libre; y Podemos y Ciudadanos mantienen su ascenso aunque con una enorme volatilidad mes a mes, dependiendo de la actualidad del día. La fuerza de Podemos y de Ciudadanos depende de la debilidad del PSOE y del PP, una vez que han sacado de la partida a IU y UPyD.

Las últimas claves las aportan el mapa y el sistema electoral español. El gráfico muestra que las circunscripciones cuyos representantes se reparten entre solo dos partidos sumaron en las últimas elecciones 145 de los 350 diputados nacionales, a los que hay que sumar otros 69 en provincias con tres fuerzas políticas elegidas. Esa es la clave de bipartidismo contra la que tendrán que luchar Podemos y Ciudadanos si quieren convertirse en alternativas de gobierno o, al menos, en bisagras para la gobernabilidad. La ventaja para PP y PSOE es su fuerte implantación territorial y que sus competidores tienen una presencia esencialmente urbana y una doctrina imprecisa y volátil.

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