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La caída de UPN y PSN y el alza nacionalista abren Navarra en canal

El crecimiento de EH Bildu complicará la gobernabilidad de la comunidad foral

Yolanda Barcina, presidenta de Navarra, en la comisión de investigación del parlamento foral.
Yolanda Barcina, presidenta de Navarra, en la comisión de investigación del parlamento foral.

Dos líderes quemados —la actual presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, de UPN, y Roberto Jiménez, del PSN-PSOE— y tres décadas de colaboración desgastan a los dos principales partidos de Navarra, a los que los sondeos auguran importantes caídas.

Actualmente UPN cuenta con 19 escaños y el PSN-PSOE con nueve, en un parlamento navarro de 50. Los viejos socios suman 28 escaños, por lo que la pérdida de solo tres dejaría a los dos partidos sin la mayoría que siempre han ostentado en esta comunidad.

Con los regionalistas y socialistas a la baja y los nacionalistas al alza, Navarra está a las puertas de la posibilidad de un vuelco electoral histórico cuyo eje pueden ser esas fuerzas nacionalistas tras las elecciones forales previstas inicialmente para mayo de 2015. Si fuera así, supondría un terremoto político en una comunidad a la que los dos principales partidos nacionales, el PP y el PSE, han considerado estratégica y un valladar contra el nacionalismo vasco, sobre todo el radical.

Pero ese cambio es, por primera vez, posible. Las fuerzas que componen EH Bildu (Bildu y Aralar) suman hoy 13 escaños en la Cámara Foral. Son el segundo grupo de la Cámara navarra aunque siguen actuando separadamente para aprovechar tiempo de intervenciones. Aspiran a todo y cuentan con veteranos abertzales como Patxi Zabaleta, que en 2001 salió de Batasuna por condenar la violencia de ETA, y que vuelven a converger con sus antiguos compañeros, junto a caras nuevas en el mundo político como el actual portavoz de Bildu, Bakartxo Ruiz, de perfil independiente.

Todo se complica en esta comunidad, porque las fuerzas nacionalistas y abertzales mantienen un programa vasquista, con el objetivo último de la unión al País Vasco en lo que llaman Euskal Herria. De ahí la enorme repercusión en la política nacional de los avatares de Navarra.

Los líderes de UPN y PSN son los peor valorados de la comunidad

Geroa Bai, la otra fuerza nacionalista, que une al PNV con independientes agrupados en la plataforma Zabaltzen, con aspiraciones a recoger el voto descontento del PSN, cuenta como principal baza con la buena imagen de Uxue Barkos, diputada en el Congreso y que, junto con Rosa Díez, de UPyD, ofrece la mejor nota a nivel nacional en los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Dispone hoy de dos escaños y está al alza. También está al alza Izquierda Ezkerra, hoy con tres parlamentarios.

Con este panorama se presenta muy difícil la gobernabilidad de Navarra para dentro de un año, salvo que cambien los esquemas en UPN y en PSE-PSOE. Esto es, su actual posición de bloqueo a la participación de EH Bildu en el Gobierno navarro, por su origen de Batasuna y sus sucesivas marcas.

El 31 acaba el plazo legal para que Barcina convoque elecciones

En primer lugar, es probable que UPN y PSE no logren la mayoría de 26 escaños para formar gobierno porque su desgaste es acelerado, según todas las encuestas. En el caso de UPN por la gestión de Yolanda Barcina en minoría, con dos presupuestos forales prorrogados, una administración cuasi paralizada y graves acusaciones de irregularidades.

El pasado jueves, una mayoría votó en el Parlamento autónomo navarro su dimisión, pero no se vio obligada a hacerlo por no tener la votación fuerza vinculante, más allá de la política y simbólica.

Pero, suponiendo que lograran la mayoría, algo muy difícil, el PSN se encontraría con una fuerte oposición en sus bases a repetir pacto con UPN. Ya lo hizo su actual líder, Roberto Jiménez, con Barcina al inicio de la legislatura y antes de la mitad de mandato se rompió el acuerdo.

