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El temor al enfado de las bases impone el silencio en la cúpula del PSOE

Los líderes del partido no apuestan en público por ningún candidato en liza

Los secretarios generales reunidos con Rubalcaba, en Granada en 2013.
Los secretarios generales reunidos con Rubalcaba, en Granada en 2013.

Los días han pasado, la campaña termina hoy, y ningún secretario general del PSOE ha salido a la palestra para decir en público quién de los tres aspirantes a la secretaría general del PSOE es su candidato. Atrás queda ese pronunciamiento casi en bloque de una docena de barones territoriales en favor de que la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, diera un paso al frente. Eso fue el pasado 29 de mayo. Solo callaron Guillermo Fernández Vara, secretario general de Extremadura y el presidente asturiano, Javier Fernández. Ahora callan todos.

Uno a uno se puede decir con quién están aunque resulta una tarea imposible encontrar una declaración pública de alguno de ellos en la que expresen su preferencia por uno de los tres aspirantes: Eduardo Madina, Pedro Sánchez y José Antonio Pérez Tapias. “Las federaciones están divididas y ningún secretario general quiere emitir una opinión contraria a la de sus militantes”, señala un secretario general, buen conocedor de lo que ocurre en su tierra y en el resto de España. Además, la prudencia les impone el silencio porque no solo es relevante la opinión de los máximos secretarios regionales, sino los provinciales y los locales. Basta con que un cuadro medio dijera que apoya a uno de ellos para que parte de los militantes de su agrupación votaran en otro sentido. Esta afirmación la hacen distintos cuadros medios para introducir la clave de la rencilla y disputa local, sin tener en cuenta que se dirime la elección del secretario general del PSOE.

Las previsiones, los augurios, responden a los líderes territoriales que, no obstante, tienen los oídos puestos en lo que dice su federación. Hay cierta coincidencia en afirmar que Pedro Sánchez iría por delante de Madina toda vez que los militantes de Andalucía estarían muy a su favor. Y también Castilla-La Mancha, aunque esta región es un ejemplo de división de voto, como otros, ya que hay provincias en las que Madina iría por delante.

Las diferencias entre barones en relación a los candidatos se miden no solo por la prudencia de no aparecer demasiado escorado, sino por los afectos a los mismos. Algunos que apoyan a Madina señalan que no son antipedro y, por el contrario, los del madrileño no son antimadinistas. Esta situación es aplicable a los máximos líderes territoriales, y no se generaliza en los cuadros medios provinciales y locales, entre quienes no existe tanta neutralidad, al menos, afectiva y de consideración política.

¿Pero se han movido los aparatos a favor de uno u otro? La respuesta general es un sí rotundo, aunque en la mayoría de los casos consultados resaltan que no es nada peyorativo ni de lo que se tengan que arrepentir. “Se trata de hacer campaña”, señalan.

¿Es condenable que los diputados llamen a militantes que conozcan para pedirles el voto para alguno de ellos? Esta pregunta retórica la hacen desde una de las grandes federaciones. Pero sus líderes guardan silencio. “Nadie va a querer ser perdedor en la noche del domingo 13”, explica uno de los barones concernidos.

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