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“Después del accidente de tráfico te sientes muy solo, impotente e inútil”

La Fundación Mapfre y Stop Accidentes publican un estudio sobre el día después de un siniestro

Las víctimas reclaman más coordinación entre las instituciones y sanciones más duras

Mateo Mas sufrió un accidente de moto.

Consuelo García conducía su coche por la carretera de Castilla, cuando, de repente, un vehículo que circulaba por el carril contrario se salió en una curva, chocó contra el muro de separación de los carriles, lo sobrepasó y le cayó encima. “Yo no recuerdo nada”, asegura, 14 años después del siniestro. Despertó tres días más tarde, con una tetraplejia que tan solo le permite un leve movimiento en los brazos. “Después del accidente te sientes muy solo, un poco impotente e inútil”, relata.

Las víctimas de accidentes de tráfico que sufren graves consecuencias y sus familias “viven una carrera de obstáculos” tras el siniestro, según el estudio El día después de los accidentes de tráfico: perspectiva de las víctimas que hoy ha publicado la Fundación Mapfre con la colaboración de Stop Accidentes.

Según la investigación, en la que han participado cerca de 160 víctimas, a excepción del momento del accidente, “existe escasa coordinación entre las diferentes instituciones, lo que les obliga a dirigirse de forma individual a cada una de ellas”. Además, las víctimas o sus familiares deben realizar “un gran número de gestiones burocráticas, como solicitud de certificados, permisos o documentos” para recibir la atención que precisan. Y esos trámites deben ser realizados generalmente en “circunstancias siempre difíciles emocionalmente para los familiares de los afectados”.

Consuelo pasó diez meses en el Hospital Nacional de Parapléjicos, en Toledo, recuperándose de las heridas que le provocó el accidente. “Tienes que hacer muchos trámites, como pedir la valoración de la incapacidad o la baja del Insalud”, recuerda. Fue su marido quien tuvo que ocuparse de los papeleos. “Al principio no te dan una baja definitiva, y te hacen esperar y esperar, a pesar de que sabes que la tetraplejia es completa, porque los médicos ya te lo han confirmado”, cuenta Consuelo, que aun así se considera afortunada, porque el hospital estaba cerca de Madrid, donde se encontraba su residencia, y su esposo podía ir cada día a ayudarla. Otras personas “se sentían muy solas”.

Mateo Mas también recuerda el hastío de la burocracia tras su siniestro. El joven, de 34 años, sufrió un accidente en moto, en la Glorieta Carlos V de Madrid, como consecuencia del charco que provocó la fuga de agua de un camión de limpieza del Ayuntamiento de Madrid. Según Mateo, “eres tú el que te tienes que enterar de todo, el que tienes que ir preguntando a todo el mundo, o el que te tienes que preocupar de conseguir el parte que emite la policía”.

A pesar de ello, reconoce la eficacia del equipo de Samur que le atendió. “Si no hubiera sido por ellos me hubieran cortado la pierna izquierda”, agradece. Mateo chocó con varios bolardos que le seccionaron la arteria femoral y le destrozaron el fémur y la tibia. Pero también se siente afortunado: después de 16 operaciones y cuatro años de rehabilitación hace una vida “completamente normal”.

El estudio de la Fundación Mapfre propone “planes de formación para que las relaciones con las víctimas sean más humanas”. Recomienda, además, establecer una red de coordinación entre todos los agentes implicados y la creación de la figura de un mediador que se encargue de realizar todas las gestiones burocráticas.

En cuanto a los servicios médicos, las víctimas coinciden en la importancia de aumentar la rehabilitación en la sanidad pública, que esta comience de manera inmediata y que se aumente las ayudas a las familias para disminuir el gasto. También piden a los Cuerpos de Seguridad que eviten el trato rutinario y mejoren sus capacidades técnicas y humanas en la elaboración de los atestados.

Según el estudio, las víctimas de accidentes reclaman sanciones que sirvan para la reparación moral y el reconocimiento social ya que, a su juicio, en ocasiones no son suficientes. Por su parte, las aseguradoras deberían garantizar a las víctimas una atención personalizada e integral, que no se limite a cuantificar el daño y pagar.