Los acontecimientos posteriores, como la exigencia de Jiménez a Barcina para que dimita y convoque elecciones anticipadas y el amago de moción de censura tras las acusaciones a su Ejecutivo de irregularidades y desgobierno, no han hecho más que agravar las relaciones entre UPN y PSN.

A Jiménez le ha costado un fuerte desgaste en las bases socialistas navarras no haber materializado la moción de censura por el veto de la Ejecutiva federal del PSOE, que temía la utilización por el PP durante la campaña electoral de las europeas del virtual pacto con Bildu para la moción de censura.

Jiménez y Barcina acudieron a las elecciones de 2011 como las dos novedades de sus partidos y en menos de tres años han sufrido el mayor desgaste imaginable. La encuesta realizada por Gizaker para Diario de Noticias, en julio pasado, los calificaba como los dos líderes con peor nota, con un 2,6 para ambos.

A Jiménez se le responsabiliza ahora, dentro del PSN, de la gestión de la frustrada moción de censura, frenada desde la sede federal de Ferraz.

Barcina, mientras, tras ganar por estrecho margen el congreso de UPN hace justo un año, trata de recuperar la moral al sortear la salida forzosa del Gobierno. Sin embargo, en parte de la formación regionalista cuentan con que ella es un obstáculo para volver a un entendimiento con los socialistas. El expresidente Miguel Sanz apostó, poco antes del veto de la Ejecutiva federal del PSOE a la censura, por ceder al adelanto electoral ante la posibilidad de reconducir la situación. En el actual panorama parece complicado, pese al reiterado ofrecimiento de Barcina, para que vuelvan a un acuerdo estable.

En estas condiciones, una eventual exigencia del PSOE federal al PSN a pactar con UPN, tras las elecciones del próximo año, sería muy probablemente desobedecida por los socialistas navarros.

Para el PSN, lo ideal sería lograr que la suma de sus votos con los de Geroa Bai e Izquierda Ezkerra lograran mayoría, pero resulta imposible con los datos de hoy y muy improbable con lo que apuntan los sondeos. En estas condiciones, es altamente probable que el gobierno que surja en Navarra, tras las próximas elecciones, tenga que contar con EH Bildu, salvo que UPN y PP sumaran mayoría absoluta. Algo muy difícil dado que el PP hoy solo tiene cuatro escaños y UPN 19 con tendencia a la baja. Esta nueva situación obligará a un cambio total de esquemas en una comunidad en la que se había impuesto como norma el veto a Batasuna y hoy a EH Bildu, como sucedió tras las elecciones de 2007 y muy recientemente con la crisis generada en el Gobierno de Barcina.

Contrarrestar la idea de anexión de Navarra y el País Vasco, que cuenta incluso con una cláusula en la Constitución Española, la disposición transitoria cuarta, será una de las tareas tanto para Geroa Bai como para EH Bildu en el año que resta de aquí a las elecciones navarras.

Ambas formaciones tratan de evitar la imagen de una Navarra dependiente de Bilbao o Vitoria que genera rechazo en su propio electorado. Tanto uno como otro partido nacionalista vasco insisten en el navarrismo de sus programas. Es más, aprovecharon el V Centenario en 2012 de la conquista de Navarra para reivindicar ese reino como el “originario Estado vasco”.

Por lo demás, la decisión de Barcina de hacer caso omiso a las peticiones de adelanto electoral, incluidas las que llegan desde su propio partido —como las formuladas por su antecesor, Miguel Sanz—, va a suponer, muy posiblemente, catorce meses añadidos de desgaste a UPN.

Todo apunta a que va a ser así, porque el 31 de este mes culmina el plazo para un hipotético adelanto electoral, ya que la legislación navarra impide adelantar comicios en el último año de legislatura. Y Barcina dejó claro el jueves que no dimitirá.